MAGAZINE DE DISEÑO, CREATIVIDAD GRÁFICA Y COMUNICACIÓN

Banderas Asafo


El verano pasado viajé a Ghana con mi compañero para conocer las banderas Asafo en su contexto y tener
la oportunidad de desplazarnos hasta las comunidades que las protegen. Hay que considerar que el material
que hay accesible para el análisis es por lo general fruto de un normalizado secuestro del patrimonio cultural, pues la mayor parte de estas banderas están situadas en colecciones privadas entre Europa y EEUU.
Nos enseñaron algunas, celebramos su historia oral con nueces de cola y me puse bajo sospecha escribiendo
este texto. Sobre todo para situarme a observar en silencio. Sin raptos. Como un cuerpo desplazado que quiere acercarse a conocer un poco mejor las banderas Asafo.

banderas

Antes de nada, permítaseme enunciar algo que puede parecer una obviedad. La provocación es una cualidad altamente recomendable para el laboratorio del pensamiento gráfico. Y Ghana es un territorio bien armado de instrumentos al servicio de ésta, además de ser poseedora de una cultura visual tan amplia como exuberante. Conjeturo que algunos de vosotros conoceréis la edad de oro del cartel publicitario ghanés de los años 80 y 90. Sin un acceso asequible a la impresión de cartelería de las películas de importación debido a la ausencia de rotativas e imprentas offset, el póster pintado a mano fue el vehículo de publicitación más lógico para así conseguir captar al mayor público que fuese posible. Sólo hacían falta telas de sacos de harina reensamblados como soporte pictórico y ponerse a rediseñar los carteles oficiales que pudiesen vestir sus cineclubs móviles, un evento itinerante que llegaba a las aldeas carentes de electricidad sobre camionetas cargadas de VHS, pantallas y generadores de gasolina para ponerlos en marcha. Durante casi dos décadas, muchos artesanos de la imagen se dedicaron a interpretar libremente los contenidos de las películas junto a otros inventados de lo más variopinto, dando lugar a un explosivo movimiento gráfico. Para convenceros y sin adentrarnos en las otras muchas prácticas de la rica cultura popular ghanesa como la música Highlife, el famoso artesanado funerario especializado en la creación de ataúdes de fantasía, las mujeres de Sirigu y sus casas pintadas o la sofisticada rotulación dibujada a mano que rebosa por las calles y comercios. La historia que quiero presentar es la de un territorio que convirtió el soporte de una bandera en algo más que en un emblema o en un símbolo de pertenencia. Es la historia de las banderas Asafo, una portentosa relación simbiótica entre comunicación visual, ceremonia y provocación, y uno de los ejemplos más hermosos que ha dado la historia visual de África subsahariana.
Las banderas Asafo se articulan desde la defensa del patrimonio militar, político y cultural propio y han llegado a imponerse como poderosos manifiestos de orgullo para narrar eventos históricos y de sabiduría proverbial, o para enviar mensajes de desafío a los enemigos, dando lugar a otro movimiento gráfico extraordinariamente vital y emocionante, mucho más antiguo que los anteriormente citados. Estos artefactos suelen adornar ciudades y poblaciones rurales en festivales y funerales, mostrándose de muchas maneras entre la excitación, la danza, el ritual y la alegoría. Las banderas de las que hablamos son representaciones visuales pertenecientes a pequeñas milicias locales conocidas como Asafo Companies. Su rol supone la defensa del Estado, el ejercicio político y la protección de la vida de los Fante en la cultura Akan, comunidades que habitan la franja costera y central de Ghana, territorio que fue testigo de las primeras incursiones del “Oburoni” (del Twi, hombre blanco) al suroeste del Sáhara. Recordemos un poco su contexto para comprender la significancia de estas banderas. Ghana, antigua colonia británica, independizada desde 1957 y empujada por el movimiento de emancipación liderado por personajes bien conocidos como Kwame Nkrumah, comparte fronteras múltiples con Costa de Marfil, Togo, Burkina Faso y el Golfo de Guinea. Si bien es cierto que la vida de los guerreros Akan es mucho anterior a la llegada de los colonos europeos, de la toma de contacto con éstos surgió una producción desbordante de banderas en la región de Elmina y Cape Coast, emergiendo con fuerza desde principios del siglo XVIII hasta hoy. La historia de esta región está llena de complejidades y es un lugar sensible al dolor del panafricanismo. Las delicias de la brutal ocupación colonial contienen innumerables entradas y salidas de portugueses, holandeses, franceses, suecos, daneses y británicos, que dieron lugar a asentamientos para pegarse el fiestón del comercio de oro, marfil y esclavos, en una cadena de edificaciones, fuertes y castillos elevados durante más de tres siglos y medio. En este contexto, los Fante se vieron forzados a crear alianzas estratégicas con la expansión colonialista para hacerse con el control del territorio y sofocar el dominio del Imperio Ashanti, a su vez un peligroso opositor de éstos y proveedor de oro y esclavos para los comerciantes europeos en la costa.
