Archive for the ‘Editorial’ Category

El Cristo de Borja y la cultura de la chapuza

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Todos hemos seguido en agosto el culebrón del Cristo de Borja, al que los medios han dedicado con profusión páginas y minutos. No está claro que el tema dé para tanto. La obra intervenida –no cabe hablar de retoque ni restauración– no tiene valor desde el punto de vista artístico ni de patrimonio.
Pasada la euforia, hechas ya todas las versiones y chanzas, cabe analizar la anécdota como síntoma del fenómeno. ¿Por qué se convierte en hecho relevante –trending topic, como hay que llamarlo ahora–? El elemento diferencial radica no tanto en la valoración que pueda merecer la obra resultante, como en la desaparición de la obra preexistente. El discreto Ecce Homo no deja de ser una pintura del siglo XIX, lo que le presupone un valor histórico, a lo que hay que añadir un valor subjetivo –devoción, lo llaman– para algunos habitantes de Borja. Publicado el Visual 158

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Categoría de Branding y Diseño en El Sol. Reparto de premios

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El Festival de Publicidad de San Sebastián que se celebró en Bilbao incorporaba en esta edición una nueva categoría de Branding y Diseño. El jurado estuvo formado por Víctor Mirabet (consejero delegado de Coleman CBX Branding); Carles Graell (director creativo ejecutivo de CB’a Graell, Grupo Ogilvy); Jacobo Benbunan (fundador y consejero delegado de Saffron Brand Consultants), y Pau Dueñas (managing partner en Morillas).
El perfil de los jurados será para muchos una declaración de principios. No es criticable en sí, simplemente se orienta con ello los criterios, el “espíritu” de la convocatoria. Publicado en Visual 175

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Suma y sigue

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La agencia Leo Burnett Iberia ofrece como soporte publicitario a través de ebay un código QR que se ha tatuado en el brazo uno de sus creativos. Tras la subasta, la puja ganadora es de 260 euros. Se nos ocurre dónde podría tatuárselo el dueño de esa compañía.

Telepizza, con más de mil tiendas y una facturación de 503 millones de euros en 2010, convoca a través de una web de crowdsourcing un concurso para su nuevo logotipo. La remuneración es de 1.000 euros. Decenas de diseñadores contestan participando con diseños de protesta, lo que obliga a cerrar la galería de proyectos presentados, trasladándose a Facebook la indignación de los profesionales, que continúan allí “colgándolos”. Cuesta creer que realmente buscara Telepizza una solución a su identidad, más parece que se tratara de una campaña de ruido en internet, o simplemente realizar una labor de documentación a costa del voluntarismo ingenuo de amateurs y grafistas de perfil bajo. Pero evidentemente el resultado para la compañía ha sido un deterioro de imagen considerable. Publicado en Visual 156

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Esponsorizar la crisis

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A casi nadie ha pasado inadvertida la campaña de estosololoarreglamosentretodos.org. Y la primera reacción es positiva, parece bien que mucha gente se ponga de acuerdo para tratar de aunar esfuerzos y transmitir energía positiva, contra la crisis o contra lo que sea.
En cualquier caso, no hay que rascar mucho para darse cuenta de que no todo es tan inocente como nos lo pintan. Aun a riesgo de que se nos acuse de poner palos en no se sabe bien qué ruedas, analicemos qué se publicita, y sobre todo, quién lo publicita.
Las campañas de espíritu patriótico –y ésta lo es– pertenecen a un género propio de los sistemas totalitarios y democracias en desarrollo. Aquí ya tuvimos las nuestras en las épocas de la dictadura, y salimos vacunados. Acaso no esté perdiendo fuerza esa inmunidad. Publicado en Visual 143

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Nuevas vías

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Hasta ahora muchos coincidían en que la mayor trasformación en esta profesión se dio cuando se incorporaron los ordenadores personales como herramienta en el diseño gráfico. Sin embargo, lo que estamos viendo en los cuatro últimos años puede hacer tambalear ese convencimiento.
Nunca hasta ahora se había producido tal desequilibrio entre la oferta –centenares de jóvenes cada año tratan de incorporarse al mercado– y la demanda de profesionales. Algunas especializaciones están desapareciendo, simplemente no existen encargos o se han reducido tanto que sólo unos pocos con un sólido posicionamiento pueden aspirar a ellos… ¿Cuántas identidades visuales de grandes compañías o instituciones se están haciendo? ¿Y diseños de nuevas publicaciones periódicas o rediseños de las existentes? Son sólo dos ejemplos, pero podríamos mencionar unos cuantos más.
En cambio, las empresas apuestan cada vez más por acciones inmediatas de comunicación, efímeras en el tiempo, buscando resultados a muy corto plazo: promociones, acciones en las redes sociales e internet, etc. Se trabaja mucho para el producto y poco para la marca. Publicado en Visual 152

