MAGAZINE DE DISEÑO, CREATIVIDAD GRÁFICA Y COMUNICACIÓN

Iván Castro. Un hombre elegido por la tipografía


Iván Castro tiene un don para la tipografía y el lettering. Un talento especial que se enriquece con una pasmosa habilidad con las herramientas,
una enorme curiosidad, un humor socarrón y un conocimiento enciclopédico sobre la gráfica popular internacional y local que abarca, desde los rótulos musicales de Nashville a las novelas rosas de la editorial Bruguera.

ivan castro

Hay gente que pasa por el mundo sin romperlo ni mancharlo, y otra que vienen a él a cumplir con una misión. Iván Castro es de los segundos. Desde pequeño, este diseñador es consciente de que tiene una labor que cumplir. La particularidad es que mientras que otros elegidos deben difundir la Palabra, Iván Castro se queda en un estadio wanterior, en las letras.
Yo no escogí la tipografía. La tipografía me escogió a mí, bromea Castro que siempre ha mostrado una precoz inclinación hacia las letras. Aprendió a leer con tres años mirando los rótulos de las calles, comenzó a dibujar letras góticas con un Manual de los Jóvenes Castores y, más tarde, tomó clases de caligrafía con Keith Adam.
Estuve trabajando en estudios de diseño durante varios años y, cuando llegó el momento de establecerme por mi cuenta, tuve claro que lo que quería hacer es dibujar letras.
Iván Castro hace caligrafía, lettering y, puntualmente, tipografía. Aunque algunos no encuentren el matiz, en realidad son tres disciplinas diferenciadas entre sí, lo que no quita que estén muy relacionadas entre ellas.
Caligrafía es el hecho de construir signos alfabéticos manualmente con una herramienta de escritura, usando un trazo para cada parte de la letra. En cambio, cuando hacemos lettering construimos esas letras de manera más meditada y usando todos los trazos que sean necesarios. Simplificando, asociamos caligrafía al gesto de escribir y lettering al de dibujar. Cuando diseñamos una tipografía, lo que hacemos es generar un sistema de letras que deben funcionar entre ellas. De alguna manera, estamos diseñando un juego de construcción con letras con el que un tercero construye mensajes sin que nosotros tengamos control sobre lo que va a hacer con nuestras formas.
Iván Castro es extremadamente didáctico. Normalmente acostumbra a compartir sus conocimientos con otros diseñadores, tipógrafos y rotulistas a través de conferencias y talleres. A esos canales se ha sumado ahora un libro, El ABC del lettering de Iván Castro, volumen que surgió como un encargo de la editorial londinense Kokero Press y que recientemente ha sido traducido al castellano por Campgràfic.
Hace tiempo que conozco a la gente de Korero Press. En su libro Surf Graphics aparecía ya alguna cosilla mía y luego les diseñé su nuevo logotipo. Debieron quedar contentos porque, cuando se decidieron a publicar un manual sobre lettering, me lo encargaron a mí.
A pesar del vértigo que le supuso en un primer momento enfrentarse a la tarea de escribir un libro de esas características, Iván Castro define El ABC del lettering… como “un libro necesario”. A diferencia de otros títulos sobre el tema, que se basan más en las posibilidades decorativas de las letras, su trabajo se centra en la estructura y en la razón de ser de las formas mismas.
Mi libro no se ocupa tanto del qué o del cómo, sino más bien del porqué. Está planteado como un curso y, a pesar de ser un libro bastante técnico, se explica todo muy claramente. Desde “esto es un lápiz. Si lo frotas contra esta cosa blanca, que es un papel, te salen rayas”, a cosas que cuento en mis clases, chistes malos incluidos.
Después de años condenados al ostracismo, los rotulistas han visto cómo sus trabajos vuelven a ser apreciados por aquellos que, cuando apareció la rotulación digital, se echaron en sus brazos para encargarles trabajo como si no hubiera un mañana. Una decisión en la que es complicado saber qué pesó más: si la novedad, el abaratamiento de costes o la calidad.
En mi opinión fue un poco por precio y resultados nuevos. Un rótulo hecho en digital en los 90 permitía conseguir cosas a nivel de efectos, inclusión de fotografía o definición que manualmente era imposible. No por una cuestión de falta de habilidad de los rotulistas tradicionales, sino porque ante la aparición de una nueva tecnología, el cliente quería tener “lo nuevo”. Por otra parte, los costes de producción de un rótulo en vinilo son menores que los de un rotulista tradicional, aunque también es menor la personalidad del rótulo y, la mayor parte de las veces, también es menor la calidad y durabilidad del mismo.
