MAGAZINE DE DISEÑO, CREATIVIDAD GRÁFICA Y COMUNICACIÓN

Ahora que se acabó el dinero… llegó el momento de pensar.


A lo largo de mi carrera como profesora he visto como, al llegar esta época del año, los estudiantes de último curso sienten una gran ansiedad por cuál será el siguiente paso. De la Universidad uno nunca quiere irse pero tampoco quedarse. No queremos marchar porque el entorno universitario es un espacio acogedor dónde se alimentan los intereses creativos e intelectuales. Un lugar donde se idealizan los sueños profesionales, donde compañeros y profesores los alimentan de posibilidades. Pero no queremos quedarnos porque ya nos sentimos preparados para aportar nuestra visión al mundo profesional y queremos contribuir al mercado laboral con nuestro conocimiento recién adquirido. Publicado en Visual 164


Lo malo es que la red empresarial tiene una estructura tradicional no demasiado interesada en valorar correctamente a los recién licenciados y muchos talentos increíbles que he visto entre mis alumnos pasan sus primeros años, –los más creativos– en puestos precarios donde van perdiendo la motivación y el entusiasmo que les caracterizó como estudiantes.
En este artículo trataré de argumentar porqué es tan complejo encontrar un buen primer empleo y que pueden hacer ambas partes –empresa y recién graduado– para cambiar la situación.

La experiencia no lo es todo

Si observamos las ofertas de empleo, la experiencia sigue siendo el criterio más relevante en la selección de personal. De hecho, la experiencia no tiene por qué ser un valor positivo. Hoy las empresas necesitan sobre todo integrar al equipo gente que aporte nuevas visiones, tenga o no tenga experiencia. Y en ese sentido la empresa no puede olvidar que la Universidad forma a sus estudiantes con las ideas, herramientas y metodologías más actuales. Por tanto, un recién graduado trae consigo un montón de información actualizada que puede ser muy beneficiosa para todo el equipo.
Evidentemente el recién graduado tendrá muchas carencias de oficio. Pero trae consigo curiosidad, y entusiasmo. Dos valores muy apreciados en los emprendedores. Veamos con detalle porqué también son importantes estos valores por encima de la experiencia.
El primero y más importante es la curiosidad. Los niños lo aprenden todo observando y el sector educativo sienta las bases del aprendizaje en la curiosidad innata. Un recién llegado a la profesión se aferrará a la curiosidad por todas las cuestiones que atañen al desarrollo del trabajo: los procesos, las personas que integran los equipos, los objetivos comunes, la filosofía que motiva las decisiones… A la empresa, tener un empleado curioso que observa y hace preguntas le obligará a reflexionar sobre su estructura y ver aquellos aspectos que podrían ser importantes para avanzar. No podemos olvidarnos que han de hacerse preguntas para encontrar respuestas.
Y el segundo es el entusiasmo. El recién llegado aporta entusiasmo en prácticamente cada una de las pequeñas tareas que le sean asignadas. Sobretodo mostrará entusiasmo por demostrar lo que ha aprendido y por aprender de cada una de las dificultades con las que se encuentre. Para la empresa, el entusiasmo es beneficioso porque se contagia. La empresa sabe que no hay nada mejor para prosperar que tener un equipo motivado, sin miedo a equivocarse y dispuesto a aprender de sus errores.

No sólo se trata de ti

También es cierto que muchas empresas se encuentran con dificultades a la hora de encontrar talento, incluso algunas de ellas están considerando dedicarse a la formación de sus futuros empleados de forma independiente. Pero el problema no es que no haya talento en las universidades o que los docentes no estemos formando adecuadamente a esos talentos. El problema muchas veces está más relacionado con las expectativas que tienen los estudiantes del mercado laboral.
La mayoría de los recién graduados que he conocido no sienten demasiado interés por integrarse en una empresa. Prefieren emprender carreras como profesionales independientes y suelen montar su propio estudio nada más terminar, no siempre con éxito. Mi consejo para ellos es que hay muchas más oportunidades de trabajar en proyectos y clientes que supongan verdaderos retos profesionales si formas parte de un equipo que si vas por libre. Eso es así.
Por otro lado entre los estudiantes también existe una idea generalizada de considerar a la empresa como un ente malvado que le menospreciará y se llevará el mérito de lo que haga. Esa es una mirada muy poco realista de la productividad de nuestro siglo. En España, el 92% de las empresas son pymes con menos de nueve empleados, y no tiene ningún sentido considerar a la empresa como una entidad anónima. Las empresas son personas, con nombre y apellido que aportan fuerza de trabajo en cada una de sus especialidades. Unos serán los que den la cara ante el cliente, y otros los que ejecutarán la producción. No importa quién se lleve la fama. Lo que importa realmente es construir una relación laboral donde el día a día esté lleno de reconocimiento del esfuerzo del otro, haciendo que la suma de cada individuo dé como resultado un todo mucho más potente capaz de pagar los sueldos. En una relación empleado-empresa debe haber empatía y ganas de multiplicar. Si no, no funciona.
Finalmente cuando uno busca su primer empleo debe también asumir que se incorpora a un equipo desde la posición más baja en la jerarquía. Algo nada fácil de soportar para los egos con talento pero que tiene sus ventajas. Por un lado es la oportunidad de ver si ese es el sector en el que verdaderamente quieres trabajar, por otro es el lugar perfecto para detectar cuáles son las habilidades en las que profundizar para llegar a ser un profesional experto.
El primer empleo es el pistoletazo de salida para una nueva etapa en la vida. Una etapa que traerá consigo nuevas amistades y nuevos retos que superar. Lo mejor de vivir. Texto: Rosa LLop

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