MAGAZINE DE DISEÑO, CREATIVIDAD GRÁFICA Y COMUNICACIÓN

Kobra La rebeldía constructiva de un corredor de fondo


Algunos hechos son irrevocables. El hombre está a punto de llegar a Marte, las energías renovables deberían haber sustituido a los hidrocarburos e Internet permite comunicarnos a kilómetros de distancia en centésimas de segundo. Sin embargo, el arte mantiene su capacidad de unir pasado, presente y futuro de una manera tan visceral que logra sobreponerse a fronteras cerradas, conflictos raciales y mercados de valores. Igual que sucedía con la elipsis de 2001: Una odisea del espacio, podemos resumir en pocas palabras la evolución de varios siglos de representación gráfica, desde las cuevas primitivas hasta los murales que rompen la monotonía de las ciudades. Formas, líneas, colores y mensajes que hablan de una realidad en perpetuo cambio y aspiran a dejar una huella de nuestro breve paso por el mundo para que las personas que lleguen después no cometan los mismos errores. Esta reflexión enlaza con la mentalidad creativa de Eduardo Kobra, un trotamundos brasileño que se ha convertido en uno de los muralistas más respetados de su generación. Hemos tenido la oportunidad de adentrarnos en su universo visual para conocer los secretos de unas obras que aspiran a remover las conciencias más acomodadas.

