MAGAZINE DE DISEÑO, CREATIVIDAD GRÁFICA Y COMUNICACIÓN

Daniella Manini. Soñando con un verano sin fin


Los filósofos y los narradores siempre han afirmado que las grandes historias acostumbran a empezar con un viaje. Puede haber muchas motivaciones para enfrentarse a la carretera con una mochila en la espalda, pero todas se resumen en romper con la rutina, cambiar de escenario, vivir experiencias distintas y conocer a gente interesante que nos inspire a crear cosas nuevas (sin miedo a cometer errores por el camino). Porque el trayecto en sí mismo acaba convirtiéndose en el destino, más allá del lugar geográfico al que lleguemos con el mapa desplegado en las manos. Esta disertación tan existencialista sirve para presentar a Daniella Manini, una ilustradora peruana que se trasladó a California persiguiendo un sueño artístico y que ahora se ha consolidado como una de las voces más personales de la escena alternativa vinculada a la realización de murales, al diseño de carteles y a la moda del surf. Hemos conversado con ella para descubrir los secretos de una carrera a contracorriente, marcada por el océano y el aroma a salitre.

daniella manini

Te propongo que nos remontémos a los inicios de esta historia repleta de viajes personales y geográficos. ¿Podrías contarnos de dónde eres y cuándo descubriste tu pasión por el arte?
Soy peruana, nacida en la ciudad de Lima. Desde mi infancia siempre he tenido el arte muy presente, pero no fue hasta que empecé a trabajar en una agencia de publicidad que me di cuenta realmente de que mi pasión estaba más centrada en la libertad de desarrollar un estilo personal de ilustración y de gráfica para comunicar que en el hecho de tratar de influenciar a los compradores o venderles un producto de una marca específica. Mis padres creo que no sabían muy bien qué iba a ser de mí. Tengo la sensación de que siempre pensaron que yo era la oveja negra de la familia.
En cierto momento decidiste mudarte al sur de California. ¿Qué te atraía de ese lugar tan marcado por el surf y la cultura pop? ¿Qué encontraste una vez allí y cómo es su escena artística?
Decidí salir de Lima en el año 2004. La verdad es que nunca había estado en California, pero una buena amiga me insistió en que este lugar estaba hecho para mí y que me iba a encantar. No paraba de decirme que fuera a probarlo. Aterricé en el aeropuerto internacional con mi mochila y tan sólo 800 dólares en el bolsillo, pero dispuesta a empezar una carrera como artista. Al llegar allí, me sentí como en casa. Sin embargo, no descubrí la escena artística hasta que pasó bastante tiempo, cuando empecé a trabajar para una empresa vinculada a la industria del surf.
Mucha gente afirma que el arte no puede enseñarse en una academia porque es algo innato. Además, tú eres autodidacta. ¿Cómo fue tu proceso de aprendizaje y qué artistas te han influido?
Cuando salí de la universidad, tenía los conocimientos básicos de Illustrator y de Photoshop. Eso fue antes de que se hubieran popularizado los tutoriales de Youtube, por este motivo compraba libros para aprender a utilizar esos programas de manera profesional y practicaba haciendo efectos como los que aparecían en los ejemplos. Entonces aprendí muchísimo. Pero me atrevería a decirte que, más que ninguna otra cosa, la experiencia ha sido mi mayor maestra. Si me preguntas por mis referentes, siempre he estado súper inspirada por Mary Blair, Alexander Girard, Picasso y Matisse. Y entre toda la gente que he conocido, puedo afirmar que he tenido un par de mentores con quienes trabajé y que me guiaron mucho. Uno de ellos es el fotógrafo Aaron Chang.
Tu trabajo se reparte entre el arte y el diseño gráfico. ¿Podrías explicarnos cuál es tu proceso creativo y qué técnicas utilizas habitualmente para realizar tus piezas?
Dibujar a lápiz en mi libreta es básico y creo que nunca dejaré de hacerlo. Aunque ahora también uso bastante el iPad para realizar bocetos. En el fondo, la técnica siempre depende del proyecto. Lo digital facilita mucho el proceso, pero pintar con gouache o lapiceros es súper importante para mí. Cuando utilizo el iPad me gusta que mis trabajos tengan un poco de textura o que pueda percibirse que no es un arte vectorial. Actualmente, con la tecnología y las diferentes aplicaciones de las tablets, puede lograrse este resultado y, a pesar de que afirmen que es digital y no hecho a mano, al final termina siendo algo artesanal por que estás usando un lápiz digital y estás controlando tu pulso para dibujar. Estos avances te evitan tener que escanear los originales y puedes retomar el proyecto muchas veces para cambiarlo, mejorarlo y modificarlo con mayor facilida d. Sin embargo, tengo una colección de sketchbooks donde pinto y dibujo de manera tradicional.
Normalmente aceptas encargos de marcas como Patagonia, Onzie, Volcom, Reef, DC Shoes y Dusters. ¿Existe alguna diferencia entre tus obras personales y los trabajos para empresas?
Siempre trato de establecer un limite entre lo que es para una empresa y lo que forma parte de mi arte personal. El resultado depende mucho del cliente y de lo que quiera conseguir. Si desean una pieza visual con mi estilo o algo más libre donde harán referencia a mi nombre, entonces uso un estilo mucho más personal. Creo que lo que buscan las marcas comerciales es experiencia y un portfolio que la respalde.