La extensa exposición a esos extraños colonizadores fue crucial para que las compañías Asafo absorbieran determinados elementos en sus organizaciones, en una especie de proceso de asimilación cultural, fascinados por la provocativa agresividad de los escudos, armas o banderas nacionales que pavoneaban. El cruce de culturas produjo un insólito estallido apropiacionista que supuso la extracción y libre interpretación de todo tipo de herramientas estratégicas y heráldicas para la nueva identidad de las milicias: banderas, uniformes, edificaciones, pancartas, saludos o marchas militares. Bien es sabido que el dominio de un grupo sobre otro constituye un peligro para la identidad de las comunidades locales, cuando el intercambio cultural no es mutuo y cuando uno de ellos es históricamente excluido. Paradójicamente, el caso de las banderas Asafo debe ser descrito en otros términos y sería simplista reducirlo a la mera absorción identitaria. Estamos ante el proceso de síncresis y readaptación llevado a cabo por unos actores activos colonizados que pusieron en práctica la gran aventura de la fertilización de su diferencia.
Ahora bien, para liarla más parda en este enrevesado escenario de conflictos, si las dependencias y tensiones con colonizadores y Ashantis involucraron a su giro identitario, la falta de unidad política de los Fante avivó el desfile de polémicas y de-sacuerdos entre sus compañías, desencadenando rivalidades internas. Como consecuencia de ello, estos nuevos artefactos en forma de bandera sirvieron para poner en juego la mayor discursividad visual de sus problemas y enfrentamientos. La génesis de la provocación de estas banderas la encontramos en la propia etimología del nombre de sus milicias, que aunque no se identifique directamente con ella, está implícita en el significado de su advertencia: Asafo, palabra de la lengua Twi, deriva de la raíz “sa” que significa “guerra” y “fo” que significa “pluralidad” y “gente”; dicho más vigorosamente, “gente de guerra”.
La reinvención del soporte trajo consigo el fortalecimiento exponencial de las compañías, cuya nueva representación simbólica fundó un paradigma visual vinculado a tres niveles. El primero y más evidente fue el militar. El segundo, el de carácter ritual. El tercero, el informativo. Pero también supuso la universalización de un código propio. Cada una de las compañías Asafo tiene su bandera, la cual a su vez es determinada por un nombre y un número. Y hay multitud de compañías en ciudades y pequeñas comunidades rurales, las históricamente más aceptadas son 7. En este punto, es importante detenernos en la pragmática de las banderas, ya que en ellas hay inscritas eventos emblemáticos de todo tipo, dando lugar a un tipo de ilustración documental. Vayamos por partes. Las banderas apropiadas tomaron el formato inicial de las británicas cuyo resultado fue una combinación de las antiguas tradiciones de comunicación de África occidental junto a un provocativo despliegue de mensajes visuales aplicados al textil. Para empezar, su eje estructural es la copia de una retícula base con la identificación del emblema británico en el cantón superior izquierdo. Es importante señalar que los emblemas Asafo son una derivación de la bandera Red Ensign (Pabellón Rojo), instaurada oficialmente para identificar a los barcos mercantes ingleses, a la armada escocesa y posteriormente a la Marina Real Británica. Con la emancipación e independencia de Ghana, se crearon nuevas banderas con los colores panafricanos (rojo, amarillo y verde) de su actual bandera de Estado.
Partiendo de esta retícula, el resto es explosión visual para animar al descorazonador vacío rojo de la bandera británica Red Ensign. Alrededor del perímetro de esta constricción rectangular, las Asafo se presentan en unas dimensiones variables y aproximadas de 1 x 1,5 m, aunque hay algunas mucho más grandes y destinadas a diversas funciones como servir para la marcha, el baile o la decoración. Como el algodón fue un material adquirido por el comercio europeo, usaron retales de todo tipo para estructurarlas con soluciones de bloques de color plano, tanto cosidos como bordados. Para los ojos occidentales pueden parecer dibujos toscos, pero están cargados de una meticulosidad compositiva y conceptual desbordante. En ellas encontramos escenas de animales, aterradoras bestias, milicias, enemigos decapitados, tecnologías aéreas, árboles, seres bicéfalos o escenificaciones simbólicas extraordinarias. Y este concepto de bandera es extremadamente interesante desde la importancia social que otorgaron los Fante a las superficies visuales. Como veníamos diciendo, las poderosas y explícitas imágenes de las banderas Asafo han sido un importante vehículo cultural en todo este escenario. La sociedad Akan-Fante no disponía de una extensa historia “escrita”, de manera que sus formas de conocimiento se transmitían a través de su rica tradición oral y tal soporte se presentaba como un lugar adecuado para reforzar las relaciones entre oralidad