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Te propongo que nos remontémonos a los inicios de esta apasionante historia. ¿Cómo era la vida a las afueras de São Paulo a principios de los años 80 y cuándo descubriste tu pasión por el arte?
La escena del arte urbano en São Paulo empezó a finales de la década de los 70 y se consolidó durante los años 80. Al principio estaba muy influenciada por la cultura del hip-hop que llegaba de los Estados Unidos, sobre todo de la escena que había en Nueva York con el break-dance y los disc jockeys. Los jóvenes que vivían a las afueras de mi ciudad se lanzaron a hacer cosas similares como señal de protesta por la falta de oportunidades que tenían. El epicentro estaba en sitios como Largo de São Bento, que se lo disputaban entre los MC’s y los artistas de grafiti. Cuando yo empecé a pintar, recuerdo que mis padres se opusieron por completo a que participara en ese movimiento.
Mucha gente afirma que el arte no puede enseñarse en academias o universidades porque es algo innato. ¿Qué recuerdos tienes de tus primeros años pintando en muros y diseñando carteles?
Yo soy autodidacta y me divierte mucho aprender cosas por mi cuenta, sin prestar atención a la influencia que podrían ejercer en mí otros artistas. Ten en cuenta que visité por primera vez un museo a los 30 años, así que no tuve la oportunidad de conocer movimientos artísticos hasta entonces. Pero no estoy en contra de estudiar arte porque puede ser algo muy importante e incluso puede contribuir a mejorar los conocimientos técnicos de la gente. No todo el mundo nace con el talento desarrollado o empieza a dibujar a los ocho años, por este motivo estudiar puede ayudar a encontrar una vocación, a buscar un camino propio y animar a no copiar el lenguaje o la estética de otros artistas. Yo tuve suerte de contar con convicciones propias desde el principio, y utilicé los muros para transmitir las ideas que quería defender.
Supongo que una pregunta muy frecuentes es: ¿Cuándo te diste cuenta de que tu afición por el arte urbano y la rebeldía de los murales podían convertirse en una profesión de largo recorrido?
Lo primero que aprendí cuando me encargaron un mural fue a preguntar las condiciones. Yo vengo de un lugar muy pobre de la periferia y apenas tenía recursos para comprar una lata de espray o de pintura. Eso era un factor en contra en mis inicios. Pero entonces fui capaz de romper esa “frontera” y seguir haciendo mi trabajo en las calles. Aquella decisión me dio visibilidad y me permitió recibir los primeros encargos, como sucedió con un parque de atracciones de São Paulo que buscaba a alguien para que pintara unos paneles temáticos. Mi método consistía en reinvertir el dinero que ganaba con ese trabajo “oficial” en mejorar la estética de los murales que hacía en las calles. Fue un momento decisivo en mi carrera porque si no me hubieran contratado para hacer eso, puede que hoy no estuviera en esta posición privilegiada. Creo que los encargos son buenos mientras el artista no se venda al sistema de mercado. Debemos mantenernos fieles a nuestro estilo y no cambiar de lenguaje por el simple hecho de que nos contratan.
Por curiosidad, ¿podrías explicarnos cuál es tu motivación a la hora de realizar grandes murales y el papel efímero que juegan en la creación de un paisaje urbano en las ciudades modernas?
Después de muchos años trabajando en las calles, he aprendido a aceptar que los murales al aire libre son efímeros y me he acostumbrado a apreciarlos de este modo. Lo que el paso del tiempo destruye, la fotografía puede convertirlo en eterno. Por este motivo tengo más de 3.000 fotos de mis obras. Al principio lo retrataba absolutamente todo, desde el proceso creativo hasta cada una de las fases individuales del trabajo. Ahora me he relajado un poco, aunque sigo disfrutando con la idea de documentar las cosas que hago porque sé que un día ya no podrán contemplarse en directo. Es triste, pero llegará un momento en el que los murales habrán desaparecido para siempre.
Sientes predilección por poner a personajes históricos relacionados con la política y las protestas sociales en el centro de tus obras. ¿Crees que al arte todavía puede ayudar a cambiar el mundo?
Puede que sea consecuencia de mi pasado o de mi trayectoria personal porque de joven experimenté muchos prejuicios y contemplé mucha discriminación a mi alrededor, además de vivir las diferencias sociales. Todo esto rondaba por mi cabeza cuando descubrí a estos personajes históricos. Unas personas que lucharon por causas que importaban al pueblo, que defendieron los derechos de los negros y que se unieron a las protestas de las minorías. Esto me llamó mucho la atención y me enamoré de gente como Gandhi y Martin Luther King, entre muchos otros. Fueron muy importantes en mi desarrollo como persona. Me he documentado sobre sus vidas y decidí moverme por el mismo espíritu de la “no violencia”. Estoy convencido de que si nos fijamos en su legado podremos construir un mundo mejor, sin agresiones ni racismo. Creo en todos ellos porque predicaban el amor, como Jesucristo, que me ha inspirado tanto en mi carrera profesional como en mi vida personal.
También dejas claros tus gustos musicales con obras dedicadas a leyendas como Muddy Waters, Bowie, Bob Dylan y Tupac. ¿Cuál sería la mejor banda sonora para un día de trabajo en el estudio?
Cuando hago un mural sobre un músico, el objetivo no es hablar de sus canciones, sino de un personaje histórico que ha logrado hacer cosas distintas y únicas. Todos estos genios musicales que me gusta representar son artistas que han revolucionado la historia con sus composiciones y mi aportación se basa en relacionarlos con la realidad de los lugares que visito. Me esfuerzo por encontrar una conexión que me genere algo especial y estos músicos sirven de inspiración para mi trabajo. Ya sea gracias a su actitud o a su manera de crear. Respondiendo a tu pregunta: como sucedía en la época que hacía grafitis en la calle, la música que más me gusta es la que tiene ese mismo origen urbano. El hip-hop representa mi esencia y también me encanta el góspel.
Hiciste tu primer mural internacional en Francia en 2011 y, desde entonces, no has parado de recorrer el mundo. ¿Cómo describirías la experiencia de viajar desde la perspectiva artística?
Como te he comentado, me crié en un barrio muy humilde de São Paulo y durante muchos años nunca pude salir de allí. Pero gracias a mi trabajo como muralista he visitado más de 40 países en cinco continentes y esto ha sido una fuente de inspiración constante para mis creaciones. Además, he tenido la oportunidad de relacionarme con artistas de todas partes del mundo, he conocido a los seis más importantes en activo y eso ha sido una experiencia genial.
En 2015 realizaste un proyecto llamado The Augmented Reality para concienciar sobre problemas sociales muy importantes. ¿Cómo valoras los resultados obtenidos con la perspectiva del tiempo?
El proyecto de realidad aumentada que hice en São Paulo se desarrolló durante 10 días y el resultado fueron 10 murales sobre temas sociales que afectan a la gente. Después hice una gira por diversos distritos de la ciudad para hablar sobre esos problemas. Todos aquellos que quieran saber más sobre esos trabajos, pueden buscarlos en Google. Representé a la gente que vivía en las calles a través de una enorme cama en 3D que pinté en el pavimento. También llevé a la región de Cracolândia (conocida por el tráfico de droga) la exposición Peace! que había presentado anteriormente en Roma. Colaboré en proyectos comunitarios en las favelas y recuerdo que hice un mural de una chica de allí que soñaba con ser bailarina. En la barriada de Paraisópolis traté el tema del desempleo y la gente tuvo la oportunidad de interactuar, pegando su CV en el mural. Y luego realicé otra obra representando el CV de un hombre sin trabajo. El último mural fue sobre los niños desaparecidos y pinté a una niña que no encontraban en São Paulo. El objetivo era generar una reflexión sobre todos estos conflictos que la gente vive a diario.
Formas parte de la generación que creció en la década de los 80 en un mundo analógico y presenció la explosión digital. ¿Qué peso tienen las redes sociales en tu carrera profesional?
He descubierto recientemente las redes sociales, pero no tienen demasiada continuidad ni en mi vida ni en mi trabajo. Creo que estas plataformas han desarrollado una vertiente positiva y otra negativa porque se tiende a trivializar el arte y a los artistas. Además, se hace un uso inapropiado de las ilustraciones y de los dibujos. Sin embargo, han facilitado un acceso muy rápido a una gran cantidad de información, cuando antes costaba mucho trabajo descubrir cosas nuevas relacionadas con el mundo creativo. Por ejemplo, ahora puedo ver a tiempo real desde mi casa en Brasil lo que sucede en festivales de arte en China. Esta conectividad también ha contribuido a mi trabajo porque me permite estudiar la historia de otros países y continentes, además de conocer la manera de vivir de su gente.
¿Te has planteado alguna vez la posibilidad de adentrarte en otros campos como la animación, la creación de cómics, los pósteres de conciertos, los libros de arte o las portadas de vinilos?
Me han contactado para utilizar mis creaciones en otros soportes, incluyendo decorados de obras de teatro, portadas de discos, animación y libros de ilustración. Actualmente, mi trabajo se está desarrollando en muchas áreas distintas. Aunque mi foco principal sigue siendo la producción de murales en las calles de las ciudades que visito. Eso es lo que me motiva a levantarme cada mañana y a crear piezas nuevas de una manera apasionada. Los murales dan sentido a mi vida y me aportan mucho como persona. Creo que es mejor hacer pocas obras bien hechas, que muchas que no marquen la diferencia.
Para terminar la entrevista, una pregunta de ciencia ficción: si tuvieras una máquina del tiempo ¿a qué época te gustaría viajar y a qué personaje histórico te gustaría conocer en persona?
Es una pregunta muy complicada de responder. Si pudiera retroceder en el tiempo, creo que iría a la década de los 80 para presenciar el estallido del arte urbano en Nueva York y me encantaría conocer a los grandes nombres de esa escena. En caso de que tuviera que elegir solamente a uno, me quedaría con Basquiat. Publicado en Visual 194

Texto: David Moreu • Web del artista: http://www.eduardokobra.com

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