Ilustrar puede ser un oficio, una profesión o una actitud, dependiendo de las personas. En la conversación con Marcos Guardiola llega uno a la conclusión de que habría que enmarcarlo en el tercer grupo. No debe engañarnos su formación de arquitecto, en su curriculum hay de todo –audiovisual, 3D, diseño expositivo, interactivos, rehabilitación de edificios…– y en todos los ámbitos, ya sea la empresa, la administración o las ONG’s. Recurre en la conversación al referente que supuso su estancia en México, y a diferencia de muchos ilustradores, no reniega de las horas dedicadas a hacer mano en academias de dibujo. Sus ilustraciones para la Cuarta Página de El País son la parte que más se conoce de su trabajo, pero la ilustración de opinión es para el un género más, no cree en la especialización. Publicado en Visual 161
Estudié arquitectura. Es una carrera que exige dedicación exclusiva, y no deja espacio para otras inquietudes. Estuve un año en México, y me di cuenta de que me interesaba una visión más amplia.
Vamos, que llegaste dando un rodeo a la ilustración.
No exactamente. La ilustración estaba ahí presente pero no era en principio el objetivo, hasta que surge la oportunidad de trabajar en ello. Ni siquiera ahora sé si viviré de la ilustración, hoy es una fuente de ingresos, pero lo entiendo solo como una parte de lo que me interesa. Aunque me produce cierta envidia la gente que es capaz de ceñirse a un territorio creativo limitado, y con ello alcanzan un dominio y calidad por esa especialización, no es mi caso. No se trata tanto de tocar muchos palos, lo que me interesa es relacionar las distintas áreas y procesos creativos, que se alimentan entre sí. Supongo que esto tiene que ver con la manera de ser de cada uno, no estoy diciendo que lo uno sea mejor que lo otro.
Pero la ilustración en prensa tradicionalmente se ha entendido como una especialización.
La ilustración en prensa exige enfrentarse a los tiempos de manera distinta y trabajar con conceptos contundentes. Otros géneros como la historieta o la ilustración de libros permiten estructuras narrativas, elaborar un código y mantener un discurso, descargando parte del peso en una propuesta formal en la que puedes recrearte… el periódico exige un concepto unitario en cada ilustración, que ya no es como hace años cuando decoraba el texto. Ahora forma parte de la información. Eso supone al principio un cierto vértigo, pero como en todas las cosas de la vida acabas desarrollando técnicas y recursos que te permiten conceptualizar a partir de premisas. Por supuesto, hay textos más fáciles y otros que entrañan mayor dificultad, como hay también soluciones que las ves en el primer minuto y otras que exigen un proceso mayor. Pero no existen los recursos trampa, que te permitan llegar siempre al resultado, o si existen ese resultado no es el mejor. Ahí es importante ponerte un nivel alto de exigencia.
Es un género que produce satisfacción añadida, porque tienes un feedback directo de gente que tienes a tu alrededor, que te dirá lo que le parece tu pieza y detectas cómo es percibida. Gente que no tiene nada que ver con lo que haces. Y además es inmediato, el mismo día que sale publicada. Cuando publico en El País suelo también compartirlo en las redes sociales y en el blog, eso te ayuda mucho a conocer cómo se entiende o no lo que estás haciendo. Te ayuda a saber qué cosas funcionan mejor que otras.
¿Es necesaria esa exposición permanente de los que hacéis los ilustradores? Es un fenómeno relativamente reciente.
Esa exposición pública del trabajo, y el trato directo con los receptores, es en realidad una exposición pública de la persona, del ilustrador en este caso. No me agobia porque no le dedico mucho tiempo, aunque sí hay quien lo hace y está claro que les funciona. Las redes sociales han entrado de golpe en nuestras vidas. Y no hablo de los ilustradores, cualquiera que haga algo tiene las redes sociales ahí para utilizarlas, de momento es una opción, quizá mañana no se entienda cualquier actividad creativa sin ellas. Pero hoy no me parece imprescindible, es una herramienta más. Pero no puede negarse que hay un factor importante: quienes encargan tu trabajo –sucede en el sector editorial con los escritores, y empieza a pasar con los ilustradores– valoran esa presencia y esa labor, porque saben que eso dará notoriedad al producto. Lo primero que te pregunta alguien hoy antes de contratarte es si tienes un blog o una web donde esté tu trabajo.
Las redes han servido además para articular relaciones entre los ilustradores.
