MAGAZINE DE DISEÑO, CREATIVIDAD GRÁFICA Y COMUNICACIÓN

Grafficants. La revolución de los iconos underground


El movimiento punk se ha convertido en una de las escenas culturales más influyentes de las últimas cuatro décadas. Una montaña rusa de sueños, éxitos, fracasos y tragedias que empezó al ritmo de God Save the Queen en la Inglaterra decadente de 1977, que sobrevivió a las largas colas para ver en directo a los Ramones en el CBGB de Nueva York en los años 80, y que vivió su renacimiento comercial en la costa californiana en pleno apogeo de la MTV gracias a bandas como Rancid y Face to Face.

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No en vano, se trata de una música con un fuerte componente reivindicativo y, en cada una de estas paradas geográficas, fue adoptando una iconografía visual que hoy es tan reconocible (o incluso más) que su espectacular banda sonora. Un monstruo salido de una película de serie B que extiende sus tentáculos hacia la moda, que mira de reojo a los cómics underground, que se acerca a la rebeldía del surf y que también se ha dejado contagiar por el inconformismo del skate. Todos estos detalles son notas a pie de página de una historia que sigue dictando sus propias normas, a pesar de que miramos con cierta nostalgia aquella época no tan lejana donde lo alternativo tenía el poder de cambiar el mundo. Uno de los herederos de esta filosofía de vida es Joel Abad, un ilustrador barcelonés que fundó un estudio de diseño llamado Grafficants, y hoy se ha convertido en un referente gracias a sus pósteres de conciertos para bandas de punk internacionales. Una entrevista que nos adentra en su pasión por los iconos groseros y su trabajo extremadamente detallista, al mismo tiempo que reflexiona sobre ese lugar creativo donde lo digital todavía se confunde con lo analógico.

