MAGAZINE DE DISEÑO, CREATIVIDAD GRÁFICA Y COMUNICACIÓN

Jean Marie Drouet. Persiguiendo
un verano sin fin


MarrakechLa historia moderna del surf siempre se ha relacionado con la figura del surfista aventurero y su búsqueda incansable de la ola perfecta. Pero el origen de este mito de la cultura pop no es nuevo, sino que se remonta a los años 60, cuando las películas y las revistas consagradas a este deporte se convirtieron en un fenómeno gracias a su mezcla sugerente de viajes por carretera, paisajes exóticos y el inconfundible espíritu rebelde de aquella época. Hasta que ese sueño idílico a ritmo de jazz sucumbió al poder del marketing. Han tenido que pasar cinco décadas y varias modas para que podamos disfrutar otra vez del sentimiento primitivo de cabalgar olas por todo el mundo, ya sea en videos amateurs subidos a Internet o en las pinturas de gran formato de Jean Marie Drouet. No en vano, este artista francés ha logrado recrear la magia de ese período tan añorado con sus cuadros luminosos y sus personajes en constante movimiento por playas remotas. En un momento en el que parece que estamos de vuelta de todo, aún sorprende descubrir que la belleza se esconde en las cosas más simples de la vida. El resto son atardeceres, bocetos y salitre que se funden con el horizonte de sus telas. Publicado en Visual 167



He leído que siendo muy joven ya admirabas el trabajo de Moebius y Edward Hopper, pero ¿cuándo descubriste realmente tu pasión por el mundo del arte?
Empecé a dibujar cuando era adolescente y aquella fascinación de juventud coincidió con el éxito de revistas de ciencia ficción como Métal Hurlant y el trabajo de gente como Moebius, Jeff Jones y Frazetta, que me causaron una impresión enorme. Entonces mi estilo era básicamente ilustrativo, hasta que descubrí la obra de N.C. Wyeth, junto con la de los grandes maestros del realismo norteamericano y la pintura de Edward Hopper. Realmente empecé a pintar muy tarde, pero utilicé todo esa experiencia ilustrativa como base para dar forma a mi manera de entender el arte. Sin olvidar que mis padres me han apoyado mucho en este largo camino que ha sido el dibujo y he podido vivir el proceso intensamente.
A pesar de que mucha gente afirma que la inspiración no puede aprenderse en ninguna academia, ¿qué recuerdos tienes de tu época como estudiante de bellas artes y diseño gráfico?
Cursé mis estudios de diseño publicitario en la Ecole des Beaux-Arts d’Angoulême, pero allí no aprendí a dibujar ni a pintar. Me considero un artista autodidacta que rehuye cualquier aproximación visual clásica. Piensa que no me atreví a coger los pinceles hasta que cumplí los 35 años y éste es uno de los mayores reproches que me hago, a pesar de que he disfrutado mucho este viaje que emprendí inconscientemente siendo un adolescente. No sabría decirte si la pasión por el arte puede enseñarse en una academia, pero sí que es necesario tener nociones de cultura porque nosotros no inventamos nada nuevo. Simplemente reflejamos cosas que nos afectan igual que al resto de personas y que ya marcaron la trayectoria de otros artistas que vinieron antes que nosotros. Hoy es más importante que nunca adentrarnos en la cultura para descubrir realmente cuáles son nuestras influencias.
Después de bucear por tu obra es obvio que sientes predilección por el océano, las olas y el surf. ¿Qué te atrae de esta cultura de raíces “underground” y qué influencia tiene en tus lienzos?