Quizá estoy un poco alejado del entorno específico de los ilustradores, vengo de otro ámbito, pero es cierto que cada vez más existe una comunidad que se relaciona a través de las redes. Es un poco autocomplaciente, pero evidentemente es muy positivo y te hace sentir menos solo. Creo que es bueno que sea así, aunque yo no sea muy activo en eso. Me parece que es interesante pero sin caer en la endogamia: lo que nos pueda aportar otro ilustrador debería importarnos tanto como lo que nos aporta un arquitecto o un músico.
La formación del ilustrador sigue siendo una asignatura pendiente…
La formación supone un peso específico a la hora de trabajar. El tiempo que he podido pasar en escuelas de dibujo que aportan una formación muy académica, y por supuesto el haber estudiado arquitectura están ahí, y no creo que sean un lastre sino que te aportan una manera de hacer. A veces descubro que un dibujo me ha salido muy “de arquitecto”, porque pesa esa otra forma de plasmar la realidad, y no pasa nada. Hay que ser consciente para que no se acabe convirtiendo en un problema, en mi caso cuido no obsesionarme con el perfeccionismo formal. Es un bagaje que aprovechas para hacer que los elementos estén bien proporcionados, buscando equilibrios, eso en la ilustración en prensa me facilita mucho las cosas. En otros proyectos, puede que busque intencionadamente huir de ello.
No estoy seguro de si tiene algo que ver la formación o las redes sociales en ello, pero es curioso que existan modos de hacer muy parecidos entre los ilustradores, mucha gente haciendo cosas parecidas y con estilos y recursos comunes… cuando los editores están ávidos de encontrar cosas nuevas y diferentes. No tiene mucho sentido, pero todos caemos en ello a veces. O quizá es que los editores dicen que eso es lo que buscan, pero no es tan cierto. En cualquier caso, lo normal es que si te diriges a las editoriales que editan cosas que a ti te gustan, haya posibilidades de que les guste lo que tú haces. Luego está que muy posiblemente los editores que pueden darte un volumen de trabajo importante, no son los que a ti te apetece tener entre tus clientes. Aunque no están las cosas como para ponerse exquisito en eso…
Hoy tenemos acceso a una ingente cantidad de información de lo que se está ilustrando en cualquier lugar del mundo. Lo consideramos normal, pero era impensable hace unos años. Esa información que entonces se valoraba mucho, hoy al estar accesible para todos parece trivial…
El poder tener acceso a trabajo de muchísima gente es positivo, luego depende de como lo utilices. Aunque eso es un arma de doble filo. Antes nos llegaba sólo lo que se publicaba, después de pasar por un filtro, lo que a priori suponía una calidad. Ahora el filtro nos toca hacerlo a cada uno, hemos cambiado calidad por cantidad, y nos toca rebuscar para encontrar esa calidad. Si añadimos a eso que existe un cierto mimetismo en la mayoría de las cosas que vemos, no es fácil. Pero es positivo, ese trabajo de filtrar lo que vemos es un ejercicio sanísimo.
Aunque sea recurrente, no me voy a quedar sin preguntarte sobre el estilo propio del ilustrador, ¿en tu caso como lo gestionas?
No me obsesiona especialmente definir un estilo, un territorio gráfico propio en el que desenvolverme. No es que no lo quiera, es que creo que eso se produce de manera espontánea, desintencionada. Me obsesiona más, como a casi todos ahora, ganarme la vida y si es posible haciendo lo que me gusta, esa es la batalla tal como están las cosas. Afortunadamente, ese “lo que me gusta hacer” en mi caso es muy amplio, y creo que tengo capacidad de adaptación en ese sentido. ¿Que hay que hacer concesiones? pues evidentemente puede tocar hacerlas en algún momento, pero existen límites y todos los tenemos. Los profesionales estamos haciendo lo mismo que hace unos años, lo que ha cambiado es el entorno. Puede que en determinados niveles de encargo se haya extendido una precariedad insana e incluso el trabajo sin cobrar, y seguramente hay también quien lo acepta por motivaciones que van más allá del dinero, como puede ser la notoriedad o el abrirse paso en el mercado… pero no lo veamos como oportunidad; lo que está claro es que existe también gente intentando aprovecharse de eso. Al final, no nos engañemos, el trabajo es para ganarse la vida. ¿Que algunos trabajos pueden hacerse de modo altruísta? Por supuesto, empezando por la política, y sin embargo los políticos cobran. Detrás de todo esto, y concretamente en la ilustración, está una amateurización que no se sostiene. Que posiblemente tenga su espacio, pero que a la larga será un espacio que quede acotado.