Te propongo remontarnos a los inicios de esta historia. ¿Podrías contarnos de dónde eres, cuál es tu formación y cuándo descubriste tu pasión por la ilustración?
Nací, crecí y vivo en Manresa (Barcelona) desde 1980. Era el típico niño que se pasaba las horas dibujando en el colegio y entonces me mandaron a hacer clases de dibujo al estudio de un pintor, que era amigo de mi abuelo. Allí aprendí varias técnicas y buenas teorías que todavía pongo en práctica. A pesar de que lo suyo era el óleo, me influyó mucho su gran colección de cómics underground norteamericanos de los años 70. Después acabé estudiando diseño gráfico en Barcelona, donde seguí haciendo clases de dibujo y también me introduje en el mundo del grafiti, algo que tengo totalmente apartado hoy en día. Pero el gran secreto es la práctica y la constancia. Años atrás necesitaba referencias para todo y ahora procuro dibujar de memoria, así consigo un carácter más personal.
Tu estudio de diseño se llama Grafficants y en tu web proclamas que estás especializado en graph trafficking. ¿Cómo definirías tu filosofía de trabajo?
Grafficants empezó en 2005 y lo que hacía era traficar con gráfico. He trabajado muchos años de diseñador por el dinero y, de vez en cuando, colaba mis ilustraciones en revistas. Ahora el volumen de ilustraciones ha subido, el de gráfico ha bajado y mi pasión por lo que hago está por las nubes. La verdad es que apenas diferencio el trabajo de mi vida privada, aunque debería hacerlo más. Esto es lo que hago, es lo que me gusta y lo que quiero seguir haciendo. No me molesta dedicar excesivo tiempo al dibujo, lo más importante es quedar satisfecho. Mi principal intención es tener más obra y de más calidad. Aunque Grafficants siga a tope, la mayor parte de piezas vienen firmadas con mi nombre y no con el del estudio para así diferenciar el estilo más personal del trabajo de diseño sin sello propio.
Formas parte de la generación que creció en un mundo analógico y presenció la explosión digital. ¿Sería acertado afirmar que tu arte se encuentra en medio de esos dos conceptos? ¿Crees que la rebeldía es la mejor manera que tienen hoy los artistas para dar a conocer su obra?
Aprendí a dibujar en papel y ahora raramente lo toco. Al principio usaba la tecnología para escanear, maquetar y pintar dibujos hechos a mano, pero las tabletas gráficas me cambiaron la vida. Pasé todo el proceso de ilustración al ordenador. Sin embargo, me gusta que mi trabajo no se vea digital e invierto mucho esfuerzo en conseguirlo. La gente se sorprende al descubrir cómo lo hago. Por otra parte, no he abandonado del todo el mundo analógico porque realizo murales con pincel. Tengo varios lienzos pintados, algunos al óleo y otros en acrílico, también un par de libretas que saco a relucir en verano porque entonces estoy más días apartado del ordenador y sacio las ganas de crear dibujando mi entorno. Me gusta mucho utilizar elementos que provoquen rechazo y que sean groseros o de mal gusto en mis ilustraciones. Es cierto que esto me cierra muchas puertas, aunque funciona muy bien en el sector donde me muevo. Cada vez mi obra es más conocida y esta rebeldía ha funcionado muy bien. Es una buena manera de darte a conocer, pero la mejor de todas son las redes sociales.
Por curiosidad, ¿podrías explicarnos cuál es tu proceso creativo y qué técnicas utilizas habitualmente para realizar tus obras?
Antes de ponerme con una ilustración o póster, siempre le doy vueltas a la idea durante un par de días. Muchas veces me imagino cómo quedará una vez terminado, pero casi todo el trabajo es por encargo y debe pasar algún tipo de aprobación. A veces con un simple boceto ya basta, otras veces preparo varias propuestas. Desde un principio lo hago todo en ordenador. Utilizo una Cintiq de las grandes en el estudio y, en caso de que me lleve trabajo a casa, tengo una Companion. Me resulta de gran ayuda poder modificar y mover partes del boceto sin tener que borrarlo y volver a dibujar. Cuando tengo clara la dirección a seguir, preparo un boceto final y dedico mucho tiempo a este proceso porque es la parte más importante. Después, con mucha paciencia, lo repaso con la línea definitiva y acostumbro a usar Photoshop, con los pinceles básicos y sensibles a presión. También sombreo muy por encima para tener claro donde irán las luces y sombras, y luego lo utilizo como referencia para hacerlo con más detalle. Por último viene el color e intento limitarlo a 4 o 5 principales, que se van aclarando o oscureciendo. Habitualmente tardo un par de días por póster, pero alguna vez me ha llevado una semana.
Una constante en tus ilustraciones es el uso de iconos de la cultura trash, tanto de cómics y música punk, como de skate y elementos de serie B. ¿Por qué te gustan tanto estos iconos?
Me siento muy cómodo con estas temáticas y siempre me han fascinado. Funcionan muy bien con las ideas que quiero representar en las ilustraciones y son el tipo de iconos que me rodean en todo lo que consumo: películas, música, libros, videojuegos y ropa. Ha llegado un punto en el que forman parte de mi estilo personal y son recursos que controlo bastante bien. Muchas veces me encargan cosas concretas porque las han visto y quieren algo similar. Son iconos importantes en la cultura pop de las últimas décadas porque están repletos de significado, ayudan a representar los conceptos de estas escenas de forma clara y son muy identificativos.
