MAGAZINE DE DISEÑO, CREATIVIDAD GRÁFICA Y COMUNICACIÓN

Crónicas… El oso polar de Madrid, 2.0


En el artículo del número anterior de Visual traté de darle una vuelta a la nueva identidad gráfica del Ayuntamiento de Madrid. Es curioso. El debate se vivió en algunos perfiles de facebook y en twitter, ya saben, esos diseñadores discutiendo sobre lo que a nadie interesa… esta vez no. Cualquier cosa con la masa suficiente para ser arrojado a la Señora Carmena (y a la señora Colau, a Podemos, a las mareas, a las CUP…) será cogida y lanzada por los voceros. Así, de aquellas críticas y debates, que aunque distendidos y por tanto cómplices en el lenguaje, eran profesionales, algunos medios de comunicación han sacado y utillizado para un refrito de corta y pegas. Sin citar procedencia ni paternidad. Le hemos hecho el trabajo a los indas de este país. Que te asalten sin permiso tu perfil y se lo lleven todo para usarlo como munición política es inevitable. Pero no tiene por qué hacernos felices. Aun a riesgo de repetir mi error, voy a seguir con el tema.
Pero vayamos con lo que nos ocupa. Como si de una maldición se tratara, la identidad de la ciudad lleva década y media dando bandazos, sufriendo cambios y sobre todo, errores en su aplicación. Nadie en todos estos años se ha tomado en serio la importancia que tiene no hacer mal las cosas. Hay que conjugarlo en negativo, porque el paso previo a lo bueno es lo correcto, la ausencia de errores sería de momento suficiente. Quizá no nos toque a los diseñadores decir cómo se deberían haber hecho las cosas, no nos pondríamos de acuerdo. Pero hay que llamar la atención si se hacen cosas que no cumplen con ese requisito de lo correcto.
Esta propuesta de actualización y normalización se lanzó con ruido mediático, y ese pudo ser también un error, la precipitación. Un manual insuficiente que el Ayuntamiento comunica a bombo y platillo… vale. En seguida los profesionales empiezan a lanzar sus críticas, eso sucede siempre y no es malo. Y queda al descubierto que se trata de un trabajo incompleto, para salir del paso, con errores inaceptables no ya para el diseño de la marca de la ciudad, también lo sería para un ejercicio de alumno en el bachillerato de artes… Se nos antojan dos motivos. El evidente, que debió fallar el proceso de selección. El segundo, y quizá relacionado, que en un ahorro mal entendido se pretendió que la identidad de Madrid puede resolverse con 18.000 €. Eso es lo que gastaría un pequeña empresa de cincuenta empleados, ¿cómo podría tener éxito el mayor proyecto de identidad pública, el de la ciudad más grande de nuestro país, con una ingente necesidad de supuestos y aplicaciones? No conviene cargar sólo contra el diseñador. Su error quizá fue solo aceptar el encargo.
El problema no es un mal trazado que llevaría un par de horas corregir. El problema es que nadie se diera cuenta de que era necesario corregirlo. Sin comprobación alguna se dio por bueno uno de los trazados anteriores y el efecto será multiplicado hasta el infinito. Se invertirán cientos de miles de euros en aplicar el error y hacerlo más grande. En un autobús de la EMT se reproduce el escudo unas ocho veces, ¿cuantos autobuses hay? ¿cuántos elementos de señalización? ¿cuantos uniformes de personal propio o de subcontratas? ¿cuántos taxis? ¿cuántos recibos emiten diariamente esos taxis? ¿cuántas publicaciones, carteles, folletos, documentación?… El error estaba, sí, en aquellos 18.000 €, menos de lo que cuesta un solo taxi que reproducirá unas seis veces el error y lo paseará por nuestras calles doce horas al día, seis días a la semana.
Es cierto que algunos de esos errores han sido corregidos en una versión 2.0 del manual. No todos, conviene advertirlo. Y de paso, se ha redibujado el oso del escudo con una nueva silueta. Se ha cambiado la tipografía institucional por otra que sí tiene cursivas… el problema es que cuando se anunció con estruendo mediático el primer manual, todos los diseñadores, proveedores gráficos, nos lo descargamos para usarlo. Y es el que hemos dado por bueno. Yo mismo he descubierto esa actualización por casualidad, cuando recogía documentación para escribir este texto. Es decir, que hay un manual nuevo, con diferencias sustanciales, pero no lo sabe nadie, todos creen que el bueno es el anterior. Así, ahora hay dos “nuevos escudos”, dos normativas tipográficas que van a convivir… aquello que se quería erradicar ha sido de nuevo potenciado, hemos afianzado la maldición que persigue a la identidad de la ciudad: es imposible que sea coherente, está destinada a ser diversa, caótica y errónea, y no importa de qué color político sean los responsables, viene siendo así desde la transición.

Texto: Alvaro Sobrino

Publicado en Visual 182

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