MAGAZINE DE DISEÑO, CREATIVIDAD GRÁFICA Y COMUNICACIÓN

ED-Awards 2017


Los European Design Awards cumplieron en 2017 sus primeros diez años de trayectoria. Una aventura que, más allá de los premios y trofeos, busca reivindicar el diseño de calidad, la importancia que esa disciplina tiene para mejorar la vida de los ciudadanos.

premios eduard 17

El pasado 28 de mayo se celebró en Oporto, Portugal, la tradicional conferencia de los ED-Awards 2017. Estos encuentros anuales, en los que participan algunos de los diseñadores internacionales más importantes del continente, concluyen con la ceremonia de entrega de premios de este certamen de diseño europeo que acaba de celebrar sus primeros diez años de existencia.
Para sorpresa de los organizadores, en esta ocasión no ha sido necesario hacer demasiadas gestiones para encontrar el emplazamiento de dicha conferencia. Por primera vez en la historia de los premios, ha sido el propio consistorio de Oporto el que contactó con los ED-Awards para poner a su disposición las instalaciones de la ciudad.
A diferencia de lo que sucede en otras ciudades, las autoridades de la localidad portuguesa han entendido que el diseño es importante, que el diseño atrae y que el diseño vende. No en vano Oporto, ciudad conocida por sus vinos, es la cuna de uno de los iconos gráficos más importantes de la Península junto al toro de Osborne, la botella de Tío Pepe y el Nitrato de Chile: el enigmático hombre con capa de las bodegas Sandeman.
Contra viento y marea

Nacidos poco antes de que estallase la crisis económica mundial que aún colea, los ED-Awards han sabido aguantar el temporal y afianzarse como uno de los certámenes de diseño más prestigiosos del continente.
Después de una década, estos premios son una institución sólida, especialmente en centro Europa, en los países del Este y en algunos territorios mediterráneos entre los que, lamentablemente, no se encuentra España.
Una vez más, y como viene siendo habitual, en la edición de 2017 nuestro país ocupó uno de los puestos más bajos en cuanto a participación. Un dato que contrasta con la proporción de premios obtenidos por estudios españoles.
Las pocas piezas que se inscriben, raro es que no obtengan el derecho a ser incluidas en el catálogo anual, y eso cuando no reciben un trofeo de bronce, plata u oro, como sucedió con Montalbán Estudio, que sorprendió al jurado de esta edición con su magnífico trabajo en la categoría de packaging de bebidas alcohólicas.
Atendiendo a la estadística, si España inscribiera más piezas, su posición en el palmarés sería algo más que destacable. Por tanto, la baja participación de estudios españoles no parece responder a que sus trabajos no puedan competir con los del resto de Europa. Parece que las razones están más relacionadas con la comodidad de competir en un entorno local y, cómo no, la crisis.

ya escampa

Si bien se nota la situación crítica que aún viven muchos estudios en toda Europa, lo cierto es que en esta edición se ha percibido una leve mejoría en algunas categorías. Un detalle que permite ser optimista en cuanto al futuro del diseño europeo.
Al aumento de inversión en sectores como la cultura –que acostumbra a tener una fuerte presencia instituciones públicas y que en los últimos años había casi desaparecido–, se ha sumado el hecho de que muchas empresas han comenzado a entender que el diseño es un elemento necesario para obtener notoriedad y estrechar lazos con el consumidor.
Son muchas las start up y empresas de nueva creación conscientes de que el diseño es una de las mejores formas de darse a conocer en el mercado. Para los emprendedores actuales, el diseño ocupa un lugar destacado en sus planes de negocio, como se ha demostrado con muchos de los trabajos a concurso, algunos de los cuales han sido premiados.
También las empresas con solera han encontrado en el diseño la vía para renovar su público y afianzarse en el mercado. Es el caso, por ejemplo, de Biggans, compañía familiar fabricante de una pasta de pescado ahumado que se alzó con un oro al mejor packaging en la categoría de alimentación.
La propuesta del estudio Bedoe para Biggans combinaba un diseño elegante y atractivo con un coste de producción muy ajustado a un alimento que, aunque aquí resulte inusual, es de gran consumo en Suecia, país en el que las ventas aumentaron un 23 % después de esta renovación.
Algo semejante ha sucedido con las editoriales. En estas empresas, los estragos de la crisis económica se sumaron a los derivados del ocaso del papel como soporte de comunicación. Para intentar superar esa situación, las editoriales han decidido apostar también por el diseño. Ese es el caso de La Repubblica, diario italiano que ha desarrollado un interesante suplemento cultural para incentivar la adquisición de su diario en papel.
Robinson, que así se llama la separata, demuestra que es posible hacer diseño de calidad en el campo informativo, para un público generalista y con efectos positivos tanto en las cuentas de resultados como en el palmarés de los ED-Awards. Premiado finalmente con una Plata, Robinson hubiera sido oro si no fuera porque el trabajo del estudio checo Kolektiv studio para la revista de cine Film A Doba se lo arrebató por muy poco.