Una de tus facetas profesionales es el diseño de carteles para conciertos de grupos punk. ¿Cómo funcionan este tipo de encargos y cuáles son sus “normas no escritas”?
He tenido la suerte de recibir encargos de promotoras de grandes bandas, ambos hemos quedado satisfechos y hemos repetido. Rara vez es la banda quien me pide los trabajos, pero sí que me llegan halagos de su parte. No hay normas escritas, siempre miro pósteres anteriores del artista para no repetir temáticas e intento plasmar elementos distintivos para hacerlos más personalizados. Me fijo en la discografía, en las letras de canciones o en su iconografía para encontrar ideas. Existen dos tipos de póster muy diferenciados: en unos prevalece la comunicación del evento, en otros el arte porque se busca convertirlo en un elemento de coleccionismo. Si hay que meter 8 bandas, 5 fechas, 20 puntos de venta y 15 logos en un cartel, debo hacer malabarismos para maquetar la información y dejar espacio para la ilustración. En esos casos fusiono dibujo y tipografía artesanal para hacerlo más atractivo. Sucede todo lo contrario cuando prevalece el arte porque entonces puedo lucirme más a gusto.
Revisando tu portfolio he visto que aceptas encargos para sellos discográficos, revistas de música, festivales e incluso te atreves con grandes murales. ¿Existe alguna diferencia entre tus obras personales y los trabajos para empresas?
Tengo muy poca obra personal y casi todo lo que hago son encargos, pero estos últimos años he adquirido la costumbre de colaborar en fanzines de arte como Unibrow o Monsters Holding Bitches, en publicaciones variadas como el Artists of Instagram y en el libro Tony Hawk & Chris Hosoi. También he participado en exposiciones colectivas en la Gallery 1988 de Los Ángeles. De este modo he tenido más libertad para algunas de mis ilustraciones. Realmente tampoco existe mucha diferencia entre unas y otras, porque incluso los encargos para empresas son muy personales. Las marcas se sienten atraídas por cuestión de target y, gracias a mi trabajo, pueden llegar a él. Me apasiona el punk rock, además de la escena surf y skate, y utilizo mucha iconografía de ambos mundos para basar mis ilustraciones. Y éstas acaban llegando a un público igual de apasionado.
Por curiosidad, ¿cómo es un día normal de trabajo en tu estudio y cuál sería la banda sonora ideal para inspirar una ilustración con ecos de rock n’ roll?
Llego a las 9:30h, después de haber dejado a mis niños en el cole. Me siento frente a la pantalla y de allí no levanto cabeza hasta la hora de comer. Luego vuelvo manos a la obra hasta la tarde. En mi estudio la música empieza a sonar después de encender las luces y se apaga antes de cerrarlas. Eso sí, hay música para escuchar y música para trabajar. Según qué discos, tengo que sacarlos a la segunda canción porque me ponen de los nervios, y otros pueden sonar durante 8 o 10 horas seguidas. Soy un gran fan del pop rock inglés y, a menudo, escucho RadioX por Internet. El buen reggae hace que las horas pasen volando y el punk rock es el tipo de música que más he vivido. Por ejemplo, The Queers es una de mis bandas favoritas, e incluso hice de roadie en una de sus giras por Europa. Al finalizar me encargaron el artwork de un álbum. Aparte de ellos, hay muchas más bandas con las que he colaborado y que me han hecho especial ilusión. Esto era impensable en mis inicios porque crecí escuchando sus canciones.
En un mundo tan globalizado como el actual, tus obras pueden interpretarse como una reacción a la cultura de masas. ¿De dónde surge la inspiración para empezar a dibujar? ¿Crees que el arte todavía puede influir de algún modo en la sociedad?
Aunque mi trabajo es muy personal, es evidente que tengo grandes influencias temáticas y de estilo. Mis dibujos no son una reacción directa a la cultura de masas, pero a nivel visual me atrae esa voluntad de molestar a la amplia mayoría. Si una de mis obras tiene repercusión en las redes sociales, intento explotar los puntos fuertes o hacer lo contrario si no ha gustado. La inspiración no puede forzarse porque la idea viene cuando viene. El problema surge al tener una fecha de entrega y no saber qué hacer. Entonces hay que ayudar a que la idea surja: hojear libros, revisar posts de Instagram, recuperar bocetos y, por suerte, tengo un par de amigos que siempre me ayudan. Más complejo es preguntarse si es el arte el que influye a la sociedad o si es la sociedad la que influye en el arte. Creo que ambas preguntas son correctas. El arte sigue representando el entorno del artista porque éste lo reproduce en ilustración o pintura, escultura, música, cine, textos e incluso en productos. Pero también el arte modifica el modo en que vemos el mundo. Nuestras ideas son alteradas por los libros, la música, la imagen de la gente en las películas o en la industria de la moda.
Para terminar la entrevista, una pregunta de ciencia ficción: si tuvieras una máquina del tiempo ¿a qué época te gustaría viajar y a qué personaje histórico te gustaría conocer?
Como esto no va a pasar, no te voy a decir uno, sino tres. Primero iría a conocer a David Bowie en la época de Ziggy Stardust. Después a Akira Toriyama mientras dibujaba la primera saga de Dragon Ball. Y también visitaría a mi yo antiguo para darle un par de consejos. ¡Sería un buen viaje! Publicado en Visual 189

Por David Moreu. Web del artista: www.grafficants.com. Instagram: @joelabad

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