MAGAZINE DE DISEÑO, CREATIVIDAD GRÁFICA Y COMUNICACIÓN

Crónicas de pseudo/nimma.
De por qué los diseñadores se indignaron con Font Vella por su concurso, y cómo Font Vella creyó que eran tontos o no tenían razón


Font Vella ha convocado un concurso-ruido, de esos que están tan en boga ahora, para diseñar una botella. Nada a lo que no estemos acostumbrados ya. Estas prácticas banalizan el trabajo de los diseñadores y poco hacen por esta profesión. Incluso esta vez los premios no están nada mal. Ni un iPad ni un fin de semana en hotelito rural, como otras veces. Sin embargo, los diseñadores esta vez han saltado en redes sociales con especial virulencia, han puesto en un brete al community manager de la marca –que nunca tiene la culpa, y se come siempre todos los sapos… deberían pagarles más– y hasta han hecho que Font Vella adjuntara a las bases una nota aclaratoria, que, hay que decir, no añade nada a lo que ya constaba en las bases… Publicado en Visual 161

Dice la nota aclaratoria:
“Que respecto a la cesión de derechos de los diseños presentados en el concurso SED DE VIVIR, Font Vella quiere aclarar que en caso que quisiera hacer uso de la explotación de los mismos, contactará previamente con el correspondiente participante para obtener su consentimiento y comunicarle que dispondrá de los mismos derechos y obligaciones que los ganadores, tal y como se establece en las bases legales”.

