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Gary Wong. West coast postmodernism


Mucho antes de convertirse en una figura de culto del arte underground y de exponer sus lienzos en las galerías más prestigiosas de los Estados Unidos, Gary Wong fue un joven comprometido con los ideales de la contracultura de los años 60 que se dejó llevar por la utopía de los poetas Beat. Entonces su vida giraba entorno al blues del Delta del Mississippi que escuchaba en su viejo tocadiscos, a su fascinación por la pintura abstracta y a las ansias por disfrutar de un carpe diem sin fin, hasta que el sol despuntara en las playas de California. Esta fama de rebelde criado en los barrios periféricos de Los Ángeles que se oponía a las convenciones sociales ha sido una constante que lo ha perseguido a lo largo de su carrera, hasta que llegó la revolución digital y decidió reinventarse por completo junto al colectivo California Locos para demostrar a las nuevas generaciones que su creatividad seguía vigente en pleno siglo XXI. Una historia asombrosa que tuvo sus momentos álgidos en las manifestaciones por los derechos civiles antes del asesinato de Martin Luther King, en sus amistades célebres con artistas de la talla de John Van Hamersveld y Terry Allen, en su vinculación con la incipiente escena del skate y en las aventuras por escenarios gracias a su alter ego musical conocido como Charlie Chan. Todo lo demás son notas a pie de página en la biografía de un artista que ha roto tabúes con sus collages y que ha demostrado que también existe un lugar destacado para los artistas estadounidenses de origen asiático. Bienvenidos al universo personal, intransferible y postmoderno de Gary Wong.

