MAGAZINE DE DISEÑO, CREATIVIDAD GRÁFICA Y COMUNICACIÓN

Jimbo Phillips. Skateboarding is not a crime!


Archy CarsAntes de empezar a leer este reportaje os propongo que cerréis los ojos y os dejéis llevar por una imagen idílica. Una playa desierta, el olor a salitre y los surfistas cabalgando las olas, como si el mañana fuera un simple espejismo
en el horizonte. Para muchos se trata de un estilo de vida, aunque para algunos privilegiados también es una manera de entender el arte. Éste es el caso de Jimbo Phillips, un ilustrador de Santa Cruz (California) que se ha convertido en un referente gracias a sus diseños para las marcas de surf y de skate más famosas. Hablamos con él en Barcelona y descubrimos los secretos de una disciplina artística que triunfa en todo el mundo, pero que aún mantiene intacto su espíritu transgresor. Publicado en Visual 154


“Este año espero editar un libro que recopile mi carrera artística. He empezado a trabajar en él y será una retrospectiva de todo lo que he hecho, aunque puede que incluya un par de cosas nuevas”, comenta Jimbo Phillips con una sonrisa cómplice. “Es curioso porque, cuando veo las ilustraciones de los inicios, pienso que entonces era muy joven y que ahora las haría completamente distintas. Pero también es fascinante ver la evolución y apreciar cómo el arte ha ido mejorando”. Sin ningún tipo de preámbulo y a quemarropa, así empezó la entrevista con el famoso artista californiano en La Jaula Abierta, una galería de arte multidisciplinar en pleno barrio gótico de Barcelona. La música punk sonaba a un volumen atronador, la gente corría nerviosa por los pasillos y la exposición (organizada por Volcom) estaba a punto de inaugurarse, con decenas de tablas de skate decoradas para la ocasión y pósteres de rock colgados en las paredes. Las ilustraciones surrealistas, los colores brillantes y el aroma a tinta invadían la sala, recordando la estética “do it yourself” de un fanzine editado en cualquier ciudad de la costa oeste de los Estados Unidos. No en vano, Jimbo Phillips creció en Santa Cruz y enseguida descubrió la magia de sus olas. “El surf y el skate están estrechamente vinculados a la cultura de esa ciudad. La mayoría de chavales que viven allí practican una cosa o la otra, sino las dos. Sin olvidar que la música también tiene mucha importancia”, afirma el diseñador. “Tengo muchos amigos que tocan en bandas, incluso yo tocaba en un grupo hace tiempo. En este sentido, la música, el surf, el skate y el arte están muy unidos y transmiten buenas vibraciones”.
Para entender el éxito de estos deportes (convertidos en estilos de vida), debemos remontarnos a la década de los 70, cuando el surf ya se practicaba en los rincones más inhóspitos del planeta y el skate empezaba a acaparar las portadas de las grandes revistas norteamericanas. Eran dos caras de una misma moneda y el epicentro de su actividad estaba en California. Entonces nadie podía imaginarlo, pero aquella cultura rebelde e inconformista se convertiría, unos años más tarde, en un negocio millonario. Incluso algunos artistas se volvieron celebridades gracias a las ilustraciones que hicieron para las marcas de ropa y de skate que empezaban despuntar. Entre aquellos diseñadores tan vanguardistas se encontraba Jim Phillips (el padre de nuestro protagonista), que contribuyó a popularizar la marca Santa Cruz gracias al famoso logo “screaming hand”. Por este motivo no es de extrañar que el joven Jimbo descubriera muy pronto la ilustración y quedara fascinado por su magia, sin apenas salir de casa. “Cuando era pequeño ya dibujaba, aunque mi padre siempre me decía que es un trabajo muy complicado, deberías ser abogado o cualquier otra cosa. Pero supongo que eso no estaba hecho para mí, puesto que patinaba y hacía surf”, recuerda el dibujante con una sonrisa. “Además, me gustaba mucho lo que hacía mi padre. Siempre intentaba imitar sus ilustraciones y, cuando cumplí dieciocho años, me surgió la oportunidad de trabajar para él como aprendiz”. Así fue cómo asimiló las reglas de un negocio en expansión, que poco tenía que ver con cabalgar olas gigantes o deslizarse con el skate por piscinas vacías. Padre e hijo trabajaron juntos durante dos años y Jimbo pudo experimentar con varias técnicas de ilustración, hasta que decidió establecerse por su cuenta y encontrar su propio camino en el mundo del arte. No en vano, los tiempos estaban cambiando, la década de los 90 se imponía con una nueva estética y California vivía la resurrección del punk.
“Siempre me había gustado la música y realmente quería hacer diseños para bandas que me interesaran. Así que empecé con grupos de punk locales que necesitaban pósteres para sus conciertos. Puede que se tratara de eventos pequeños, pero hacía los carteles en serigrafía y la gente los compraba como recuerdo”, explica el ilustrador sentado en un sofá. “El arte de los pósteres de rock me fascina. En ciertos aspectos es muy parecido al diseño de tablas de skate, porque es muy libre, no tiene normas, puede ser radical y siempre puedes volcar en ellos tus inquietudes más creativas”. Los trabajos que Jimbo Phillips realizó en aquella época enlazaban con la tradición de artistas pioneros como John Van Hamersveld, Rick Griffin o Víctor Moscoso, que a principios de los años 60 convirtieron su pasión por el rock y por el surf en una forma de expresión psicodélica. Aunque nuestro protagonista se sentía más cómodo buceando en la cultura pop de su época, con guiños cómplices a la ciencia ficción, a las películas de monstruos, a su enorme colección de cómics y a las historietas kitsch de Mad Magazine. Pero aquel pequeño sueño sin pretensiones