MAGAZINE DE DISEÑO, CREATIVIDAD GRÁFICA Y COMUNICACIÓN

Crónicas de pseudo/nimma. ¿Dónde está el dinero del diseño?


Digamos que habría tres maneras de promocionar el diseño.
La primera, procurando la calidad, su difusión y con ella la sensibilidad de las personas –los usuarios, sí– hacia las bondades del buen diseño. Sólo en Catalunya se han llevado acciones en esa línea, con resultados más que satisfactorios. Allí, por ejemplo, el Premi Nacional lo otorga Cultura. Han creado un monstruoso Centre de Disseny, que encierra en un mismo espacio asociaciones, los antiguos museítos y el BCD. En el resto del Estado, esta primera vía no se ha contemplado nunca. Tan solo esporádicamente los centros de arte dedican recursos a exposiciones de diseño, pero no nos engañemos: responde a una política de resultados. Las exposiciones de diseño son con mucho las que más visitantes tienen, y como ahora todo se mide en número de visitas… Publicado en Visual 169

Este modelo quizá no sea el que más resultados a corto plazo produce, pero a la larga es el único eficaz. Porque el diseño sólo es considerado por las empresas cuando lo valoran positivamente sus clientes. Países como Holanda o Gran Bretaña, que han apostado por ello, son la demostración de que es así. Y aquí en casa basta comparar la situación en Catalunya con la del resto del Estado para darnos cuenta de que funciona.
La segunda manera de promocionar el diseño es incentivar su consumo entre las empresas. Se ha hecho durante décadas: papá Estado ofrecía diseño gratis a las empresas. Los diseñadores se veían obligados a bajar sus precios –esto es promoción del diseño, tendremos que poner todos de nuestra parte…–. El proceso era perverso: un cliente que no estaba muy seguro de necesitarlo contrataba diseño porque no le costaba nada. En esto siempre había por medio una agencia intermediaria, que era quien de verdad ganaba. Se ha hecho durante años, y quizá sirvió para que algunos diseñadores ganaran unos duros y quizá como apostolado para empresarios descreídos… tengo muchas dudas respecto a esto último. Pero este modelo al que se dedicaron durante dos décadas ingentes recursos no ha dejado nada positivo: en el momento que se cerró el grifo, todo ese esfuerzo se ha demostrado completamente inútil, cuando no destructivo.
La tercera, compatible con cualquiera de las anteriores, sería el apoyo directo al sector a través de sus colectivos. Una vez más, en esto han fallado estrepitosamente nuestros políticos. La ausencia de ayudas nominativas –las que se dan para mantener la estructura– obligan a los colectivos a una actividad desenfrenada en la que la calidad está sometida a la viabilidad, que ha de ser doble: no solo costear los gastos propios de cada actividad, sino despistar en la medida de lo posible una parte para que el tinglado no se desmorone. Esto es así en el diseño, en la cultura en general, y en otros aspectos de la actividad social. Lo triste es que no estoy descubriendo nada, las administraciones son perfectamente conscientes de cómo funciona y miran para otro lado. Lo que acaba por convertir lo que debería ser actividad en negociado. Echen si no una miradita al editorial de esta revista, en las páginas anteriores. Así, nos encontramos dos tipos de colectivos profesionales: los que renuncian a ese apoyo institucional para enarbolar su independencia (suelen ser pequeños, audaces, ratoneros… ¿quieren ejemplos? pregunten al Congreso de Tipografía, a Wences Sanz, a Pablo Gámez, a escola muuuu, a Grrr y la Festa del Grafisme…) y los que se convierten en paniaguados del poder, artistas de la reverencia. Y en la ausencia de crítica acaban por encontrar su aislamiento. Miren hacia READ o Dimad. O al Col.legi de Disseny Gráfic, que ya no sabe uno si existe o ha quedado como una agencia de captación comercial de peritajes, que curiosamente siempre hace su presidente a precios de escándalo.
La promoción del diseño es hoy un páramo. Algunos advertimos cuando se desmanteló el Ddi que pasaría. Entonces, ENISA se quedó con el presupuesto, y dijo que asumiría los compromisos y las funciones. Hoy abiertamente y en público sus dirigentes reconocen que ni promocionan el diseño ni piensan hacerlo. No hay dinero para el diseño pero han financiado con 500.000€ a Gowex, esa estafa disfrazada de emprendimiento que hasta hace unos días ponían como ejemplo.
En los gobiernos autonómicos aquellos Centros de Diseño de antaño han desaparecido también o son poco más que una placa en una puerta. Lo peor no es que haya sucedido, sino que siguen ocupando el espacio sin cumplir la función. Acercarse a otros departamentos, de Cultura por ejemplo, pidiendo apoyo al diseño supone darse con un muro, porque eso “no les corresponde”. Deberíamos los implicados ser más contundentes y exigir que quienes no piensan ayudar suelten la presa para que sean otros quienes lo hagan.
O eso, o definitivamente echarnos al monte, como ha hecho la Fundación Dimad: para no llevar la contraria, en su estudio para la elaboración de un Plan Estrategico del Diseño le dicen al político, textualmente, que “no se trata de ayudar al sector del diseño, sino de favorecer a que el sector se convierta en un instrumento de competitividad para el tejido empresarial”. Permítanme la grosería: putas y ponemos la cama.

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