MAGAZINE DE DISEÑO, CREATIVIDAD GRÁFICA Y COMUNICACIÓN

Manual de supervivencia


Chaplin era cineasta, no podía estar en contra del progreso cuando se había convertido en una estrella del celuloide gracias al séptimo arte, aquel invento todavía inmaduro hizo que el mundo pudiera admirar su genio para la comedia y no obstante, en Tiempos Modernos criticó el trajín que se nos venía encima por culpa de la tecnología, supo ver el lado humorístico de la revolución industrial y reírse del ritmo agobiante que nos imponen las máquinas con las que nos relacionamos por nuestro trabajo. Atrapados en ese laberinto tan cambiante, es difícil sustraerse a la permanente necesidad de renovarnos a medida que va quedando obsoleto el oficio que un día llegamos a dominar. Los que tenemos una edad hemos visto desaparecer muchas profesiones debido a la informática… y nacer otras. Hemos tenido que cambiar no pocas veces de actividad porque el suelo se hundía a nuestros pies. Cuando veo un plóter haciendo mi antiguo trabajo mucho más rápido y mejor que yo, mi actitud es de amor-odio, como Chaplin. Odio porque la tecnología digital permite desarrollar ciertos oficios (como dibujar letras, retocar fotografías, hacer fotolitos, etc.) a gente que carece de la habilidad para hacerlo al modo tradicional. Amor porque, de no ser por eso, quizá me habría pasado la vida en un taller recortando metacrilato con una sierra de marquetería o retocando planchas con ulano autoadhesivo. Al más mínimo catarro me pediría la baja laboral para que se me rebajara la condena; ahora, en cambio, soy autónomo freelance con una salud de hierro.

