MAGAZINE DE DISEÑO, CREATIVIDAD GRÁFICA Y COMUNICACIÓN

Collage, apropiacionismo y propiedad intelectual


Quiero tratar en este número un tema que genera muchas dudas entre diseñadores gráficos, fotógrafos, pintores y artistas plásticos en general y que es objeto de consultas con frecuencia.
Me refiero al fenómeno del apropiacionismo en el arte y a las consecuencias del uso de obras ajenas para elaborar una obra propia. El tema surge en relación a una consulta concreta sobre la técnica del collage, que es una de las forma de apropiacionismo (o colaje según la RAE). Publicado en Visual 167


Como sabemos, el apropiacionismo en el arte es un movimiento que propugna el uso, total o parcial, de obras ajenas preexistentes para la composición de obras propias nuevas. De esta forma la obra nueva contiene o usa partes o toda la obra preexistente. Es una tendencia artística que conlleva una crítica contra el concepto tradicional de autoría en el arte en general. El collage en concreto, como forma de apropiacionismo, se puede definir como la técnica artística consistente en ensamblar elementos diversos en un todo unificado. Nuestra RAE lo define como toma de fragmentos de obras previas de otros autores para componer una obra nueva y original. Se atribuye la invención del collage a Picasso y a Braque, que la utilizaron desde 1899. Después muchas vanguardias artísticas la han usado como dadaístas, futuristas etc. Muchos artistas notables del siglo XX han practicado en uno u otro momento el collage, por ejemplo Max Ernst, Braque, Gris, Picasso, Duchamp, Man Ray, Tàpies, etc.
La duda que surge, desde un punto de vista legal, es cuando en el collage o en el apropiacionismo en general, se usan obras preexistentes protegidas por la propiedad intelectual. A este respecto hay que aclarar primero, que ningún problema puede haber en el uso de obras que están en el dominio público o que sin estarlo carecen de la suficiente originalidad como para ser consideradas como protegidas por la propiedad intelectual. Así, por ejemplo, un fragmento de periódico o de rótulo fotografiado, o de un dibujo por sí carente de creatividad, o incluso las meras fotografías sin originalidad, son elementos que abundan en los collages y podrán ser usados libremente en cuanto no pueden estar protegidos por la propiedad intelectual.
Pero la duda subsiste cuando se usan elementos de obras originales y que no están en el dominio público. En tales casos ¿Es jurídicamente posible la utilización del fragmento sin el consentimiento del autor de la obra preexistente? ¿Qué tipo de infracción comete quien hace esta apropiación? ¿Cuáles son sus posibles consecuencias? ¿Hay alguna condición en que sí se pueda realizar este acto de apropiación? En principio, se ha pensado o catalogado en alguna ocasión este uso como plagio. En mi opinión no hay plagio. El autor del collage, crea una obra nueva, con o sin autorización, pero nueva. El collage es un acto de composición a través del cual el autor termina generando otra obra, distinta de las primeras, por tanto no podrá haber nunca plagio. Si se trata sin embargo de una transformación inconsentida de la obra preexistente. El artículo 21 de la LPI define la transformación de una obra como “…cualquier modificación de la obra de la que se derive una obra diferente”. La ley otorga al autor de la obra preexistente la facultad de autorizar la explotación de la modificación de la obra.
Por tanto, el uso inconsentido del fragmento de una obra como fotografía, dibujo, pintura, etc, para componer un collage es una transformación que necesita autorización del autor de la obra original. La realización sin su autorización podrá autorizarle a prohibir la explotación de la nueva obra y a solicitar la indemnización de ese derecho de transformación. Esta es la posición generalizada de los ordenamientos jurídicos europeos y norteamericanos que no dan oportunidad alguna a las tendencias apropiacionistas del arte. Artistas como Andy Warhol, Art Rogers, Jeff Koons o Demian Hirst o la fotógrafa S. Levine, han tenido problemas de diversa índole con la apropiación de obras ajenas. No obstante se han utilizado diversas defensas contra las demandas contra el uso apropiacionista de obras de arte.
En Europa se ha intentado la defensa a través del derecho de cita y la parodia. Y en Estados Unidos el fair use, que luego veremos. En cuanto al derecho de cita hay que decir que es la toma válida de fragmentos de obras para ser reproducidas en la enseñanza reglada u oficial. Esta excepción o límite a los derechos de autor está tan restringida al ámbito de la educación oficial que todo lo que exceda de este ámbito no es susceptible de cita. Igual ocurre con la parodia de la obra reproducida. Tiene que acreditarse (es decir, hay que probar) que el uso realizado es de intención parodiante respecto de la obra usada. Si no, no sirve la excepción. En cuanto al fair use del derecho anglosajón es una autorización genérica para el uso en críticas, comentarios, reportajes noticiosos, educación, etc, cuando se cumplan una serie de condiciones.
En general, hemos de decir que el requisito principal es que no se copie con ánimo de lucro y que el uso no afecte a la explotación de la obra que hace su autor. En la mayoría de los casos el autor del collage vende o explota esta obra por lo que tampoco esta defensa suele prosperar. En definitiva, la legislación protectora de la propiedad intelectual, tanto la europea como la anglosajona, es refractaria a la apropiación de obras de un autor preexistente y solo cuando se cumplen meticulosamente los requisitos de las excepciones de cita y parodia o de fair use en USA, se permite la apropiación. Lo que sí se detecta en muchos casos es una tendencia de los autores a ser más permisivos con el uso de sus obras para tales fines limitando las demandas a casos en que la apropiación genera perjuicio económico considerable. Pero en definitiva la única garantía de libre uso es el consentimiento del autor de la obra preexistente. Texto: Javier F. González Martín & Asociados

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