Siempre he sido un enamorado del océano porque pasé todos los veranos de mi juventud en un pueblo de la costa y, justo al terminar los estudios, me trasladé a vivir a uno de estos lugares tan hermosos cerca de la playa. Los deportes acuáticos son la base de mi relación con el mar y todavía recuerdo cuando descubrí el windsurf y el bodyboard en 1978 gracias a una de esas tablas primitivas. En aquellos días había muy poca gente en el agua y pude experimentar sensaciones completamente nuevas. Curiosamente, mis inicios en el mundo de la pintura coincidieron con la decisión de dejar de lado las tablas cortas y coger olas con un longboard. He llegado a la conclusión de que no puedo vivir en la ciudad y que odio profundamente el ruido urbano, por estos dos motivos vivo cerca del océano y el surf es algo que siempre me ha acompañado. En cierto modo me aporta energía y me encanta coger olas temprano por la mañana para empezar bien el día. No hay nada que pueda sustituir esa euforia.
Tengo entendido que trabajaste como director de arte en una agencia de publicidad. ¿Qué aprendiste en esa etapa de tu carrera y por qué la cambiaste por la pintura?
Aquel período estuvo más relacionado con vivir al máximo el espíritu de la década de los 80 que en explorar el mundo artístico. Pero no todo fue negativo porque durante aquellos años como director de arte aprendí todas las vertientes del oficio de edición. Supongo que de ahí viene mi interés por la maquetación y por la tipografía, dos disciplinas que todavía me resultan útiles en mi trabajo porque actualmente compagino la pintura con la dirección artística de un par de revistas. Trabajé muy duro y, después de 16 años en la industria publicitaria, me di cuenta de que no estaba de acuerdo con el trasfondo ni el significado de mis creaciones. Por ese motivo decidí parar, reflexionar y tomar una dirección más acorde con lo que realmente me gustaba. Supongo que fue una especie de crisis de la mediana edad y entonces lo dejé todo para dedicarme por completo a la pintura. ¡Puede decirse que estrené una vida nueva!
Por curiosidad, ¿podrías contarme cómo es tu proceso creativo y qué técnicas utilizas habitualmente para crear tus obras de gran formato?
Principalmente recurro al óleo porque es una técnica que se adapta muy bien a mis ideas gracias a su proceso de secado lento y a sus aires tan nobles. Mi trabajo empieza cuando localizo los personajes reales en el ambiente que me rodea y también en los viajes que acostumbro a hacer. En estos momentos iniciales me dedico a tomar notas, a hacer sketches y a fotografiar algunas escenas que me sirven de referencia. Después me encierro en el estudio para establecer la composición de la escena mediante decenas de bocetos que, al final del proceso, intento plasmar en la tela. La fotografía es una de las partes más importantes de mi proceso creativo puesto que es una herramienta de trabajo contemporánea que encaja perfectamente con mi manera de entender el arte. Acostumbro a decir que la pintura empieza cuando elijo un encuadre con la cámara.
El tratamiento de la luz, los colores brillantes y los personajes idílicos son los temas centrales de tus lienzos. ¿Qué mensaje quieres transmitir a la gente que tiene la oportunidad de verlos?
No me considero un pintor conceptual. En el supuesto caso de que haya un mensaje escondido en mis obras, se trata de lo que los espectadores realmente pueden ver porque no intento comunicar nada especial. Simplemente plasmo momentos de tranquilidad que capturan la luz y la gente de un lugar que me gusta. Por supuesto que tengo muchas influencias porque me interesa lo que se hace en otros campos y me encanta nutrirme de otras experiencias ajenas, como pueden ser los cómics, la pintura o la fotografía. Aunque siempre regreso a las obras de los pintores que más me apasionan, como Hopper, Wyeth, Conroy, Twombly, Moebius, Scully, Jones, Kanevsky, Leiter, Tatar, Wood y muchos más.
Estoy convencido de que tienes tu propio “atelier”, pero que también te gusta pasear por las playas y los pueblos de la costa en busca de inspiración. ¿Qué importancia tienen los bocetos en el devenir de tus trabajos?