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Sigamos observando un poco más aquella revolución tecnológica novecentista para fijarnos en un detalle, a mediados del siglo XIX surgió una cadena de locales que revolucionó el mundo del espectáculo, el Teatro Circo era exactamente lo que parece, un edificio diseñado para ver espectáculos circenses que incluían la doma de animales, trapecistas, malabaristas, cómicos y magos, todo lo que veíamos de niños en las carpas ambulantes del circo. El mayor espectáculo del mundo era un negocio redondo que parecía la fórmula definitiva del entretenimiento familiar, pero el cinematógrafo vino a quebrar aquella buena racha y en poco tiempo desaparecieron todos, por más que algunos de ellos intentaron reconvertirse en salas de proyección. El mismo cine sufrió una convulsión interna con la llegada del sonoro, que castigó a los grandes cómicos a pesar de haber dado obras maestras sensacionales durante su etapa silente. Curiosamente, el teatro declamado sufrió la evolución inversa, dotado de la palabra desde el principio. La gran reforma vino de la mano de artistas geniales, como Lindsay Kemp, que prescindieron del texto para profundizar en el lenguaje visual abriendo paso a un nuevo concepto del arte escénico. Mientras escribía estas líneas se produjo su fallecimiento, así que no he podido evitar el derramar sobre esta página una lágrima gordota, llena de emoción, en reconocimiento a la profunda admiración que me producían sus estrenos.
En definitiva, que el progreso nos obliga a replantearnos el oficio permanentemente, cada vez que la tecnología brinda unas prestaciones que hacen más asequible el diseño gráfico a los usuarios, perdemos exclusividad pero ganamos en operatividad, rapidez, rendimiento y toda una serie de ventajas que nos abren nuevas posibilidades. La verdadera creatividad comienza por uno mismo. En este artículo me he propuesto hacer un trabajo de campo para experimentar esas prestaciones que están al alcance de todos gratuitamente en la red. Según todos los coachs (asesores) que se prestan desinteresadamente a aconsejarme sobre cómo triunfar en la vida, lo primero que hay que hacer es crear una marca personal. En principio se conforman con que te inscribas en su lista de correo pero luego, por email, te recomiendan que el dinero que pensabas gastarte en un buen logotipo se lo pagues a ellos por un cursillo donde aprenderás a hacerte uno gratis. Yo fui por libre, después de probar varios servicios donde resultaba que hacerse el logo era gratis pero había que pagar por obtenerlo, confié en la página logotipo gratis para un elemento tan vital para mi imagen corporativa como es el logo.
Internet te enseña qué características debe reunir (en resumidas cuentas tiene que ser legible, contundente, explicativo y fácil de recordar), incluso te suministra casos ejemplares de logos inventados como el de Pause, donde queda claro el concepto. He seleccionado los más divertidos aunque alguno de ellos es conflictivo, como el de Antisocial Network y también Bipolar, que hace referencia a un trastorno muy extendido; una asociación de afectados se quejó pero solo protestaba la mitad del tiempo; el resto agradecían el haberles mencionado. Coincido en que un buen brand (imagen corporativa) ha de tener esas cualidades pero también es verdad que hacer un logo es fácil cuando el diseñador puede decidir el nombre de la empresa. Lo difícil es hacer algo aceptable si el cliente es, pongamos por caso, el Patronato de Detritus y Aguas Fecales de Matamoros. Por fortuna no es nuestro caso. Elegí para mi empresa el nombre de Global, personalizado con mi nombre real para que se vea que todos los diseños son ficticios, realizados expresamente para este artículo. Hice el logo con la aplicación online proporcionada por logotipogratis.com, que no permite regular el kern ni el interlineado siquiera, la mayoría de fuentes son ilegibles cuando lo escribes todo en mayúsculas pero, eso sí que lo tiene, no vale un duro. Con el logotipo y un par de imágenes procedentes de bancos de fotografías y clip-art gratuitos tenemos material suficiente para fundar un blog en WordPress.com, plataforma que hace muy asequibles unas funcionalidades que parecían reservadas al universo Joomla. Así que, como dijo Atila, sigamos adelante.
La forma más rápida y eficaz para crear contenidos publicitarios en blogs y redes sociales es la de publicar mockups (maquetas) que transmitan sensaciones reales de nuestro proyecto. El mockup es la imagen previa que se ofrece de algo que todavía no existe, pero que ya ha sido diseñado y podemos representarlo para hacernos una idea de cómo quedará. Desde siempre que Photoshop nos ha servido de gran ayuda para realizar fotomontajes que combinaran nuestros diseños digitales con fotografías reales, dominar el programa hasta ese punto marcaba la diferencia, ya que permitía mostrarle al cliente imágenes de cómo iba a quedar el proyecto cuando ni siquiera se había comenzado. Hace alrededor de cinco años o más, cundió la opinión de que los encargos tenían más posibilidades de realizarse si se presentaba la maqueta. La práctica se generalizó y a partir de entonces la elaboración de mockups se ha simplificado mucho porque se comenzaron a distribuir patrones realizados en proyectos anteriores y se ha terminado diseñando patrones expresamente para venderlos a profesionales. Hay empresas que ofrecen mockups en la web, y a ellas me dirigí para darle un poco de consistencia a la marca que, en un visto y no visto, comenzó a figurar en diversos soportes, monitor, tablet, smartphone, portátil y hasta en tazas de café.