trabajo de verdad

Otro de los datos que invitan a pensar que el sector del diseño se está recuperando, al menos en el resto de Europa, es el hecho de que categorías que suelen brillar en épocas de crisis han pasado desapercibidas en esta edición de los ED-Awards.
Trabajos de auto promoción, auto encargo o soportes como calendarios, susceptibles de ser utilizados por los estudios para mostrar su talento cuando no hay otra cosa que mostrar, apenas han llamado la atención este año. De hecho, algunas de esas categorías, como la de calendarios, han quedado desiertas.
Por último, cabe destacar la tendencia iniciada hace unos años por parte de los diseñadores y los clientes. Se trata del empleo responsable del diseño. No solo en lo que se refiere a utilizar la disciplina para comunicar de forma eficaz causas sociales, sino también en lo que afecta al uso meditado de los medios de producción.
Hace ya tiempo que el empleo de materiales, tintas o acabados que no tienen una justificación conceptual más allá de lo puramente ornamental, juega en contra de muchas de las piezas que se presentan a concurso. El colectivo del diseño es cada día más consciente de los costes ecológicos y sociales que supone el gasto innecesario de papel, el uso de barnices o el abuso de determinadas tintas. Sin embargo, ese colectivo también es generoso cuando sabe que esas posibilidades creativas se ponen al servicio de un concepto sólido.

usar la cabeza

Eso es lo que sucedió con Like a Pearl in My Hand, un trabajo del estudio holandés Studio Rob Van Hoesel que se alzó con el Premio del Jurado 2017. El trabajo estaba compuesto por una serie de fotografías que mostraban retratos de niños chinos ciegos que, a consecuencia de la política del hijo único del país asiático, son dados en adopción cuando sus padres descubren esa discapacidad.
La particularidad del proyecto es que las fotografías no se mostraban a simple vista. Lo impedía una capa de tinta negra termosensible. La misma que se utiliza para ocultar determinadas partes de la anatomía humana en esos mecheros de dudoso gusto que puede uno encontrar por ferias y bares carpetovetónicos.
Solo al calentar la superficie era posible ver los rostros de los niños a beneficio de los cuales se había hecho el trabajo. El fin último de esas fotografías era su venta para obtener fondos para una institución que se ocupa de su manutención. Las imágenes, que se podían adquirir de forma unitaria o en la colección completa, tenían además un precio completamente desorbitado, lo que no dejaba de ser acorde al concepto del proyecto que prefería apelar a las grandes fortunas que mortificar a las clases medias.
En resumen, un ejemplo que demuestra que el diseño actual no se entiende sin la responsabilidad del diseñador y el cliente. Definitivamente, a la hora de decidir utilizar tintas termosensibles u otros detalles espectaculares, mejor utilizar la cabeza en lugar de otras partes del cuerpo más afines a esos mecheros propios del Museo Nacional del Mal Gusto que se inventó Francisco Umbral allá por los años 70. ❧

Texto: Eduardo Bravo

Publicado en Visual 187

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