Gary Wong

Te propongo remontarnos a la década de los 50 en Los Ángeles para conocer los inicios de esta fascinante historia. ¿Cuándo descubriste tu pasión por el arte y el activismo cultural?
A una edad muy temprana ya sabía que sería artista y todo lo que me rodeaba me conducía hacia ese terreno. Una de mis primeras influencias fueron los Beats y me atraía su cultura porque abarcaba música, poesía, literatura y arte. Pero lo más importante era que representaban un estilo de vida alternativo en el que me sentía cómodo. Mis padres no tenían ni idea de lo que me gustaba y, en caso de haberlo sabido, no lo habrían aprobado. Eran conscientes de que quería ser artista, aunque decían: “Deberías hacer algo útil con tu vida”. Cuando era joven me di cuenta de que el arte era muy importante para mí y que tanto el daltonismo como la dislexia que me diagnosticaron eran unas herramientas de percepción que me permitían ver las cosas de una manera distinta al resto. Creía que ése podía ser el camino hacia la verdad. Me imaginaba viviendo como un artista, sólo necesitaba lograrlo. Por el contrario, mis padres tenían una visión más conservadora: “¿Quieres ser artista? Morirás antes de ser famoso”.
¿Qué significaba vivir como los Beats en una época en la que el rock n’ roll todavía no había revolucionado la sociedad norteamericana?
Me escapaba de casa, subía al tren y hacía autostop a través de Los Ángeles para llegar al Museo de Arte. Sentía un gran respeto por ese lugar, casi como si fuera una iglesia. Recuerdo que pasaba horas allí con una libreta y carboncillo dibujando obras de Picasso, Miró y Braque. Esos viajes me llevaron por diferentes partes de la ciudad, siempre guiado por mi instinto, y viví experiencias extraordinarias. Por ejemplo, cogía el tren e iba a locales de Beatniks como The Gas House o The Venice West donde se organizaban conciertos de percusión y lecturas de poesía. Allí se reunían personajes con el pelo largo y grandes barbas que eran escritores, poetas, músicos y artistas. Entonces era menor de edad y tenía que quedarme en la puerta, pero lo aceptaba porque sentía que ése era mi lugar.
¿Cómo recuerdas tu etapa en el Chouinard Art Institute en los años 60? Tengo entendido que tuviste profesores tan ilustres como Emerson Woelffer y Matsumi Kanemitsu…
Chouinard era la experiencia más liberadora que un joven estudiante podía desear. Allí aprendí a ser artista, a manejar materiales y a aplicar todo tipo de técnicas. También me enseñaron a interpretar cuadros a base de entrenar la mirada, aunque lo más importante fue darme cuenta de que podía crear algo de la nada. Emerson tenía una manera apasionada de afrontar la pintura e incluía elementos místicos que aportaban un significado profundo a sus obras, más allá de la abstracción. Con él aprendí lecciones extraordinarias por el simple hecho de estar cerca de su energía. Matsumi fue clave a la hora de entender qué significa ser un artista estadounidense de origen asiático y qué opciones tenía para prosperar. Su estética desprendía un sabor exótico y el trazo de sus pinceles recordaba a las acuarelas sumi. Ambos tuvieron una gran influencia en mi arte y en mi vida.
Entonces California se convirtió en el epicentro de la contracultura. ¿Participaste en marchas pacíficas por los derechos civiles o en protestas en contra de la Guerra de Vietnam?
Me involucré en manifestaciones en contra de la guerra y a favor de los derechos civiles. Eso hizo que me detuvieran por desobediencia civil durante una protesta por el bombardeo de una iglesia en Alabama donde murieron cuatro niñas. Me posicioné del lado de los Panteras Negras, de los Black Muslims y del Comité Coordinador Estudiantil No Violento. A pesar de que no estaba afiliado a ninguno de estos grupos, su mensaje me atraía y reaccioné a su llamada de atención. Desconozco si otros estudiantes de Chouinard participaron activamente, aunque tanto Terry Allen como yo organizamos una protesta antibelicista en el patio del edificio Grandview. Recuerdo que Emerson animaba a los estudiantes a salir a la calle y a mezclarse con la gente con la frase: “¿Por qué no estáis allí fuera protestando?” Mis actividades antibelicistas me llevaron a una suspensión académica porque perdí un trimestre entero. Sin embargo, no creo que nadie en la escuela supiera a qué me dedicaba y, aún menos, que me encarcelaran. Para muchos, simplemente “me perdí en el sistema”, pero esa es otra historia.
He leído que también eres un gran aficionado al blues. ¿Cuándo entraste en contacto con este género musical originario del Delta del Mississippi?
En 1964 me encarcelaron después de participar en ese acto de desobediencia civil. En aquella época llevaba siempre una armónica Bb Hohner Marine Band en el bolsillo trasero de los pantalones y, por alguna razón, seguía teniéndola a pesar de estar arrestado. Después de moverme por varios sitios, acabé compartiendo celda con un hombre negro que también tenía una Bb Marine Band. Yo la había guardado durante meses en mi bolsillo y ahora me cruzaba con un desconocido que tenía una idéntica. Así que no dudé en preguntarle: “¿Dónde está el blues?” Él me miró fijamente y sólo dijo: “Entre los agujeros 2 y 3”. Al día siguiente me mandaron a otra cárcel y nunca más volví a ver a ese tipo, aunque recibí mi primera lección de armónica. Entonces toqué y toqué hasta que encontré la Blue Note. Ése fue el inicio de mi aventura en el mundo del blues y aquí sigo porque me he ganado cierto respeto por parte de mis compañeros. Sin embargo, el hecho de ser asiático e interpretar música negra me hizo experimentar la discriminación racial de un modo inverso.