Entre 2009 y 2013 fuiste directora de arte y diseñadora gráfica para la división de camisetas de Billabong. ¿Cuál es el verdadero reto a la hora de trabajar para una marca de moda tan famosa?
Trabajar en Billabong fue lo más parecido a hacer un máster. Y se convirtió en una de las mejores experiencias laborales que he tenido en términos de aprendizaje personal y artístico. Además, descubrí muchas cosas sobre lo que soy capaz de crear. Cuando me incorporé en sus oficinas, realmente no sabia en qué me había metido. Empecé haciendo arte para los t-shirts junto a otra artista y a una directora de arte. Al cabo de tres meses, la directora de arte renunció y despidieron a mi compañera, así que me quedé sola a cargo de ese departamento. Tenía que hacerlo todo por mi cuenta: la dirección de arte y todos los artes finales para una línea gigante de 30 diseños por temporada. La premisa es que no todo tiene que parecer igual y debes saber hacer diseños para los diferentes tipos de consumidor. Y no solo para mujeres, sino que también tuve que hacer el arte para la línea de niñas.
En los últimos años también te has dedicado a hacer murales para comercios, como Madness Creamery o Burger Lounge. ¿Cómo describirías estos trabajos de gran formato fuera del estudio?
No son proyectos tan distintos. Todos los murales que he realizado han sido para locales comerciales de comida o cafés. Se trata de una manera más de comunicar una idea y, realmente, disfruto mucho haciendo este tipo de encargos. Es algo que la persona que se dispone a consumir su desayuno, su almuerzo o su comida verá justo al entrar en el local. El cliente me pide de manera específica lo que quiere comunicar con el arte y cómo éste debe representar a su marca. A partir de esa información yo creo la ilustración. Es algo que expone tu creatividad a muchísimas personas y son paredes muy grandes que, junto a la decoración, marcan el tono del ambiente del local.
Formas parte de la generación que nació en un entorno analógico y presenció la explosión digital. ¿Podríamos afirmar que tu arte se encuentra en medio de esos dos conceptos antagónicos?
Totalmente cierto, porque empecé con lo analógico y ahora pienso en digital. Por ejemplo, cuando quiero hacer una impresión primero desarrollo la idea, y ya sé por completo cómo la voy a armar en digital, qué colores utilizaré, etc. Pero, en la mayoría de casos, para empezar un proyecto tengo que hacer muchos pasos de manera analógica. Por este motivo puedo afirmar que mis piezas tienen cosas de ambos mundos, tanto de digital como de analógico.
Por curiosidad, ¿podrías explicarnos la rutina de un día normal de trabajo en tu estudio y cómo la compaginas con la maternidad? ¿Qué actividades realizas para desconectar de los lápices?
Mis jornadas son usualmente caóticas, entre dos niños (uno de 5 años y una bebé de 4 meses), mi esposo, mi tienda online y el warehouse donde guardo las cosas que está en mi garaje. Cuando ya estoy lista para trabajar, pienso en todo lo que tengo que hacer. Entonces hago una lista, trato de meditar y tomo un par de cafés. Luego arranco con los e-mails y cosas así. Más tarde empiezo con un proyecto y dibujo. También me gusta investigar, salir a hacer deporte o meterme en el mar. Después vuelvo a sentarme a dibujar y así se me va el día hasta que, de nuevo, regreso con los niños y las cosas de casa.
Teniendo en cuenta el avance imparable de la globalización y de las redes sociales, ¿crees que el arte todavía puede influir en la sociedad o en la política como sucedía en la década de los 60?
No estoy segura de si el arte puede influir en la sociedad de igual manera que en aquella época porque ahora hay una gran saturación en las redes. El arte es una fuente interminable de inspiración, pero también hay demasiada información al alcance de la mano. Me doy cuenta de que algunos estilos son súper parecidos en muchos artistas o incluso veo a creadores con miles de seguidores cuyo arte no es quizá tan relevante. A veces veo cosas que algunos de ellos postean y pienso: “Esto debe haberle tomado tres minutos en hacer, tienen 5.000 likes y es una raya roja en un cuadrado negro que mi hijo podría haber dibujado”. Mi vínculo con los social media es de amor y de odio. Pero no puedo vivir sin ello, es una relación tormentosa.
Para terminar la entrevista, una pregunta de ciencia ficción: si tuvieras una máquina del tiempo ¿a qué época te gustaría viajar y a qué personaje histórico desearías conocer?
Me gustaría haber vivido en los años 50 y, en caso de poder conocer a un personaje relevante de la historia, me encantaría que fuera Frida Kahlo. Pero también tomaría un café con Matisse o Picasso. Y, puestos a soñar, me habría gustado estar en un concierto de The Doors o de Bob Marley. Publicado en Visual 195

Texto: David Moreu / Imágenes cedidas por Daniella Manini / /Web de la artista: www.daniellamanini.com

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