y escritura proverbial. Así, cada bandera pone en conversación diversos lenguajes visuales en juego: el texto (proverbial), el color, la numeración específica de la compañía y la escena narrativa. Pero para que funcione todo aparato narrativo es necesaria la compresión de las elipsis de las imágenes. En este sentido nosotros no éramos capaces de comprender ni leer todas estas elipsis semánticas y culturales. Había muchos huecos y en las banderas Asafo hay muchas elipsis confraternizadas con los grupos, silencios intencionales, mensajes históricos de respuesta a otras banderas. De ese modo, la universalidad de las banderas se pone al abrigo del discurso de las diversas compañías Asafo. Aunque la diversidad de imágenes que contienen son enormes, casi siempre existe el tema recurrente de la provocación, que se formula mostrando sus victoriosas batallas para intimidar a la oposición o mediante la representación simbólica de los colores y animales de sus compañías.
Y aquí llega la belleza en la dimensión visual de la violencia escénica. Hay una mezcla maravillosamente vibrante de formas con las que protestar contra una compañía contraria utilizando gran variedad de proverbios para provocar lanzando burlas y amenazas. Si las compañías Asafo han jugado un papel importante en el poder político y social ghanés, en este sentido las banderas han sido instrumentos de grandes disturbios y conflictos. Alrededor del 1860, los innumerables enfrentamientos e insultos visuales públicos llevaron a un estricto control de las imágenes de las Asafo, que recibieron la orden de ser presentadas a los poderes coloniales para su aprobación. Esto obligó a que los diseños fuesen estudiados para su exhibición y hoy en día cada bandera debe ser aceptada por los jefes de las compañías para poder desfilar sin motivar excesivos enfrentamientos. Aún así, hay rasgos de provocación que hoy todavía se escenifican. Por una parte, la exposición pública de las Asafo se asocia con las actividades sociales de la compañía, y suelen desfilar por las calles, los santuarios de la ciudad, las casas de los jefes o alrededor de sus explosivamente visuales y sobrecojedores altares Posuban en época de festividades. Una de estas celebraciones es el festival Akwambo, el momento de renovar lealtades, exhibirse, relacionarse y retomar amistades. Aquí entran en juego las danzas, la performatividad de la festividad y el ritual de baile como actos que completan el proceso de comunicación. La ocupación simbólica en el espacio está estructurada a través de la arquitectura, la colocación de los poderes e invitados, y condicionado por el movimiento y las posibilidades de performar el acontecimiento. La escenificación resulta efectiva cuando se mantiene la posición de poder de las Asafo. En las mayor parte de las festividades, la coreografía es compleja, vinculada a muchos temas militares de agresión, protección, respeto, sabiduría y liderazgo. Las compañías aún hoy defienden orgullosamente sus banderas y estas encarnan tanto el diálogo como el conflicto. No son una imagen-simulacro puesto que se entienden a través de la escenificación de las danzas. El soporte se vuelve revulsivo, psicológico, ceremonial, social y político. Es comunicación visual pura bajo el dominio de un grupo. Pero esto no está únicamente relacionado con la supremacía militar de las compañías, también hay un considerable valor de entretenimiento en las habilidades atléticas de muchos de los bailarines. Durante minutos, a veces horas, pueden haber tensiones y confusiones que pueden ir relacionadas con momentos de diálogo con los jefes y poderes, para decidir si la bandera va a serles mostrada o no, o para provocar interés en el combate cívico, sin entrar en las complejas creencias animistas de la cultura Fante.
La existencia de las compañías Asafo son fruto de un acuerdo social, se podría decir que sostienen los poderes consensuados. El panafricanismo ghanés sabe de la importancia de las compañías para el equilibro de la convivencia. Y son bien queridos para el movimiento de emancipación de Ghana, en donde estas banderas han sido y son un artefacto de protesta efectiva y maravillosa. Y es en este momento cuando una se pregunta cuán necesarias son las gráficas populares para recuperar el derecho a ejercer la provocación. ¿No es provocativo, cuestionador, crítico e innovador el pensamiento por naturaleza? ¿Es que no tenemos muchas venganzas visuales que proteger y seguir produciendo más allá de los límites marcados por aquellos dudosos personajes de nuestros poderes que se autoproclaman como reyes? Señores, no nos pongan más límites. La narración visual ya es un límite que queremos seguir explorando de forma ilimitada.
Este artículo está en deuda con Miguel Porlan, compañero incondicional de aventuras, y a las gentes de Ghana que nos proporcionaron su tiempo y entusiasta ayuda, especialmente a Joseph Ankai, Richmond Aidoo y Bismark. Para todos, mi aprecio y agradecimiento. Publicado en Visual 191

Texto: Clara-Iris Ramos

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