Hace unas semanas hablaba de la inadecuación de las camisetas del Fútbol Club Barcelona a la tradición heráldica y de la contradicción de contraste entre el “blau” y el “grana”. Puse como ejemplo de coherencia visual a los arlequinados del Sabadell. Hoy intentaré ir un poco más allá e introducir nuevos elementos para despistar al personal.
Haciendo memoria (visual), el arlequín, en deporte, te remite a los jockeys –no los que ponen discos sino los que cabalgan en los hipódromos–, esos seres menudos e ingrávidos que conducen animales velocísimos marcados con un número alejado de la vista del espectador que ha apostado por uno de ellos. El jinete, en la tradición hípica, viste una camiseta de manga larga, arlequinada, cruzada o en bies, o también a rayas horizontales o verticales, contrastadas. Basta ver un vídeo del Palio de Siena, de origen medieval, donde en un principio corrían caballos solos, para apreciar có los colores de la vestimenta y de los estandartes de cada caballero le identifican respecto a sus competidores: cada equipo está formado por dos, uno con cuatro patas y el otro con dos. Mientras que en el buzkashi uzbeko y afgano (que empezó siendo una especie de polo jugado con las cabezas envueltas en trapos de los enemigos recién decapitados) los jinetes no se diferencian, sino que se reconocen entre ellos sin más. Publicado en Visual 155
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