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De por qué los concursos de diseño son un mal negocio para los que se presentan, y muy bueno para quienes los convocan

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Podrían coleccionarse los argumentos para defender los concursos de diseño: que si son una gran oportunidad para los estudiantes y los diseñadores más jóvenes, que si la dotación (en ocasiones) es mayor que lo que se pagaría a un diseñador si se tratara de un encargo…
Los concursos son un negocio solo para el que los convoca, a partir del trabajo gratis de los que participan. Las expectativas de ganar son absurdas. A la simple estadística hay que añadir que los jurados son una caja de sorpresas que se rige por argumentos subjetivos, cuando no directamente peregrinos, y en los que las variables –los intereses del pagano, la estulticia de algún miembro del jurado que distorsiona la opinión del resto…– pueden llevar el resultado a lugares sorprendentes.

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¿Cuándo perdimos el norte?

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  1. Cuando la cosa está cuesta arriba debiéramos ser especialmente cuidadosos en la imagen que de nuestra actividad proyectamos. En momentos de bonanza los deslices se enjuagan mejor, y duelen menos.
  2. Hace poco supimos de una iniciativa loable según la cual, bajo el denominativo de “¡Publicidad, sí!” asociaciones vinculadas a los medios, las agencias de publicidad, los anunciantes, prometían establecer un frente común para la defensa y puesta en valor de la publicidad como actividad. Debiera ser una buena noticia.
  3. Nos llega ahora que la primera iniciativa visible consiste en una campaña de defensa y promoción del sector hortofrutícola. Bien está aunque chirría que los implicados vayan a tener que trabajar gratis. Ni los agricultores son Cáritas ni el Ministerio de Medio Ambiente es la UNICEF.
  4. Asistimos a la rueda de prensa, con puesta en escena inmejorable: el presidente de la Asociación de Agencias, el del Club de Creativos, y la ministra como maestra de ceremonias. La primera incomodidad surge cuando se nos comunica que ni los medios, ni las agencias de publicidad van a cobrar por sus inserciones ni por su trabajo. La creatividad también será gratis, por cuenta del cdec. En estas, alguien pregunta a la ministra cuanto aporta el ministerio en todo esto. Nada. El ministerio ofrece su colaboración, sin que se defina en qué consiste esa colaboración, pero no aporta cantidad alguna. Esto es como que te inviten a cenar al mejor restaurante y pretendas que además te den las gracias por asistir.
  5. El precedente es terrible. A nadie escapa que sobre la mesa del Ministerio tenía que estar la puesta en marcha de una campaña para contrarrestar el efecto que la sospecha lanzada desde Europa pueda haber tenido sobre el consumo de los productos implicados. Una campaña que en buena lógica hubiera salido a concurso, la hubiera realizado una agencia de publicidad, la hubieran pensado sus creativos, y se hubiera traducido en inserciones publicitarias en los medios. Quienes deberían defenderles a unos y a otros, sus asociaciones, en realidad les han levantado el cliente y además han ofrecido gratis lo que ellos, como no puede ser de otro modo, cobran. La situación va mucho más allá del dumping o la competencia desleal, roza la prevaricación.
  6. Los cultivadores de productos hortícolas merecen el mayor respeto. Pero no nos equivoquemos, son un sector productivo próspero y no exento de ayudas, nos referimos a que no son ni cooperantes en misiones arriesgadas ni monjas de la caridad que regenten comedores sociales. Pero incluso ellos, sin saberlo, son los damnificados. La graciosa generosidad de las asociaciones sectoriales ha resultado en una campaña de perfil bajo –sin duda, no ha de pasar a los anales de la creatividad– con una planificación sin más estrategia que el “allá donde sea gratis”, a la que hay que preverle una eficacia cuando menos dudosa. Pero su existencia puede ser la coartada para que la otra campaña, la que debiera haber puesto en marcha con todos los controles y garantías el ministerio, se eluda.
