MAGAZINE DE DISEÑO, CREATIVIDAD GRÁFICA Y COMUNICACIÓN

Como hacerse rico con esto del diseño V: Diseño DIY


¿De nuevo en busca de clientes? ¿Una vez más revisando los boletines autonómicos a la caza de concursos de ideas? ¿Otra vez revisando tus tarifas a la baja porque el cliente lleva tres días sin contestar a tu propuesta? Era algo que ya os advertimos cuando comenzamos esta serie didáctica: sólo los primeros, sólo las mentes más rápidas, sacarán provecho de estas enseñanzas antes de que el mercado las exprima y desaparezcan.
Las webs de crowdsourcing de diseño surgieron como hongos en una piscina pública, para marchitarse poco a poco con los años. Aún quedan unas cuantas, pero languidecen como viejas madames que una vez fueron deseadas y ahora resisten gracias a la belleza de otras.
Siguen nuestros benditos becarios, que seguirán existiendo muchos años mientras esperan la llegada de su Espartaco. Pero eso también ha cambiado: la polémica de los stargiers en la alta cocina ha hecho que escondamos a los nuestros, recibiéndolos calladamente y echándolos a los seis meses por la puerta de atrás. Ya no los anunciamos en redes, como ocurría antes, ni presumimos ante los clientes de lo lozanos que nos han traído la remesa de este semestre. Ahora incluso somos nosotros los que les pedimos amablemente que vayan a dormir a sus casas. Obviamente no se obtienen los resultados de antes, pero no podemos correr riesgos.
Los concursos de diseño también continúan, pero a aquellos que concursan se les han afilado los colmillos. Hay auténticos profesionales, que saben que necesitan sacar muchos concursos sin mucho esfuerzo, y reciclan, calcan y copian, replican y reutilizan aquí y allí sin compasión. Si antes podíamos tener un centenar de ideas frescas por el precio de una tablet, ahora tenemos más posibilidades de que nos denuncien por plagio que Lana del Rey.
Tiempos duros, sí, pero no desesperados. Una vez más, el Tío Sam nos muestra el camino que debemos recorrer. Sólo tenemos que ser rápidos, porque una vez más, la idea nace condenada a morir, y sólo engordará a los primeros en engancharse a esta teta: El Diseño Do It Yourself, o dicho de otro modo: Me pagas a mí por hacerte el logo tú mismo.
Lo teníais delante todos estos años, pero faltaba la tecnología que lo hiciera posible: Si son las secretarias de dirección las que toman las decisiones importantes sobre la marca ¿por qué no son las secretarias las que hacen el logo de las empresas? Todas y todos hemos pasado por ese trauma: Después de seis reuniones y dos meses de trabajo, te cambian el color de la marca porque al hijo del jefe se ha hecho vegano y le gusta el verde. Puestos a hacer retoques por motivos puramente subjetivos ¿por qué no se lo hacen todo ellos, y tú simplemente cobras?
Hasta hace bien poco los diseñadores nos hubiésemos vuelto locos hablando de aplicaciones, legibilidad y versiones. Para poner en manos del cliente todo el proceso creativo sin que nos estallara la cabeza hacía falta que la tecnología permitiese hibridaciones antinaturales, como la de un diseñador y un ejecutivo de cuentas. Al fin es posible, y eso es exactamente lo que una docena de webs hacen online: el cliente se hace su propio logo, tú le dices que nunca podrías haberlo hecho mejor, y le cobras.
La idea se basa en un motor simple que hace combinaciones de tres elementos: una tipografía, un símbolo y una gama cromática. Teniendo treinta tipos, cien simbolitos genéricos y ocho colores, ya contamos con unos cuantos millones de logos para vender sin mover un sólo dedo.
Cuando hagáis la vuestra, es muy importante que habléis de Inteligencia Artificial, experta en branding y heredera del conocimiento de mil sabios, guardianes de las ancestrales técnicas de branding, porque si decís que una línea de código mezcla las opciones como quien tira los dados, el mensaje pierde un poco de eficacia. Aún con toda la sabiduría de la Inteligencia Artificial, todas las web que hemos visitado te permiten tocar todos y cada uno de los elementos sin criterio alguno. Incluso hay una que ha llevado el random más allá, y según vas haciendo cambios sin criterio va adaptando el texto explicativo que acompaña para justificar el diseño que el mismo cliente está haciendo. “Arriesgado y personal. Lo combinamos con azules que transmiten serenidad y confianza ¡Justo en el clavo!” pasa sin pestañear a “Fresco y joven. Añadimos tonos naranjas que le dan calidez al conjunto. Nos encanta”. Como os decía, la mente de un ejecutivo de cuentas reducido a código. Para cubrir la parte del diseñador, falta una trama a lápiz de líneas y circulitos que hagan encajar cualquier logo dentro de un rectángulo áureo. Quien lo consiga habrá dado con la piedra filosofal del branding para PYMES y autónomos.
Las imágenes que acompañan este artículo están sacadas de dos de estas plataformas sin ninguna relación entre ellas. Una vale diez euros al mes en una suscripción a un año, la otra cincuenta y cinco en un sólo pago. Al menos en el valor del logo y cómo pagarlo, nada ha cambiado. Publicar en Visual 193

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