A pesar de este renacimiento del lettering y la caligrafía, da la sensación de que los diseñadores que desarrollan esa disciplina están excesivamente deslumbrados por lo retro, por lo vintage. En ese sentido, sí que el cliente quiere carteles rotulados porque está de moda y es “lo último”, parece que está abocado a recibir “lo penúltimo”, al menos estéticamente hablando.
No estoy de acuerdo con eso. Parte de mi trabajo, por ejemplo, tiene un rollo retro, porque soy un viejo encerrado en el cuerpo de uno un poco joven, y trabajo como si estuviera en 1956. Pero hay gente con un trabajo de lettering totalmente contemporáneo y abiertamente digital. Por citar nombres de personas de mi entorno, está Marta Cerdà o Alex Trochut, que hacen lettering, pero desde un punto de vista diametralmente opuesto a lo que hago yo.
Iván Castro está realmente convencido de la versatilidad, innovación y posibilidades del lettering. Tanto es así, que no duda en afirmar que esa disciplina se puede usar para todo por muy inusual que pueda parecer el proyecto.
El lettering es diseñar letras a medida, por lo tanto, no tiene por qué ser todo una explosión de expresividad. En este sentido, ¿se podría hacer un logotipo para un banco con lettering? Claro que se puede. Solo hay que mantenerse en un terreno controlado y en un lenguaje que se adapte a las necesidades del proyecto. El reto es que parezca un banco, no una tienda de tatuajes. Eso también pasa en otros casos, porque determinadas formas son más adecuadas para unos proyectos que para otros. Por ejemplo, imagina la señalización de la autopista compuesta con la letra de un niño de cinco años. O una portada de una novela romántica de estas de Highlanders con una letra como de ciencia ficción setentera. Nadie entendería nada.
Que unas formas sean más adecuadas que otras para un proyecto no es únicamente una cuestión de estética. Aunque en ocasiones no se perciba claramente, las letras tienen una carga cultural muy potente. Algunos de los trabajos de lettering de Iván Castro muestran esa particularidad con toques que recuerdan a la tradición gráfica norteamericana, pero también a referentes más cercanos.
He hecho algunas portadas de discos o carteles de conciertos que sí tienen un aspecto más “americana” pero, como decía antes, era lo que pedía el proyecto en ese caso. Como son muy característicos y reconocibles, parece que son muy importantes en mi trayectoria, pero hay muchas otras cosas que me interesan y que son más subterráneas. Sin ir más lejos, en este país en los años 60 y 70 se dibujaban unos rótulos increíbles en editorial y publicidad que me fascinan. En ese sentido había una producción estupenda. El problema es que no hemos mantenido viva nuestra herencia tipográfica como se ha hecho en Estados Unidos o Inglaterra.
Mantener la herencia tipográfica, al igual que cuidar la caligrafía o el lettering, son tareas que, más que a un ungido por la tipografía, corresponden a los responsables de cultura y educación del país. Esas personas que, mientras se deshacen en halagos hacia, por ejemplo, la caligrafía japonesa y se admiran de cómo se imparte en las escuelas niponas, hurtan de los planes de estudio las artes plásticas o la caligrafía de tradición europea.
No sé cuál es la razón por la que no se da caligrafía en las escuelas, pero sí sé que es un error. El gesto de escribir es inherente al ser humano, es beneficioso como disciplina, te ayuda a entender mejor los textos, a asimilar el ritmo o el espaciado, conceptos que puedes extrapolar a otros ámbitos fuera de la escritura. Los beneficios de una buena formación en caligrafía son muchos. Es una pena que cada vez se cuide menos la formación de la escritura.
Tal vez la razón radique en lo mismo que hizo que los rótulos digitales de los 90 arrinconasen a los rotulistas: “la novedad”. Ahora, lo nuevo, lo moderno, no son las letras, sino los iconos, los pictogramas, los emojis. El visual thinking es lo que toca, al menos hasta que se pase la fiebre y deje de ser novedoso.
Honestamente, no tengo la menor idea de lo que es el visual thinking, pero entiendo por dónde vas. En las redes sociales y aplicaciones de mensajería hay docenas de colecciones de iconos y stickers que puedes usar para personalizar tus mensajes con imágenes. De esta forma, con un icono animado puedes explicar algo que con texto te sería más complicado. Entiendo que es una manera de simplificar el lenguaje, pero lo importante es que esto siempre se da dentro de un tono informal. No me imagino a alguien enviando un pésame electrónico con un icono animado de una carita triste que diga PUTA BIDA, YORO. Publicado en visual 190

Texto: Eduardo Bravo

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