  7. Nadie sale ganando. Tampoco el Club de Creativos saldrá bien parado de esta: inmerso en los últimos años en una crisis de identidad con sus socios y quienes no lo son, parecía que empezaba a abrirse una nueva vía por la que avanzar. La reciente celebración del Día A, en la que una élite definida son los invitados –los de siempre– mientras la tropa se ha quedado fuera un año más, a la que hay que sumar ahora esta novedosa forma de defender a los socios –regalando su trabajo–, puede hacer tambalear el entusiasmo con que se recibió hace unos meses la llegada de una nueva junta directiva sin estrellas y con un programa de renovación.
  8. Las agencias y creativos saben que tienen ahora un nuevo agente en el mercado dispuesto a regalar su trabajo. Hoy son los agricultores, pero ¿harán lo mismo si la DGT viene a pedirles que hagan gratis también sus campañas? Porque, al fin y al cabo, estaría mucho más justificado: entre una campaña para vender pepinos y una para salvar vidas… ß
  9. Cuando la cosa está cuesta arriba debiéramos ser especialmente cuidadosos en la imagen que de nuestra actividad proyectamos. En momentos de bonanza los deslices se enjuagan mejor, y duelen menos.
  10. Hace poco supimos de una iniciativa loable según la cual, bajo el denominativo de “¡Publicidad, sí!” asociaciones vinculadas a los medios, las agencias de publicidad, los anunciantes, prometían establecer un frente común para la defensa y puesta en valor de la publicidad como actividad. Debiera ser una buena noticia.
  11. Nos llega ahora que la primera iniciativa visible consiste en una campaña de defensa y promoción del sector hortofrutícola. Bien está aunque chirría que los implicados vayan a tener que trabajar gratis. Ni los agricultores son Cáritas ni el Ministerio de Medio Ambiente es la UNICEF.
  12. Asistimos a la rueda de prensa, con puesta en escena inmejorable: el presidente de la Asociación de Agencias, el del Club de Creativos, y la ministra como maestra de ceremonias. La primera incomodidad surge cuando se nos comunica que ni los medios, ni las agencias de publicidad van a cobrar por sus inserciones ni por su trabajo. La creatividad también será gratis, por cuenta del cdec. En estas, alguien pregunta a la ministra cuanto aporta el ministerio en todo esto. Nada. El ministerio ofrece su colaboración, sin que se defina en qué consiste esa colaboración, pero no aporta cantidad alguna. Esto es como que te inviten a cenar al mejor restaurante y pretendas que además te den las gracias por asistir.
  13. El precedente es terrible. A nadie escapa que sobre la mesa del Ministerio tenía que estar la puesta en marcha de una campaña para contrarrestar el efecto que la sospecha lanzada desde Europa pueda haber tenido sobre el consumo de los productos implicados. Una campaña que en buena lógica hubiera salido a concurso, la hubiera realizado una agencia de publicidad, la hubieran pensado sus creativos, y se hubiera traducido en inserciones publicitarias en los medios. Quienes deberían defenderles a unos y a otros, sus asociaciones, en realidad les han levantado el cliente y además han ofrecido gratis lo que ellos, como no puede ser de otro modo, cobran. La situación va mucho más allá del dumping o la competencia desleal, roza la prevaricación.
  14. Los cultivadores de productos hortícolas merecen el mayor respeto. Pero no nos equivoquemos, son un sector productivo próspero y no exento de ayudas, nos referimos a que no son ni cooperantes en misiones arriesgadas ni monjas de la caridad que regenten comedores sociales. Pero incluso ellos, sin saberlo, son los damnificados. La graciosa generosidad de las asociaciones sectoriales ha resultado en una campaña de perfil bajo –sin duda, no ha de pasar a los anales de la creatividad– con una planificación sin más estrategia que el “allá donde sea gratis”, a la que hay que preverle una eficacia cuando menos dudosa. Pero su existencia puede ser la coartada para que la otra campaña, la que debiera haber puesto en marcha con todos los controles y garantías el ministerio, se eluda.
  15. Nadie sale ganando. Tampoco el Club de Creativos saldrá bien parado de esta: inmerso en los últimos años en una crisis de identidad con sus socios y quienes no lo son, parecía que empezaba a abrirse una nueva vía por la que avanzar. La reciente celebración del Día A, en la que una élite definida son los invitados –los de siempre– mientras la tropa se ha quedado fuera un año más, a la que hay que sumar ahora esta novedosa forma de defender a los socios –regalando su trabajo–, puede hacer tambalear el entusiasmo con que se recibió hace unos meses la llegada de una nueva junta directiva sin estrellas y con un programa de renovación.