Un mockup no es una simple template (plantilla) del tipo “Type your text here” donde puedes sustituir el texto o añadir una imagen plana, sino algo más sofisticado. La diferencia estriba en que utiliza la función de las capas inteligentes de Photoshop, el programa hace años que permite manejar objetos receptivos, que siguen abiertos a las actualizaciones del documento original aunque se hagan desde otro programa, pero desde la versión CC es una función sencilla de manejar. Las transformaciones que se hacen en una capa inteligente mantienen en memoria la imagen original, conservando aparte la información sobre las modificaciones que ha recibido, por lo tanto para personalizar un mockup solo hay que editar contenido (haciendo clic con el botón derecho del ratón sobre la capa correspondiente) y reemplazarlo por nuestro diseño, que quedará perfectamente integrado en la imagen con los filtros, efectos y transformaciones que le correspondan. Las empresas especializadas en comercializar mockups, como Zero Gravity, GraphicBurger, Mockup Zone, Original Mockups o Freepik, suelen regalar demos gratuitas para ver si nos entra el gusanillo. Y gracias a su generosidad, nuestra marca Global adquirió presencia virtual cuando ni siquiera sabíamos a qué se dedicaría exactamente. Con ese nombre, lo mismo puede ser una marca de chicles que podemos constituirnos en un think tank que controle los destinos del planeta. Para aclararlo, lo más práctico es hacernos un moodboard.
El moodboard es algo que todos venimos haciendo desde niños, cuando pegábamos fotos de nuestros artistas favoritos en las paredes de la habitación con intención de que quedara un espacio agradable. Las modernas aplicaciones de gestión de datos tienen tendencia a lograr que sea una tarea tan intuitiva como manejar un tablero de corcho con chinchetas o trajinar post-its en la puerta del frigorífico. El concepto de board (tablero) es esencial para tenerlo todo a la vista, y así funcionan aplicaciones online como Trello o Genially; en cambio la noción de mood es bastante más subjetiva, fácil de entender pero difícil de explicar, el mood es el estado de ánimo, el humor en que estamos, así que el moodboard viene a ser un collage inspirativo donde se plasman las aspiraciones, logros o tendencias que nos motivan en el presente. Es un archivo adjunto importante para convencer al cliente de que le hemos pillado la idea y vamos por el buen camino. Técnicamente es más simple que un mockup, ya que se realiza mediante una simple template donde solo hay que Pegar Dentro los contenidos, pero a nivel de concepto es mucho más delicado. Si el mockup es la fachada de nuestro proyecto, el moodboard es la cocina donde se van a elegir los ingredientes y la receta del plato a preparar.
Como en este caso soy mi propio cliente no me puedo engañar a mí mismo, en el moodboard de Global queda constancia de que mi tendencia es hacer un producto decorativo ya que es la especialidad en que tengo más experiencia (mi principal afición es la música), por lo tanto es un terreno que también domino. Lo que considero más asequible a nivel de presupuesto es hacer diseños de camisetas, dirigidas a todo el mundo, que puedan gustarle a mucha gente, y mis principales referentes son Lindsay Kemp (por lo que ya he explicado) y Andy Warhol, por su filosofía del Pop. Todo muy Global. Fijaros lo importante que es el moodboard, ya que es el resultado de un estudio profundo del brief y marca las directrices futuras mediante la combinación de estímulos que tienen muchas posibilidades de funcionar complementariamente. Así que comenzamos por estampar el logo en la parte de atrás de una camiseta y, de pronto, el proyecto parece que toma cuerpo, automáticamente nos conduce (a mi hija y a mí) a diseñar retratos de celebridades musicales para la parte delantera. Aplicando a todos los mismos colores y filtros de Photoshop obtenemos un estilo característico, sobre esa base creamos una línea de pósteres y hacemos un catálogo de nuestros productos. ¡Caramba!, por una vez no va a ser el currela el que sea suplantado por la tecnología sino el empresario. A algunos les está bien empleado, confieso que cuando veo el rótulo de un restaurante con una fallo gordo de kern me acerco a mirar la carta, elijo lo que más me gusta y me lo hago yo en mi casa. No vamos a ser los únicos de los que se prescinde porque la gente se sienta capaz de hacerse sus propios diseños. El logotipo quizá sea el ahorro más patético porque habla mal de una empresa hasta en la propia publicidad y provoca vergüenza ajena desde la acera de enfrente. Con la técnica del dropshipping podemos incorporar todo tipo de productos a nuestro catálogo y convertirnos en un tienda virtual perfectamente diseñada. No como los pingos que se hacen ellos. No hay que obsesionarse en buscar clientes, solo hay que hacer networking como sabemos hacerlo y dejar que sean ellos los que nos encuentren. Publicado en Visual 194

Texto: Tomás Sainz Rofes

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