MAGAZINE DE DISEÑO, CREATIVIDAD GRÁFICA Y COMUNICACIÓN

El brief de la Marca España


h_1896_Jugend_SpanishDancer¿Se imaginan que un día entrara por esa puerta un ejecutivo a encargarnos la propaganda de la Marca España? Seguro que la propuesta suscitaría reacciones para todos los gustos, desde el que empezaría a resoplar como una cafetera: “Buf, mire usted… ¡Milagros a Lourdes!” hasta el que se lo tomaría incluso mal: “¿Pero por quién me ha tomado, por una especie de Goebbels o algo así?” Buena prueba de esa biodiversidad la tenemos en una exposición colectiva promovida por artistas españoles residentes en Berlín sobre el tema de la Marca España que fue inaugurada el 19 de Julio pasado en dos salas de la capital alemana: la galería de arte Weißensee Kreativstadt y la residencia de artistas del Europe Creative Center. Más de 90 artistas españoles o afincados aquí han sintetizado en un cartel su visión de la coyuntura actual. Uno de esos diseños, donde Edurne Harran plasmó un código QR de puntos rojigualdos, se erige en símbolo de la lectura rápida que daremos al trabajo de los grafistas, fotógrafos y dibujantes que han exprimido su ingenio para dar una imagen de nuestro país acorde con los tiempos que corren. Publicado en Visual 164


Esta significativa colección de nuestro potencial autocrítico abarca sensibilidades muy diversas que van desde la moral alcoyana que demuestra Ismael Teira al recordar el machadiano lema de “Se hace camino al andar” hasta el recochineo mondo y lirondo de Left Hand Rotation que equipara las manis a los sanfermines. La Marca España sale bastante mal parada en la mayoría de obras, sea cual sea su grado de transparencia, desde el círculo vicioso de Lucía & Daniel que nos impacta al primer golpe de vista hasta obras francamente crípticas como un mapa geográfico absolutamente irreconocible con el que Daniel Martín nos invita a acudir a la dirección http://vimeo.com/70347039 para descifrarlo. Vemos también un nuevo lema en nuestro viejo escudo por iniciativa de Eugenio Merino; una gráfica preocupante con los colores de la enseña nacional por obra y arte de Fermín Diez; escudo y enseña que le sirven a Magdalena Adrover de decorado para una nueva variante del lema de Keep Calm, ahora con la coletilla de “…and Watch the Football Match”; Fur Alle Falle nos ve acartonados por nuestro folklore; y el más inquietante dislate, el águila del escudo alemán presidiendo nuestra bandera, con lo que Julio Falagán nos remite de pronto al periodo preconstitucional, esta vez no por nuestras ínfulas imperialistas sino por las ajenas; alusiones en suma a la dictadura formal en que vivimos según la luminosa definición que nos legara Jardiel Poncela cuando escribió “Dictadura: Sistema de gobierno en el que lo que no está prohibido es obligatorio”.
Y lo peor es que a los artistas no se les puede culpar de pesimismo dadas las circunstancias. Estamos en dique seco como concluye Ignacio Navas; estamos como para llevarnos al desguace según ilustra Clara Puente; estamos embarrancados como propone Jara López; estamos patas arriba tal como apunta Diego de los Reyes; estamos tomando el castigo, como nos ve José F. Ríos; estamos en los huesos, según la maliciosa metáfora de Nacho Torra pero eso sí, del que fuera un sabrosísimo jamón de bellota pata negra y todavía nos queda sabor para el caldo… Eso los que emigren, claro. Florencia Rojas emite el pasaporte preciso para salir de noche.
Las culpas están tan repartidas que el premio gordo queda pulverizado en birriosa pedrea, Arantxa Boyero denuncia el choriceo, José Deconde advierte sobre la inanición, Héctor Francesch deplora el conformismo, Santiago Morilla reniega del lastre histórico, Raúl Ruíz Mateos agrupa todos los males poniendo en la picota el conformismo ante el lastre histórico, mientras que Luís Alipio incide en el marianismo, jugando acaso con el nombre de pila del presidente. Entre todos la mataron y ella sola se murió. Estos carteles y algunos más están recogidos en la página http://marca-espana.tumblr.com, prestos para divulgarlos cada cual según su corazoncito.