Durante muchos años llevé conmigo a todas partes una libreta para anotar ideas y hacer sketches. Realmente dibujaba todo lo que sucedía a mi alrededor y eso fue lo que me llevó a tomar las personas como el eje central de mi obra. Mucha gente afirma que mis pinturas transmiten cierta sensación de movimiento y supongo que este efecto es el resultado de tanto tiempo dibujando bocetos a mano alzada en las calles o playas. Ahora me resulta más sencillo llevar una pequeña cámara, aunque sigo utilizándola como si fuera mi libreta de antaño. Lo primero que busco cuando salgo de casa son escenas soleadas y que desprendan vida. Estos temas tan simples son los que me inspiran a la hora de coger los pinceles y, al mismo tiempo, me obligan a vivir en lugares que tengan muchas horas de sol en invierno. Ésa es la única manera que conozco para encontrar la inspiración.
El surf se convirtió en un fenómeno de masas en los años 60 gracias a revistas especializadas y a documentales como “The Endless Summer”. ¿Cómo definirías la magia de aquella época que todavía resuena en la cultura pop?
No estoy seguro de que fuera una época mágica, pero sí que había una actitud más despreocupada hacia las cosas y hoy esto se ha perdido por completo. Es algo que siempre nos podremos echar en cara porque actualmente todo se basa en la competición y estamos obligados a ser los mejores, los más rápidos, los que cogen la mayor ola, los que se enteran de todo antes que los demás… sinceramente, creo que ahora es el momento idóneo de volver al sentimiento original de este deporte y también del resto de facetas de la vida cotidiana. Los campeonatos y la velocidad no forman parte de esa idea primigenia del surf. Sin embargo, todavía es posible mantenerse al margen de esta pesadilla comercial y llevar un estilo de vida más slow. Esto es lo que yo buscaba cuando tomé la decisión de vivir cerca del océano y también es lo que intento transmitir con mis obras. No me malinterpretes, el progreso es bueno y ahora resulta más divertido que nunca coger olas porque el material ha evolucionado mucho y tenemos más posibilidades en el agua.
En una entrevista reciente citabas a Neil Young diciendo: Simplemente haz lo que quieras y no escuches a nadie. ¿Cómo definirías el concepto de libertad en estos tiempos tan inciertos que nos ha tocado vivir?
La libertad es algo esencial para los artistas y no dudo ni un instante al decir que se trata de mi posesión más valiosa. Es un privilegio ser el propietario absoluto de mi tiempo, de los temas que pinto y saber que mi estilo de vida es lo único que marca el transcurso de los días. Mencioné a Neil Young porque siento mucho respeto por su carrera por el simple hecho de que nunca se ha dejado llevar por la ilusión del marketing y siempre ha permanecido fiel a si mismo. Lo mismo que sucedió con Edward Hopper, que vivió la primera mitad del siglo XX y pintó temas muy variados sin cambiar su manera de entender las cosas. Éstas son las actitudes que más respeto en los artistas.
He visto en tu web que eres embajador de la marca Hoalen. ¿En qué se basa esta colaboración?
Soy embajador de Hoalen desde el año 2006, cuando el propietario de la marca me propuso colaborar con él porque los valores que reflejan mis obras se corresponden con los ideales de su empresa. A pesar de que soy el embajador que menos relacionado está con el mundo del deporte, sí que estoy muy familiarizado con el estilo de vida que representan esas prendas de ropa y que podría resumirse con el eslogan de Life on shore. Mi trabajo consiste en dibujar pósteres, crear logos y diseñar camisetas.
Teniendo en cuenta que tus obras están permanentemente expuestas en cuatro galerías francesas, ¿qué proyectos nuevos podremos ver durante este año?
Ahora mismo estoy trabajando en una gran exposición que podrá verse en París durante los meses de verano, además también participaré en el evento Artfairs que se organiza en Bruselas, Nueva York y Hong Kong. Probablemente habrá más noticias y también espero seguir progresando con el longboard, aunque lo más importante es tener tiempo para disfrutar y vivir cada momento intensamente. Texto David Moreu

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