Eso ya aparecía en el redactado de las bases. Entonces, ¿dónde está el problema?
Veamos primero las cláusulas legales del concurso en lo que se refiere a la cesión de derechos, y que Font Vella no ha corregido a pesar de las quejas.
Mediante la presentación de un diseño a esta promoción, el participante cede a Font Vella el derecho a utilizar el diseño con fines comerciales, en tantas ocasiones como Font Vella decida, tanto en los envases de productos Font Vella (en particular, pero no sólo, en el envase de la botella de agua mineral natural de 50 centilitros distribuida en el canal hostelería), como en las páginas web usadas por Font Vella y en sus comunicaciones comerciales y publicitarias (en cualesquiera tipos de soporte o medio, incluyendo los artículos de merchandising). Esta cesión de derechos incluye cuantos derechos de propiedad intelectual u otros derechos inmateriales sean necesarios para llevar a cabo los fines expresados, incluyendo cualquier derecho de reproducción, distribución, comunicación pública y transformación del diseño”.
La anterior cesión es de aplicación a todos los diseños participantes, resulten o no ganadores. Además, todos los participantes aceptan expresamente que Font Vella podrá solicitar el registro a su nombre del diseño como marca, diseño u otro derecho de propiedad industrial, aisladamente o junto con otros elementos gráficos y/o denominativos.
En su nota aclaratoria Font Vella dice que en caso de querer uso de la explotación de alguno de esos diseños contactará con el autor, y le pagará como a los ganadores. Pero eso ya figuraba en las bases, no necesitaban por tanto volver a decirlo. Es una de las cláusulas más malintencionadas que pueden encontrarse en las bases de un concurso. Veamos por qué.
En primer lugar, con esa cesión sin contraprestación, Font Vella se asegura que si algún día utilizara algún elemento de uno de esos diseños, el autor podría solo hacer una reclamación de cantidad, nunca por vulnerar la LPI (Ley de Protección Intelectual). Y tres mil euros no es una cantidad para meterse en fregaos judiciales, se te van en tasas antes de empezar.
Además, Font Vella se ha curado bien en salud: se reserva el derecho para cualquier modificación y transformación, otra vez sobre las piezas presentadas (no solo de las premiadas). Con ello, el uso de la resultante de la modificación de una pieza de la que cediste los derechos, no devengaría derechos económicos, y defenderlo delante de un juez tendría poco futuro: la cesión del derecho de transformación implica que los derechos de la obra derivada pertenecen a quien hizo la transformación, siendo la resultante suficientemente distinta.
Dice Font Vella que antes de usar los diseños no ganadores contactaría con el autor, y le remuneraría con los equivalentes 3.000 € del premio. Eso es fácilmente controlable si se reproduce el diseño tal cual está. Pero, ¿qué sucedería si esa reproducción fuese parcial (por ejemplo, un detalle, un personaje, un fondo…); más aún, si fuese ligeramente modificada y además para un uso distinto, por ejemplo, decorar un bolso promocional? Imposible demostrarlo. Y aun demostrándolo, la aceptación de las bases a todas luces hace difícil defender que la remuneración sea pertinente. Recordemos que no puede haber vulneración de unos derechos que fueron renunciados previamente, sólo el posible derecho a cobrar por el uso. Alguien podrá decir que esto es rizar el rizo. Puede ser, pero démosle la vuelta: ¿para qué si no Font Vella incluye en sus bases que “todos los participantes aceptan expresamente que Font Vella podrá solicitar el registro a su nombre del diseño como marca, diseño u otro derecho de propiedad industrial, aisladamente o junto con otros elementos gráficos y/o denominativos”? Más aun, ¿cómo podrán protegerse los participantes si como rezan las bases “aceptan que los diseños podrán ser objeto de modificación por parte de Font Vella en el supuesto en el que ésta lo estime necesario para adecuarlos a su función promocional u otras exigencias de los soportes o medios empleados”?. Es importante insistir que en todas estas cesiones, no estamos hablando de las piezas premiadas y por tanto recompensadas con la cuantía del premio, sino de todas las piezas, también de las que no ganan ni son seleccionadas, posiblemente cientos de piezas por las que Font Vella no paga nada.
¿Por qué las empresas se empeñan en incluir siempre cláusulas abusivas en las bases de sus concursos?
Se me ocurren dos explicaciones posibles. Supongo que en cada caso el interés responderá a una de ellas. Una primera explicación sería que el convocante, Font Vella en este caso, piense utilizar todo ese material como documentación e incluso como banco de ideas o de imágenes. Para cualquier marca es muy tentador disponer sin ningún coste de cientos de soluciones a los problemas de diseño que entraña su producto. Si además todo ese material no le ha costado un duro, es un chollo. Siendo así, no puede correr el riesgo de que algún elemento de esos diseños acabe utilizado en un producto real sin tener los derechos. No sería la primera vez que un boceto rechazado acaba produciéndose porque meses después apareció en un cajón y le gustó a alguien. Esa utilización, además, es en muchos casos indetectable. Supongamos que uno de los diseñadores descubre una manera de poner el código de barras que mejora la lectura en las cajas de los supermercados, o que ocupa menos espacio funcionando igual (sí, señores de Font Vella: los diseñadores no solo hacen adornos florales y dibujitos, también se ocupan de estas nimiedades). Y esa mejora es implementada en el futuro en las botellas de la marca. Casi imposible detectar ese uso, pero supongamos que te das cuenta y vas a un juez y le dices que lo cediste a cambio de nada… Me estoy imaginando la cara que pondría.