Las agencias y creativos saben que tienen ahora un nuevo agente en el mercado dispuesto a regalar su trabajo. Hoy son los agricultores, pero ¿harán lo mismo si la DGT viene a pedirles que hagan gratis también sus campañas? Porque, al fin y al cabo, estaría mucho más justificado: entre una campaña para vender pepinos y una para salvar vidas… (Publicado en Visual 151)Cuando la cosa está cuesta arriba debiéramos ser especialmente cuidadosos en la imagen que de nuestra actividad proyectamos. En momentos de bonanza los deslices se enjuagan mejor, y duelen menos.

Hace poco supimos de una iniciativa loable según la cual, bajo el denominativo de “¡Publicidad, sí!” asociaciones vinculadas a los medios, las agencias de publicidad, los anunciantes, prometían establecer un frente común para la defensa y puesta en valor de la publicidad como actividad. Debiera ser una buena noticia.
Nos llega ahora que la primera iniciativa visible consiste en una campaña de defensa y promoción del sector hortofrutícola. Bien está aunque chirría que los implicados vayan a tener que trabajar gratis. Ni los agricultores son Cáritas ni el Ministerio de Medio Ambiente es la UNICEF.
Asistimos a la rueda de prensa, con puesta en escena inmejorable: el presidente de la Asociación de Agencias, el del Club de Creativos, y la ministra como maestra de ceremonias. La primera incomodidad surge cuando se nos comunica que ni los medios, ni las agencias de publicidad van a cobrar por sus inserciones ni por su trabajo. La creatividad también será gratis, por cuenta del cdec. En estas, alguien pregunta a la ministra cuanto aporta el ministerio en todo esto. Nada. El ministerio ofrece su colaboración, sin que se defina en qué consiste esa colaboración, pero no aporta cantidad alguna. Esto es como que te inviten a cenar al mejor restaurante y pretendas que además te den las gracias por asistir.
El precedente es terrible. A nadie escapa que sobre la mesa del Ministerio tenía que estar la puesta en marcha de una campaña para contrarrestar el efecto que la sospecha lanzada desde Europa pueda haber tenido sobre el consumo de los productos implicados. Una campaña que en buena lógica hubiera salido a concurso, la hubiera realizado una agencia de publicidad, la hubieran pensado sus creativos, y se hubiera traducido en inserciones publicitarias en los medios. Quienes deberían defenderles a unos y a otros, sus asociaciones, en realidad les han levantado el cliente y además han ofrecido gratis lo que ellos, como no puede ser de otro modo, cobran. La situación va mucho más allá del dumping o la competencia desleal, roza la prevaricación.
Los cultivadores de productos hortícolas merecen el mayor respeto. Pero no nos equivoquemos, son un sector productivo próspero y no exento de ayudas, nos referimos a que no son ni cooperantes en misiones arriesgadas ni monjas de la caridad que regenten comedores sociales. Pero incluso ellos, sin saberlo, son los damnificados. La graciosa generosidad de las asociaciones sectoriales ha resultado en una campaña de perfil bajo –sin duda, no ha de pasar a los anales de la creatividad– con una planificación sin más estrategia que el “allá donde sea gratis”, a la que hay que preverle una eficacia cuando menos dudosa. Pero su existencia puede ser la coartada para que la otra campaña, la que debiera haber puesto en marcha con todos los controles y garantías el ministerio, se eluda.
Nadie sale ganando. Tampoco el Club de Creativos saldrá bien parado de esta: inmerso en los últimos años en una crisis de identidad con sus socios y quienes no lo son, parecía que empezaba a abrirse una nueva vía por la que avanzar. La reciente celebración del Día A, en la que una élite definida son los invitados –los de siempre– mientras la tropa se ha quedado fuera un año más, a la que hay que sumar ahora esta novedosa forma de defender a los socios –regalando su trabajo–, puede hacer tambalear el entusiasmo con que se recibió hace unos meses la llegada de una nueva junta directiva sin estrellas y con un programa de renovación.
Las agencias y creativos saben que tienen ahora un nuevo agente en el mercado dispuesto a regalar su trabajo. Hoy son los agricultores, pero ¿harán lo mismo si la DGT viene a pedirles que hagan gratis también sus campañas? Porque, al fin y al cabo, estaría mucho más justificado: entre una campaña para vender pepinos y una para salvar vidas… ß
Cuando la cosa está cuesta arriba debiéramos ser especialmente cuidadosos en la imagen que de nuestra actividad proyectamos. En momentos de bonanza los deslices se enjuagan mejor, y duelen menos.
Hace poco supimos de una iniciativa loable según la cual, bajo el denominativo de “¡Publicidad, sí!” asociaciones vinculadas a los medios, las agencias de publicidad, los anunciantes, prometían establecer un frente común para la defensa y puesta en valor de la publicidad como actividad. Debiera ser una buena noticia. Publicado en Visual 151

