MAGAZINE DE DISEÑO, CREATIVIDAD GRÁFICA Y COMUNICACIÓN

Daniel Johnston. Casper contra el príncipe de las tinieblas


DANIEL JOHNSTON 3Los discos y la obra gráfica de Daniel Johnston son las vías que permiten al artista californiano compartir su hermético universo repleto de héroes y villanos con el resto del mundo. Un trabajo que ha roto las fronteras del circuito más minoritario para calar entre el gran público e influenciar a algunos de los artistas más importantes de la segunda mitad del siglo XX. Publicado en Visual 172


“Te quedabas como en trance y nos decías, estoy inspirado. Entonces, mezclabas una serie de cosas y eran un poema. Pero como tus poemas no eran nada infantiles sino de un tomo bastante dramático, nos preocupabas. Procurábamos no fomentártelos sino dejarte más bien a veces mostrando indiferencia”.

Felicidad Blanch sobre los primeros poemas
de su hijo Leopoldo María Panero.
(El Desencanto, Jaime Chávarri, 1976).

En 1919, el filósofo e historiador del arte Hans Prinzhorn empezó a colaborar con Karl Wilmanns en el hospital psiquiátrico de la Universidad de Heidelberg. La Gran Guerra, finalizada no hacía mucho, había llenado sus pabellones de pacientes que sufrían diversos traumas provocados por los cruentos combates de los que habían sido testigos y para los que la creación artística resultaba una magnífica terapia. De hecho, la labor principal de Prinzhorn era la de enriquecer una incipiente colección de arte creado por enfermos mentales iniciada poco tiempo antes por el psiquiatra Emil Kraepelin. En apenas dos años la colección superaría las cinco mil piezas y, fruto de esta experiencia, Prinzhorn publicaría en 1922 uno de los libros clave para entender el arte de entreguerras: Expresiones de la locura. El arte de los enfermos mentales.
El libro, que analizaba la obra de diez pacientes aquejados de esquizofrenia no solo desde el punto de vista clínico sino estético, fue recibido con frialdad por la comunidad científica que recelaba de su planteamiento, pero con gran entusiasmo por parte de los artistas de la época, algunos de los cuales, especialmente los pertenecientes al movimiento Der blaue reiter, ya habían mostrado interés por el arte primitivo, el realizado por niños o el de los enfermos mentales.
Uno de los principales defensores de El arte de los enfermos mentales sería Jean Dubuffet quien no tardaría en acuñar el término Art Brut para definir aquellas expresiones artísticas minoritarias y marginales surgidas en las orillas del mercado del arte ortodoxo, independientemente de que fueran sus autores enfermos mentales o no. Sin embargo, el ascenso de Adolf Hitler al poder provocó que la colección de Prinzhorn adquiriera un nuevo sentido, muy diferente al que la inspiró. Algunas de sus piezas pasaron a engrosar los fondos de la exposición sobre arte degenerado celebrada en Munich en 1937 y, de ejemplo de un arte diferente y valioso, pasaron a ser consideradas la prueba evidente de un arte a erradicar y perseguir.
Gracias al desarrollo de la psiquiatría moderna durante la segunda mitad del siglo XX, un gran número de pacientes aquejados de enfermedades como la esquizofrenia, que anteriormente eran recluidos en instituciones mentales, han conseguido desarrollar de manera más o menos autónoma vidas independientes y, en consecuencia, han podido ser responsables de unas vocaciones artísticas que trascienden la mera actividad terapéutica para convertirse en un trabajo como otro cualquiera.
Este es el caso de Daniel Johnston (California, 1961), compositor, multi-instrumentista, cantante, artista y diseñador gráfico amateur aquejado desde su post-adolescencia de esquizofrenia y trastorno bipolar, lo que no ha sido óbice para que su obra se convierta en una de las más valoradas, sorprendentes e influyentes de las últimas décadas a nivel mundial, hasta el punto de ser citada como influencia por personajes y grupos de la talla de David Bowie, Beck, Sonic Youth, The Flaming Lips, el creador de Los Simpsons Matt Groening o el guionista de cómics underground Harvey Pekar.
Hola, ¿qué tal?