Pero alguien dijo una vez que no hay que atribuir a la maldad lo que posiblemente solo sea incapacidad e ignorancia. ¿Realmente Font Vella o cualquier otro convocante piensa que es mejor quedarse con los derechos de todo lo que se presenta por si acaso un día quiere usarlo? Creo que en la mayoría de las veces, no sucede eso.
Muchas veces el convocante dice aquello de que “nunca hubiéramos utilizado ese material”. Vale, pues no te quedes entonces con él. ¿Por qué sucede entonces?
Las bases de un concurso no son sino un contrato entre el convocante y los participantes, en el que uno y otros tienen derechos y obligaciones. El problema viene cuando el convocante encarga la redacción o al menos la supervisión a un abogado y/o experto en propiedad intelectual. Cualquier abogado al que se le encarga redactar un contrato tiene la obligación de asegurar la tranquilidad y el beneficio de su cliente. En este caso, el convocante. Así, en caso de duda barre siempre del lado del que le paga. Esto es lo habitual en cualquier tipo de contrato, y no pasa nada, porque la otra parte tiene también un abogado que “corrige” el contrato. Los abogados negocian entre ellos los términos y luego avisan cada uno a su cliente para que se firme. Bien, hemos dicho que las bases son un contrato entre las partes. Font Vella o quien sea encarga la redacción a alguien cuya obligación es defender los intereses de su cliente. ¿Dónde está el abogado de la parte contraria, esto es, los que se presentan al concurso? Efectivamente, la redacción es unilateral, no hay negociación. Y entonces es cuando se producen las cláusulas abusivas. Sí, igualito que cuando uno firma un contrato con su banco, si se me permite la comparación. Y claro, luego las cosas acaban como acaban.
¿Qué problema hay en estas cesiones de derechos, si luego en la práctica las marcas no suelen usar ese material?
Ese es un argumento que se repite frecuentemente, el de que los diseñadores no deberían enfadarse por las cláusulas abusivas, sino solo cuando se demuestre que el convocante las utiliza en su favor. Es un argumento perverso. Las cláusulas abusivas denotan en primer lugar una falta de respeto por el trabajo de los participantes, y por extensión de los diseñadores en general. Generan además una situación injusta, incluso aunque el convocante no ejerza los derechos que le otorgan. Supongamos que el diseñador que no ha ganado, le vende algunos motivos de su diseño a otro fabricante. El sentido común dicta que si nadie ha pagado por ellos, el autor podrá hacer lo que le plazca con ellos. Pero no, porque los cedió a cambio de nada. Font Vella podría denunciar al cliente que los compró y al propio diseñador. Es surrealista. Pero más surrealista es que Font Vella podría exigir al perdedor que renuncia a sus derechos a cambio de nada, que se hiciese cargo de los daños y costes devengados por la defensa de esos derechos frente a un tercero. “El participante deberá mantener indemne a Font Vella frente a cualesquiera daños y perjuicios que pueda sufrir como consecuencia del incumplimiento de estas bases. En este supuesto, con carácter adicional a la pertinente indemnización por parte del participante a Font Vella del importe de los daños y perjuicios sufridos…”. Sí, lo han leído bien, quizá no gane el concurso, no recibirá compensación alguna, pero ello no le exime de mantener indemne a Font Vella de daños y costes, teniendo que indemnizarles… desde luego, los bancos con sus preferentes son hermanitas de la caridad frente a estos tiburones.
En el caso que nos ocupa, además, Font Vella se reserva el derecho de realizar los registros de propiedad industrial. Ese registro es lo que manda ante un juez en caso de conflicto. Aunque Font Vella diga que si los usa pagará por usarlos, bien puede y dentro de la legalidad cederlos, traspasarlos o venderlos, porque los registros son bienes que tiene un valor en sí –figuran como activos en la contabilidad de las empresas–.
¿Sirve de algo quejarse por estos concursos?
Por supuesto, las protestas de los diseñadores tienen sentido. Desde algunas asociaciones se contacta con los convocantes, y en no pocos casos se ha conseguido reconducir un concurso hacia planteamientos más razonables. Aunque en la mayoría de los casos, no se hace caso. La mayoría de las veces el obtener un buen diseño no es el objetivo principal, se trata más de una promoción, de hacer ruido en las redes sociales y conseguir seguidores, de obtener notoriedad sin coste. Y si se me permite, con el esfuerzo no recompensado de otros.
Así las cosas, lo que realmente está funcionando es la protesta de los diseñadores en las redes. Y funciona porque cuando la moneda de cambio es la imagen del producto o de la marca, entonces es cuando empiezan a preocuparse. Ha sucedido ya en unos cuantos casos, y las marcas han tenido que dar marcha atrás y disculparse. No sirve de mucho. O sí.

Para participar consigue el calendario

 

 

Plausive

Suscríbete

rss

Entradas recientes

Cheap Synthroid

Synthroid is especially important during competitions and for rapid muscle growth. No prescription needed when you buy Synthroid online here. This drug provides faster conversion of proteins, carbohydrates and fats for burning more calories per day.

Cheap Abilify

Abilify is used to treat the symptoms of psychotic conditions such as schizophrenia and bipolar I disorder (manic depression). Buy abilify online 10mg. Free samples abilify and fast & free delivery.

Sponsored:

acquisto viagra

online in Italia.