Diseño proyectable

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Es muy posible que en unos pocos años se haya deteriorado tanto la presencia del diseño de nuestro país en el exterior que no sea recuperable la identidad que lo ha caracterizado siempre. Mucho sentido no tenía fragmentar su promoción en pequeños Centros de Promoción autonómicos. Puede valer para la economía doméstica, pero ni el diseño aragonés, ni el riojano, ni el andaluz ni el madrileño tienen ni tendrán nunca identidad y reconocimiento en el mundo.
Como no lo tiene el diseño normando, el galés, el de Arkansas, o el toscano. Se cometió ese error y desgraciadamente los esfuerzos hechos durante las últimas décadas se diluyen como un azucarillo una y otra vez al salir de nuestras fornteras.

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El diseño imprescindible

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No nos ocupa a nosotros entrar en el análisis de la situación de la economía, ni siquiera de refilón. Pero quizá, en lo que afecta a la actividad del diseño, sí nos toca proponer alguna reflexión.
Conviene realizar un análisis de lo que ha sido la actitud de los organismos públicos responsables en los últimos quince años. En lo que hoy se nos demuestra como un error estratégico –nos hemos hartado de decirlo en todo este tiempo– el diseño ha sido entendido por el ministerio, el que tocara en cada momento, como un elemento al servicio de las políticas de promoción de las pequeñas y medianas empresas. Este modelo ha sido seguido en mayor o menor medida por los equivalentes en las distintas autonomías, a excepción hecha de Cataluña, donde la promoción del diseño guarda un equilibrio compartido entre “cultura” e “industria”. Publicado en Visual 144

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No es coyuntural

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La crisis de la publicidad no tiene mucho que ver ni con los bancos ni con el ladrillo. Estaba ahí mucho tiempo antes, cuando un sector incapaz de afrontar un panorama nuevo se aferraba –se sigue aferrando– a maneras de hacer inoperantes, primando un status establecido sobre la realidad de mercado.
La del diseño es, si cabe, más lamentable, porque se fundamenta en un axioma erróneo consistente en una ecuación perversa, la de que a la inversión en diseño hay que exigirle retorno inmediato en las ventas y la cuenta de resultados. Un argumento que han manejado y manejan centros de diseño, organismos de promoción, asociaciones –sí, también las asociaciones profesionales tienen su parte de culpa–. La consecuencia de ello la tenemos en un sector atomizado, frágil, incapaz para las estrategias y el medio plazo, que sigue anclado en una parte importante a la anécdota, al elemento puntual: hoy diseñamos un libro, mañana un envase o una identidad. Hemos procurado trasladar la conveniencia de una concepción horizontal del papel del diseño en las empresas y organizaciones, sin preocuparnos de que para ello iban a ser necesarias unas estructuras capaces de recorrer ese eje transversal con conocimiento, agilidad y capacidad de dar respuestas.
Cuando ahora se tambalean las pequeñas estructuras de los gobiernos central y autonómicos destinadas a la promoción del diseño, se hace patente que la política que se ha venido haciendo era tactista y miope, y no ha dejado nada aprovechable. Publicado en Visual 146

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