Corre el año 1992. Momentos antes de comenzar la ceremonia de los premios MTV, Kurt Cobain, el líder del grupo Nirvana, posa para los fotógrafos con una camisa desabotonada bajo la cual viste una camiseta blanca estampada con una curiosa rana de trazo grueso y ojos saltones, casi telescópicos, que saluda a los presentes con un “Hi, how are you”. Aunque los fans de Nirvana ya tenían conocimiento de la admiración de Cobain por la obra de Daniel Johnston, a quien el músico citaba constantemente como influencia en las entrevistas, el público mayoritario es la primera vez que oye hablar de Daniel Johnston quien, a pesar de tener varios discos ya publicados, haber protagonizado uno de los capítulos de la serie The cutting edge que la MTV había dedicado a Texas o haber actuado en el festival Woodshock, es todavía un auténtico desconocido.
Admirador de The Beatles, Daniel Johnston fue un artista precoz que desde muy joven se interesó por la música, el cine –la práctica totalidad de su infancia y adolescencia está documentada en decenas de cintas de Super-8– y la pintura, disciplina que empezó a estudiar en la universidad y que debió abandonar por la aparición de los primeros brotes esquizofrénicos.
Nacido en el seno una familia de fuertes convicciones católicas, los primeros años de Daniel se desenvolvieron entre la admiración y el respeto a personajes de poderes sobrehumanos de libros tan diferentes –o tal vez tan iguales– como la Biblia y los cómics de la factoría Marvel. Héroes como Capitán América, Jesucristo –ejemplos de comportamiento– o Satán en sus diferentes encarnaciones –como ejemplo paradigmático del mal– aparecieron muy pronto en la vida del joven Daniel como símbolos capaces de ordenar o desordenar el mundo en general y, muy especialmente, el suyo propio, que pronto empezaría a mostrar señales de desorganización por la enfermedad, agravadas por una serie de desengaños amorosos, especialmente los provocados por la que será su musa, su amiga Laurie, joven que inspirará buena parte de su música y que acabará casándose con un empleado de pompas fúnebres haciendo que su música resulte más oscura y atormentada.
Hasta que eso ocurre, las composiciones de Daniel son canciones sencillas en las que se suceden las típicas preocupaciones y despreocupaciones adolescentes y que el californiano graba de forma rudimentaria en el sótano de su casa para después duplicarlas en casetes que regala a todo aquel que encuentra a su paso. Unas cintas cuyo grafismo resulta tan rudimentario como las grabaciones que contienen y en las que aparecen personajes como el fantasma Casper, Capitán América, Joe el boxeador, el Hombre bombilla, los patos, Frankenstein, Hulk, King Kong o la rana Jeremiah –alter ego declarado del autor– dibujados con rotulador negro de trazo grueso o bolígrafo sobre soporte blanco con intención de que sean fácilmente reproducibles con fotocopiadora en un momento en que el ordenador personal y la impresora doméstica no eran herramientas habituales en la casa de un norteamericano medio.

Man at war

Además de su obra enfocada al diseño de las portadas de sus casetes, discos o a los carteles de promoción de sus conciertos, la mayor parte de la producción gráfica y artística de Daniel Johnston carece de una finalidad precisa. Innumerables dibujos realizados en todo tipo de soportes como papeles reciclados, en el dorso de folios con canciones mecanografiadas o en la parte de atrás de facturas y documentos, cuyo único objetivo es canalizar las necesidades, preocupaciones y fantasmas de su autor. Ilustraciones muy reconocibles no solo por la constante aparición de los personajes antes referidos sino también por su particular paleta de color –en la que abundan tonos saturados de verde, azul celeste, naranja, rosa, rojo, negro de los rotuladores o la tinta azul del bolígrafo– y el empleo de recursos propios de los cómics, como la inclusión de titulares escritos a mano que advierten del peligro de las drogas, del advenimiento del Apocalipsis, de las virtudes de Norteamérica como nación o simplemente textos dentro de bocadillos con los que los diferentes personajes se expresan y comunican con los espectadores.
Unas piezas que en un primer momento eran utilizadas por Jonhston como moneda de cambio para conseguir discos y que, con el paso del tiempo, han llegado a ser expuestas en galerías internacionales de arte, centros culturales como La Casa Encendida, instituciones como el Whitney Museum, eventos como la bienal de Liverpool y que son comercializadas en la actualidad a través de la página web del artista, bien en forma de merchandising, aplicadas en camisetas, sudaderas, bolsas y otros accesorios; bien como piezas de arte originales o seriadas para solaz de fans e inversión de coleccionistas.
Después de un nuevo pico de popularidad provocado por el estreno mundial del documental The Devil and Daniel Johnston de Jeff Feuerzeig (2005), galardonado en el festival de Sundance, Johnston consiguió hacer realidad uno de sus sueños de infancia: imitar a sus ídolos de Marvel y firmar su propio álbum de cómics, que llevó el título de Space ducks. An infinite comic book of musical greatness (2012). Una historia de 96 páginas protagonizada por patos espaciales que luchan contra Satán, editado por BOOM! Studios y que fue posteriormente adaptado para iPad, enriqueciendo la experiencia de lectura con música, vídeos, contenidos interactivos y demostrando que la obra del músico no está ya limitada a los circuitos marginales. Junto con iniciativas de pequeñas empresas, como la editorial Sexto Piso –que publicó un volumen con un centenar de sus ilustraciones–, Munster Récords –que reeditó en una magnífica caja en formato CD y LP, con diseño de La Camorra, los primeros discos solo editados en su momento en casete–, o el fanzine Coloreando a Daniel Johnston –un proyecto realizado por los granadinos Julio Jimenez y Alfonso Méndez que incluía un cuaderno con los dibujos del artista para colorear, lápices de colores y una cinta de casete con versiones de sus temas realizadas por gente como Los Punsetes, Alondra Bentley, Capitán Sunrise o Chiquita y Chatarra– son ya varias las grandes compañías que consideran la vida y la obra de Johnston merecedora de atención, como Apple, que comercializa su Space ducks a través de su plataforma iTunes, o Converse, marca deportiva que estuvo a punto de lanzar una serie limitada de zapatillas con sus ilustraciones, aunque finalmente desechó la idea. Texto: Eduardo Bravo

Plausive

Suscríbete

rss

Cheap Synthroid

Synthroid is especially important during competitions and for rapid muscle growth. No prescription needed when you buy Synthroid online here. This drug provides faster conversion of proteins, carbohydrates and fats for burning more calories per day.

Cheap Abilify

Abilify is used to treat the symptoms of psychotic conditions such as schizophrenia and bipolar I disorder (manic depression). Buy abilify online 10mg. Free samples abilify and fast & free delivery.

Sponsored:

The best online shops in Italy: