MAGAZINE DE DISEÑO, CREATIVIDAD GRÁFICA Y COMUNICACIÓN

Los singles huérfanos de Olaf Ladousse


DavidBowieEl diseñador Olaf Ladousse crea portadas para aquellos singles de su colección que carecen de ella generando así piezas que mejoran en muchos casos los diseños originales. Publicaco en Visual 176



Olaf Ladousse odia las fundas de plástico con las que algunos coleccionistas protegen los discos que atesoran. Como buen diseñador –entre muchas otras cosas como ilustrador, inventor, músico o agitador cultural–, Olaf no entiende ese empeño en tapar lo que el autor quiso que se viera y se tocara como, por ejemplo, los barnices, los acabados mate o brillo, los golpes secos, los pliegues de las cubiertas, cualquier otro detalle ornamental y, claro está, también las imperfecciones.
“Es como cuando los abuelos tenían el plástico en los asientos de los coches o esos ambientadores para que huela a nuevo. ¿Pero no te das cuenta de que es un olor artificial? ¿No te das cuenta de que es un olor a nuevo que está diseñado? Lo de las portadas como nuevas no lo han inventado los coleccionistas de discos sino los vendedores de coches de segunda mano”, explica.
Pero no es ese el único desencuentro entre Olaf y los coleccionistas de discos. Tampoco entiende cómo puede haber personas que inviertan buena parte de su tiempo y sus ahorros en buscar una pieza rara y escasa, pero que pierdan todo interés cuando la encuentran sin su portada.
“Ahora con internet se consiguen casi todas las portadas a buena resolución. Te la imprimes, la montas sobre un cartón y ya tienes el disco. Incluso puedes imitar el barniz. Cuando la gente dice ‘qué bonitas las portadas francesas, que tenían el laminado brillante…’ pues pillas vinilo adhesivo, lo pegas encima y ya está”.
A pesar de esta sensata crítica a los coleccionistas, sí que hay algo en lo que Olaf coincide en cierta manera con ellos, pero a diferencia de aquellos, él ha sabido solucionarlo echando mano de talento e ingenio.
“Compro singles en el Rastro y en ocasiones encuentro algunos que no tienen portada. Con el tiempo me di cuenta de que los que no tenían la cubierta los escuchaba menos porque no los tenía colocados por estilo sino todos juntos, esperando a encontrar una portada”.
Sin embargo, y al ver que las portadas no iban a Olaf, fue él el que decidió ir en busca de las portadas o, más exactamente, diseñar él mismo unas nuevas cubiertas para los discos que carecían de ella.
“En el fondo es una cosa muy adolescente, como cuando hacías portadas a los casetes. De hecho, ya tenía algún disco con cubiertas hechas a mano de cuando tenía 14 o 15 años. Pero empecé a hacerlas en serio desde hace unos meses, cuando pusieron una fotocopiadora al lado de casa. Me cuesta la impresión 50 céntimos o un euro si es por las dos caras o en A3. Incluso me inventé un falso sello de discos, Enos. Es de una fábrica de calcetines que encontré en el Rastro. Me compré un par y aproveché la etiqueta. Sale un mono”.
Desde entonces, Olaf calcula que los dueños de la fotocopiadora deben haber facturado unos 200 o 250 euros gracias a este proyecto de singles huérfanos que tal vez debería ampliarse a otros muchos discos. “Hay portadas que son tan malas, que te dan ganas de hacer nuevas. Otras veces pienso ‘esta portada debería existir’ y la hago”.
Tanto es así que, en ocasiones, el azar ha querido que réplicas muy semejantes a algunas de las portadas creadas por él acaben siendo utilizadas por compañías discográficas.
“Hice una portada para un single pirata de la Velvet Underground con una foto muy bonita en la que salían Lou Reed y John Cale como dentro del maletero de un coche y hace poco he visto que han sacado un LP utilizando justamente la misma foto. Mi portada solo fue original unos cuantos meses”.
En ocasiones el parecido no es tan casual o fruto del azar sino más bien a admiraciones y homenajes más o menos conscientes.
“Unos amigos de París que tenían un grupo habían hecho más discos que portadas, les faltaban como cincuenta. Era una época en la que trabajaba con Javier Herráiz de ‘Paté de marrano’, así que fabricamos las portadas que faltaban, las serigrafiamos, completé algunos huecos con sellos de linóleo muy antiguos y tintas que con el tiempo van desapareciendo y, en la parte de atrás, imité una portada que me gustaba de Art Chantry a la que acompañé de una tipografía que luego utilicé en el proyecto de El Cartel. Dos años después estos amigos sacaron un disco en Estados Unidos, contactaron con Art Chantry para que les haga la portada y ¿qué es lo que hizo Art Chantry? Cogió esa tipografía que yo había utilizado en mi portada y la utilizó él en en el nuevo diseño”.
Aquellos que estén familiarizados con el trabajo de Olaf, sabrán que a este ilustrador turco –¿o era belga? ¿o chipriota?–, le encanta aderezar sus trabajos con unos toques de confusión y mucho sentido del humor. Por eso, esas nuevas portadas para sus singles están cuajadas de chistes, referencias, juegos de palabras e incluso de ajustes de cuentas con grupos o los encorsetados departamentos de prensa de las discográficas. Por ejemplo, si un grupo es promocionado como muy gamberro y peligroso, Olaf elige para su portada la fotografía en la que aparecen más modositos e inofensivos; o si en los singles antiguos se acostumbraba a poner textos promocionales, él se los inventa.
“En la contraportada a veces incluyo, como se hacía antes, las portadas de otros singles de ese grupo o de ese sello para animar a la gente a que los compren pero, evidentemente, esos discos tampoco existen porque también son portadas hechas por mí. En otros casos, pongo textos promocionales que nunca estuvieron en un disco, como en un singles de Count Five en el que incluí un párrafo del libro que les hizo Lester Bangs y en el que, por cierto, se inventa totalmente la biografía del grupo. Otras veces la historia es más compleja, como este disco de un grupo de garaje muy raro en el que uno de sus miembros era negro y al que luego ficharon para hacer temas de soul, solo porque era negro. El grupo que le acompañaba en esa nueva etapa era Black Sabatth, que todavía no eran famosos y que les contrataban como grupos de estudio para acompañar a cantantes u otras bandas. Cogí la portada original del grupo de garaje y a sus excompañeros les puse las caras de los de Black Sabath”.
El proyecto de singles huérfanos no se limita únicamente a solucionar el problema de dotar de portada a aquellos discos que no la tienen. Como si de un reto personal se tratase, Olaf se ha autoimpuesto una serie de limitaciones o exigencias gráficas a la hora de realizar esas cubiertas para que su aspecto y acabados se asemejen lo más posible a los que se podían conseguir con la tecnología de la época.
“No me gusta que las portadas tengan un aspecto demasiado nuevo. Por eso suelo poner en los blancos un tanto por ciento de amarillo para que parezca más antiguo y, como en la época se imprimía en muchos casos con tintas planas, intento jugar con los canales para que se pisen, se transparenten y los colores no acaben de encajar bien unos con otros. Aunque el archivo es RGB y la impresión es láser, si trabajas la imagen en CMYK puedes jugar con los canales como si fuera una imprenta vieja y puedes conseguir reproducir los mismos fallos o las transparencias que, por otra parte, es lo que suelo hacer normalmente en mi trabajo con los colores.
Además, procuro no utilizar las tipografías del ordenador. Cuando era chaval lo hacía con transfers o con máquina de escribir, pero ahora, aprovechando que tengo muchos libros antiguos de tipografía, unos catálogos que daban por fascículos en los que están todas las tipografías clásicas, unas cien o doscientas tipografías completas con tipos de madera, las escaneo y con ellas hago los textos.
También es importante conocer la máquina con la que vas a trabajar. La fotocopiadora es como una imprenta y yo ya llevo las cosas preparadas porque sé lo que quiero. Por ejemplo, no hay que dejarles que hagan un ajuste de página. Si se corta, se corta. También sé si la máquina está subida de un determinado color o no, hay que buscar que el tóner sea mate y tampoco hay que olvidar que, ahora mismo, ya hay muchas portadas de grandes compañías que están hechas en impresión digital, por lo que se puede conseguir un acabado realmente bueno”.
Ahondar en el tema de las portadas ha permitido a Olaf tener un amplio conocimiento de estilos y referencias hasta el punto de poder determinar las características del diseño italiano, el francés, el alemán o el de los países bajos, estilos que luego él recrea a su manera en sus propios trabajos.
“Los holandeses y los daneses, tienen un toque dutch design muy característico. Acostumbran a utilizar mucho el círculo como recurso gráfico en el que suelen meter una foto. Suelen ser portadas muy op-art con una paleta de color muy rara. Debe ser por la falta de luz que tienen en esos países. A mí me resultan muy interesantes pero supongo que a ellos ya les debe aburrir tanto círculo”. Texto: Eduardo Bravo

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