estaba a punto de dar un giro inesperado. De la noche a la mañana, la escena musical de California se convirtió en un fenómeno masivo y Jimbo Phillips empezó a colaborar con algunas de las bandas más famosas del momento, como Guttermouth, MXPX, Social Distortion o Blink-182. Además, recibió el encargo de diseñar los carteles para los conciertos de Bill Graham Presents que se celebraban en la emblemática sala The Fillmore en San Francisco. “Los pósteres son una cosa que puedes colgar en la pared, que puedes mirar, tocar y sentir. La promoción y la publicidad en internet no son igual de efectivas, porque no llegan de una manera tan real a la gente”, afirma el artista, gesticulando con las manos. “Lo mismo sucede con el acceso a la música que vivimos hoy en día. La gente baja canciones y las escucha, pero no tiene nada tangible en sus manos. Siempre me ha gustado tener el álbum, sacar el vinilo, poder apreciar las fotos y disfrutar el diseño”.
Visto en perspectiva, primero fue la comercialización de la música con la MTV y después llegó el turno del surf y del skate, que hoy se han convertido en pilares de una industria millonaria y abarcan sectores tan dispares como el deporte, la moda, el cine y los videojuegos. Sin olvidar que las agencias de publicidad utilizan (sin ningún reparo) su aura de rebeldía como reclamo para vender cualquier tipo de producto. “Hoy no es extraño que una marca de coches o una multinacional discográfica quieran parecer más underground y decidan vincularse al mundo del skate o del surf, puesto que saben que los jóvenes lo adoran”, comenta el ilustrador con voz seria. “Creen que si la gente los relaciona con esa cultura o con la música hardcore, tendrán más aceptación”. A pesar de la mercantilización imparable de este estilo de vida, Jimbo Phillips no ha dudado en participar en la última entrega de un famoso videojuego protagonizado por Tony Hawk (titulado American Wasteland), donde los habituales gráficos de skaters en 3D se mezclan, asombrosamente, con sus ilustraciones como si de un magazín se tratara. Aunque esta experiencia virtual fue un simple divertimiento y el artista tiene muy claro que quiere utilizar su posición privilegiada dentro de la industria para reivindicar las técnicas del diseño tradicional. “Hoy en día hay demasiados logotipos hechos con ordenador y demasiados gráficos en 3D”, afirma el diseñador. “La gente quiere ver las ilustraciones hechas a mano, las líneas gruesas del rotulador y disfrutar del viejo estilo de crear imágenes… por eso yo intento permanecer fiel a esa idea de arte”.
Aunque la obra de Jimbo Phillips esté pensada para adornar tablas de surf, monopatines con forma de pez, bañadores y camisetas fashion que se venden en tiendas de todo el mundo, su proceso creativo es muy parecido al de cualquier otro diseñador. Aún así, siente admiración por los ideales del street art, puesto que es una escena donde las reglas del juego se reinventan constantemente y los artistas son totalmente libres. “Intento romper las normas, ser transgresor y llamar la atención… créeme, no siempre hay que ofrecer imágenes bonitas”, asegura el ilustrador. “A veces un diseño puede funcionar con algo bello, pero también intento incorporar elementos más radicales, algo que sea estridente y que sorprenda al espectador”. Seguramente ésta es la mejor manera de tocar con los pies en el suelo y permanecer fiel a unos principios bastante utópicos, sobretodo cuando sabes que tus creaciones serán utilizadas por marcas tan reconocidas como Santa Cruz, Volcom, Fox Racing, Fat Wreck Chords, Bell Helmets, DC Shoes o Snikers (las famosas chocolatinas).
Sea cual sea la finalidad del arte, las ideas son el elemento que establece la diferencia y, casi siempre, surgen en el mismo lugar: la mesa de trabajo. La jornada laboral de Jimbo Phillips se inicia muy temprano por la mañana en su pequeño estudio de Santa Cruz, con la música reggae o Iron Maiden sonando en el tocadiscos y sus hijos correteando por la casa. Una escena entrañable que él vivió de pequeño y que quiere mantener intacta con los suyos. Sólo entonces la creatividad se apodera del lugar. “Empiezo, simplemente, con lápiz y papel para dejar fluir las ideas y hacer la composición general. Una vez tengo el trazo hecho y me gusta lo que veo, cojo otra hoja de papel, la pongo encima de la ilustración y calco el boceto con un pincel o con un rotulador negro para que tome su forma real”, explica el artista con sumo detalle. “Después lo escaneo y lo coloreo con el ordenador, dejándolo listo para hacer el tránsfer a las tablas de skate o a las camisetas”. De vez en cuando, Jimbo Phillips también se atreve con pinturas de gran formato en acrílico, que le permiten experimentar con texturas más arriesgadas y utilizar colores muy saturados, puesto que estas imágenes no están pensadas para ser reproducidas de manera comercial. Pero si algo comparten todas sus creaciones, son los personajes de cómic que se mezclan con monstruos y la omnipresente iconografía pop californiana a base de surf, monopatines, chicas en bikini y coches descapotables. “Me gusta incorporar un poco de humor y algunos chistes, aunque sea en un margen de la ilustración”, se sincera el dibujante, mientras señala una tabla de skate colgada en la pared. “Encuentro la inspiración en las cosas que me gustaban cuando era un crío, así que ahora tengo la oportunidad de representarlas y que la gente las disfrute. ¡Es una buena manera de cerrar el círculo!”

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One comment on “Jimbo Phillips. Skateboarding is not a crime!

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