Soluciones, ya eso es más difícil de encontrar; no ya remedios milagrosos sino tan siquiera parches para tapar el agujero; sin embargo –yo soy de los que ven la botella media llena– por lo menos se ha eliminado de nuestro vocabulario la palabra “conspiranoico”, por la sencilla razón de que ahora hasta el más iluso está convencido de que todo lo que se diga es poco; de no creer una palabra a los agoreros hemos pasado a tener la certeza de estar sobre arenas movedizas, convencidos de que cuanto más nos movamos es peor. Algo hemos ganado. En cuanto a las propuestas, el Colectivo Masentero nos ve con bríos para echarnos al monte a lomos de una burra en defensa de la tilde, David Trullo propone una colecta para ayudar la maltrecha economía española, no es mala idea, si cada chino nos ingresara un euro otro gallo nos cantara. Fidencio de la Raza apuesta por una mutación genética y finalmente Marta Solana & Susana Delgado nos recuerdan que el sol sigue estando de nuestra parte.
Así las cosas, habíamos quedado en que entraba por esa puerta un ejecutivo a encargarnos el logotipo de la Marca España. ¡La Marca España! que nació de un Real Decreto –concretamente el 998/2012– el 28 de Junio de dicho año ¿hay algo más impopular que un decreto? No digo yo de habérnoslo consultado, pero si por lo menos lo hubieran echado a suertes no sonaría tan mal. Toma decretazo y encima Real, casi que sería preferible que en vez de Real hubiera sido Falso. A raíz de esa orden se creó la figura del Alto Comisionado del Gobierno para la Marca España. No le faltaba más que eso, con la que está cayendo a cuenta de los trinques y las comisiones… ¿Cómo se les ocurre llamarle a ese cargo “Alto Comisionado”? ¿Más comisionado aún que los demás? Pues estará forrado el hombre y si no que me perdone, pero eso es llamar al mal tiempo. ¡Hombre, hombre!… Se le llama Secretario, que es lo que es, un Secretario del Estado y el título ya no da lugar a suspicacias; se le llama Encargado, Alto Encargado si quieren, pero no Comisionado, por al amor de dios que no está el horno para bollos. Y ya por último hay que elegir bien al personal o cuando menos advertirle de que no tuitée si no es en presencia de su asesor de imagen, que no hace mucho ya tuvo que cesar uno por excesos verbales, lo cual es maravilloso porque el Twitter no permite más que 140 caracteres por mensaje. Manda uebos cometer excesos verbales con tan pocas letras, mientras que aquí vamos camino de los 10.000 caracteres con una correción política intachable.
Así las cosas, aceptamos el encargo del ejecutivo que ha pasado por la puerta aunque en nuestro fuero interno hubiéramos preferido que nos pidieran un cartel para la exposición de Berlín, así podríamos descosernos a gusto dibujando la nación como un gran Casino con la ruleta trucada y la leyenda “La banca siempre gana”. Pero el trabajo es el trabajo, acometemos la empresa con buen talante y profesionalidad a raudales como el abogado que aceptó la defensa de Jack el Destripador: “Tome asiento ¿ha traído usted el brief?”
El brief, como ustedes saben, es el informe que el cliente entrega a la agencia con la información necesaria para realizar su trabajo ¿Cual vendría a ser el de la Marca España? ¿Cual es el ámbito demográfico, el público potencial, las características del producto, quién es la competencia, cual es su historial, se trata de una campaña de mantenimiento o se aspira a un reposicionamiento a cotas anteriores, y en ese caso cuáles, a qué aspiramos, a recuperar el bienestar social, las ilusiones de la Transición o el lustre del Siglo de Oro? Todo eso es el brief y sin brief no hay tu tía. Hay que repasar la documentación existente con tal de determinar cual es el principio activo, conocer los antecedentes históricos, sus características y sus logros.
España se ha mostrado al extranjero en base a dos tópicos de sobra conocidos: los toros y la música, no digo flamenca porque la exportación de cantadores, bailarinas y guitarristas comenzó antes de la eclosión de dicho género. En cuanto a la tauromaquia, baste recordar la colección de litografías que realizó Goya en Burdeos en 1825, el genio de Fuendetodos se hallaba en el exilio por la restauración del absolutismo, con lo cual su visión de la fiesta era mucho más sombría que cuando se dedicaba a retratar matadores, majas y bailes a orillas del Manzanares, los tintes grotescos de aquella serie le convierten en un precedente claro de la vena autocrítica que hemos comentado. En la portada de la revista Puck de 1898, Dalrymple caricaturiza a Emile Zola vistiéndole de torero para subrayar el valor que tuvo al dirigirse a la nación francesa, sumida en la debacle, únicamente armado de su pluma y la verdad. Conserva la lidia esa metáfora positiva pero en las películas antiguas asistimos horrorizados a la vulnerabilidad del caballo del picador que recibía al toro a pecho descubierto, si se optó por protegerle con muy buen criterio ahora hemos llegado a un punto en que habrá que ir pensando en acolchar también al toro o limitarse a los lances de capa. Inflingir castigo al astado no tiene porvenir… Como no sea al cornudo de la presidencia que saldría arrastrado por las mulillas entre grandes aplausos.
Por lo que respecta a la música, la fuga de cerebros obsequió al mundo con una serie de guitarristas geniales como Fernando Sor, Dionisio Aguado y Trinidad Huerta que pasearon nuestras esencias por los mejores coliseos del mundo, así como cantantes de ópera de la talla la familia García, Isabel Colbrán y Lorenza Correa que dejaron huérfanos los teatros de la corte para entrar en la órbita de Rossini, el compositor culto más conocido del público; si no por sus óperas, por sus canelones. Nos iremos acercando a Berlín, adonde queremos llegar para hacernos a una idea de la imagen gráfica que allí tenían de nosotros; la débil sonoridad de la guitarra romántica y la sutileza del belcantismo español puede que le supiera a poco al melómano alemán que tenía el gusto colmado por la ampliación orquestal propiciada por Wagner. Sucumbieron no obstante a las delicias de nuestro baile. La primera vez que vieron en Berlín una bailarina española posiblemente fuera austríaca en realidad, ya que la moda del baile bolero se extendió por Europa debido al entusiasmo con que lo aclamaron escritores como Teófilo Gautier, Víctor Hugo y Alejandro Dumas. Siguiendo la estela triunfal de Dolores Serral en París se montó un ballet de tema español titulado “Le diable boiteaux” cuyo papel principal fue encomendado a la preciosa bailarina vienesa Fanny Elssler que, empapada del arte castañuelístico de la Dolores, logró un éxito sin precedentes con el baile de La Cachucha. Inmediatamente se apuntó su eterna rival, la evanescente María Taglioni, que interpretó papeles de gitana y tras ellas la Cerrito, Carlota Grisi, Lucille Grahn… y Lola Montez que merece punto y aparte.
Fue una de aquellas euroboleras exóticas, irlandesa de ojos azules, con la piel como el mármol de Carrara y bailando lastimosamente, lo que no le impedía hacerse pasar por sevillana. No puede decirse que en París recibiera malas críticas, uno que se atrevió a señalar que lo mejor de su arte era la amplitud del escote fue retado a duelo y murió en el lance. La Montez salió de gira hacia Dresde donde se rumoreó un romance con Liszt, de allí a Berlín y finalmente Múnich, entonces capital de la Baviera. Su presentación en el Teatro de la Ópera fue un completo fracaso como de costumbre, pero fue recibida por el rey Ludwig I con muy buenos resultados, se le adjudicó una vivienda de lujo y una asignación económica con cargo a la corona, tanto es así que los bávaros los creían amantes mientras que la prensa la acusaba de intromisión en los asuntos económicos del reino. Ludwig I lo negó públicamente pero al obsequiarla con el título de Condesa de Landsfeld la situación se desbordó produciéndose el 19 de febrero de 1848 una revuelta que le obligó a renunciar a muchas de sus prerrogativas; no es que la hubiera provocado ella, aquel fue un annus horribilis para todos los monarcas de los reinos restaurados, pero sí que fue la excusa perfecta para tomar las calles. Regresó a Londres precipitadamente en vista del mal cariz que tomaban los acontecimientos y Ludwig de Baviera acató la política alemanista en un último intento por conservar el trono. Pero el simple rumor del regreso de su protegida provocaba nuevos tumultos, con lo que no le quedó otra salida que abdicar el 20 de Marzo de 1848.
La Marca España estaba por los suelos, pensemos que los alemanes de aquella generación murieron creídos que todo aquel cipote lo había organizado una bailarina española. El rechazo rozaba el paroxismo, hasta Franz Liszt se vio salpicado por los infundios que corrían sobre Lola Montez, a quien hacían culpable de todos los casos de sífilis que sufría la gente importante. Wagner quedó en mala situación por sus ideas políticas, tuvo que refugiarse en Suiza pesando sobre él una orden de búsqueda y captura que le impidió regresar en muchos años mientras los españolitos de a pie, vivíamos completamente ajenos a los líos bávaros y prusianos, si no llega a ser por Berlanga ni siquiera hubiéramos oído mencionar la palabra austrohúngaro, pero Lola parecía disfrutar con sus andanzas, estaba dispuesta a montar un espectáculo titulado: “Lola Montez, condesa por una hora” y como no la dejaron publicó el libro “Aventuras de una célebre bailarina contadas por ella misma” insistiendo en su impostura. Marchará a España, Australia y los USA donde causará estragos de menor consideración porque su fama la precedía, pero nosotros permaneceremos aquí, en Alemania, para presenciar el momento en que llegue una bailarina española que realmente lo sea.
En la portada de la revista Jugend (Juventud) de Septiembre de 1896 vemos dibujada a la sospechosa con un baile técnico pero expresivo, elegante y formal, marca de la casa; casi medio siglo después los alemanes se habían repuesto del trauma y apreciaban el arte de una verdadera sevillana que bien pudiera tratarse de Doña Matilde Prada, la única a la que la prensa daba el tratamiento de Doña desde que apenas tuvo 18 años, a la vez que recuerdan que había bailado en el Berlín de Guillermo II con otras boleras. “La expedición a Alemania del cuadro flamenco, contada por Matilde sería un libro interesantísimo y fuertemente cómico por los incidentes que el viaje motivó” dice la revista Por esos Mundos, refiriéndose a que marcharon a Alemania sin un intérprete, tuvieron que hacerse entender por señas cada vez que cambiaban de tren, que fue cantidad de veces. Según cuenta la prensa berlinesa, en 1895 llegó un cuadro flamenco que animaba diariamente un teatro con capacidad para 2.500 personas. La compañía se formó en Madrid contratándose a los artistas por cuatro duros (quítese a la expresión “cuatro duros” cualquier tono peyorativo ya que 20 pesetas por persona y día era un buen estipendio en 1895) Aquel espectáculo ponía a tono el coliseo, dando a ganar mucho dinero pues la entrada valía el equivalente a una peseta que solía multiplicarse por la totalidad del aforo.
También nos consta que en 1908 actuaba en Berlín una jovencísima Tórtola Valencia con un baile clásico y un corsé de talle de avispa propio de la época; de aquellos años es el óleo del pintor alemán Arthur Kampf que cazó a una bailaora en la capital alemana. Los mejores artistas españoles estaban esparcidos por Europa, compositores como Albéniz, Granados, Turina y Falla, el gran pianista Ricardo Viñes, el monumental Sarasate, guitarristas como Tárrega, mientras que aquí nos lamentábamos por la crisis de valores. Tuvo que venir una hecatombe europea como fue la guerra del 14 para que se produjera un repliegue de cerebros que motivaron el nacimiento de lo que se dio en llamar Nacionalismo musical. Solo así se explica la formación de un movimiento con ese nombre y efectivos de todas las regiones, principalmente catalanes, vascos y andaluces interpretando de manera exquisita la música española que era tan apreciada en cualquier parte del mundo menos aquí. Texto: Tomás Sainz Rofes

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