¿Podrías contarnos qué técnicas utilizas habitualmente para realizar tus cuadros y qué te aporta cada una de ellas como medio de expresión?
Desde joven me han atraído las imágenes, tanto por su fuerza visual como por el reto intelectual que suponían. A veces me cruzaba con recortes de periódico mientras pintaba obras abstractas y sentía la necesidad de pegarlos en la pared. Más tarde encontraba otra imagen que estaba relacionada con la anterior y decidía juntarlas. Supongo que era la idea Dadaísta de combinar cosas que no tienen nada en común para convertirlo en arte. Ahora, esta técnica es la base de mi trabajo. Cuando he acumulado suficientes imágenes que se mezclan entre si, entonces me centro en el diálogo que ofrecen. El siguiente paso es homogeneizarlas en términos de tamaño, valor y contraste. Esto lo consigo con una fotocopiadora Xerox en blanco y negro que satisface todas mis necesidades de impresión. Luego pego las copias en un lienzo a modo de collage y esto me ofrece libertad para dibujar, pintar, pegar, rasgar, escribir o realizar cualquier tipo de manipulación para potenciar ese diálogo. A veces añado un pasaje literario o una poesía que hable del tema. Normalmente termino cuando ya no queda ningún espacio en blanco.
Uno de los temas recurrentes en tu obra es la confrontación entre la cultura popular y la iconografía mística oriental. ¿Qué quieres transmitir con esta dualidad?
Es interesante que lo menciones porque siempre busco el tira y afloja de los opuestos. Me gusta ver relaciones entre cosas que aparentemente no tienen nada en común. Lo comparo con los cientos de paradojas que nos bombardean desde todas partes y a las que intentamos dar sentido. En esencia, mis obras no son nada más que una huella visual que refleja este momento concreto. Lo que la gente interpreta es algo suyo, aunque me gusta conocer sus opiniones. Esas imágenes representan algo que flota en mi mente, como un pensamiento que ha salido a la luz, y cuando se combinan con otra imagen, entonces se crea un diálogo interesante.
¿Sería acertado afirmar que tus lienzos también reflejan tus convicciones sociales y políticas? Puede que el arte todavía sea capaz de cambiar el mundo que nos rodea.
Las actividades políticas me dejaron un sabor amargo. No fue hasta que tuve mi “bautizo” Rastafari que me di cuenta de que no había ninguna necesidad de adentrarse en una maquinaria que manipula los pensamientos de la gente. Esto fue un alivio frente a mi posición beligerante que veía la política como algo muy importante. Para mí, cuando las imágenes y las fotografías se usan deliberadamente como propaganda, entonces pierden el componente artístico. Creo que si alguien quiere demostrar su convicción política, debe salir a la calle y hacerse escuchar. Sin embargo, no es raro que elija imágenes que puedan tener connotaciones políticas o religiosas… aunque mi objetivo no es hablar de esos temas, sino incluirlos en los diálogos que surgen entre las imágenes. La política tiende a oscurecer a la estética.
¿Cómo es un día normal de trabajo en tu estudio de Los Ángeles y cuál sería la banda sonora ideal para inspirar una pieza de gran formato?
Al principio me dedicaba a pintar grandes cuadros abstractos y mantenía una rutina basada en el trabajo diario en el estudio. Sin embargo, hoy permanezco al margen de una “carrera” y de los dictados del sistema de galerías de arte, por este motivo soy libre de afrontar mis obras sin limitaciones. Esto me permite seguir mi propio ritmo y crear cosas sólo cuando siento necesidad de expresarme. He aprendido a escuchar a mi musa y a trabajar con ella de manera acorde. Siempre pongo música, sobre todo clásicos de reggae, jazz, blues o música sufí. Todo depende de mi estado de ánimo o de la actitud que quiero tener mientras trabajo. Aunque si estoy concentrado en algo, no escucho nada de mi alrededor.
¿Crees que tu manera de entender el arte ha cambiado o evolucionado a lo largo de las décadas, a pesar de haber vivido siempre en la Costa Oeste norteamericana?
Después de mi etapa en Chouinard, pasé más de treinta años abriéndome camino en el mundo del arte abstracto norteamericano con grandes lienzos. La pintura era mi fuente de inspiración y los elementos inherentes en la abstracción del crítico Clement Greenberg eran mi guía para el color, la estructura, las figuras y todo lo demás. Después de perseguir el deseo de hacer arte en mayúsculas, sentí que me había quedado arrinconado. Me llevó una década salir de allí y encontrar mi propio camino gracias a las obras que llevo haciendo desde hace veinte años.
Para terminar la entrevista, una pregunta de ciencia ficción: si tuvieras una máquina del tiempo ¿a qué época te gustaría viajar y a qué personaje histórico te gustaría conocer?
No hay ningún período histórico mejor que el presente y no me gustaría cambiarme por nadie en el mundo. Visto en perspectiva, puedo decir honestamente que he llevado una vida interesante, rica y variada. Y sigue siendo así. Por este motivo no siento la necesidad de cambiarla por nada ni por nadie.


Texto: David Moreu. Imágenes: Gary Wong & California Locos. Web del artista: www.californialocos.com

Publicado en Visual 182

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