MAGAZINE DE DISEÑO, CREATIVIDAD GRÁFICA Y COMUNICACIÓN

Mr. Zé. El diseñador que sabía lo que no quería ser


Apasionado de la caligrafía, la rotulación y el lettering, Mr. Zé pensó que sería una buena idea encauzar su carrera profesional hacia esta disciplina. Con ello, no solo ha contribuido a que este oficio no se pierda, sino que ayuda a que el panorama gráfico de las ciudades resulte más rico y agradable.

mr Z

Mr. Zé no para de hacer cosas. Este diseñador, rotulista, director creativo y artista vallisoletano lleva más de quince años de un lado para otro. Cuando no son sus proyectos de lettering, sus talleres de caligrafía, pintar algún escaparate, participar en un evento para una marca o trabajar en una futura línea de ropa, son los proyectos de Pobrelavaca, el estudio de diseño que dirige junto a Ana María Hernández. La mejor diseñadora de Castilla y León. Lo digo porque como sucede en muchas disciplinas, las diseñadoras pasan desapercibidas y en este caso se lo merece, –puntualiza–.
Recién aterrizado de Alemania –donde ha asistido a una feria kustom en la que ha mostrado su talento para personalizar motocicletas, cascos, cazadoras e incluso el cuerpo humano, gracias al diseño de tatuajes–, y antes de que vuelva a zambullirse en un nuevo proyecto, Mr. Zé ha encontrado un hueco para repasar su poliédrica carrera en el mundo del diseño.
Al final creo que intento mostrar las diferentes caras que tiene un ‘artesano gráfico’. Trabajo con un Mac en diseño y disfruto de esa herramienta por sus posibilidades, pero cada vez más lo voy dejando aparte para seguir haciendo cosas con mis manos. En ese sentido, todo el registro gráfico me encanta: tipo, lettering, caligrafía, rotulación, collage…
Sin embargo, los primeros años de Mr. Zé en el campo del diseño no fueron precisamente ni creativos, ni artísticos, ni manuales, lo que no impidió que fueran una buena base para todo lo que vendría después.
Comencé maquetando dos periódicos semanales. Ahí aprendí mucho sobre composición, arte final y apretar el culo cuando hay que entregar un trabajo. Luego me incorporé como diseñador a una agencia de Madrid que tenía sede en Valladolid y después estuve en otra agencia más, quizá la más grande de mi ciudad. Durante ese camino aprendí lo que no quería ser, que es mucho más importante que saber lo que quieres ser.
Aunque esa epifanía tardase en llegar, lo cierto es que la estrecha relación entre Mr. Zé y las disciplinas creativas, especialmente la caligrafía y el lettering, viene de muy atrás.
La caligrafía me atrapó bien joven. Supongo que por el atractivo de esa búsqueda constante del lenguaje que se esconde detrás de cada tipo de letra, de cada trazo. Eso me hizo entender de dónde vienen las letras y el conocimiento que hay detrás de cada una de ellas, de cada forma, de cada estilo. Siendo diseñador es importante, además de conocer las familias tipográficas, casi casi aprenderte cada una de ellas. Si nos diésemos cuenta de todo lo que se puede hacer solo con la riqueza de la palabra escrita, otro gallo nos cantaría.
Si Estados Unidos no es un país para viejos, por lo que se ve, España no es un país para tipógrafos, rotulistas y calígrafos. Los antiguos comercios se van perdiendo y, con ellos, los rótulos artesanales. Los que surgen, a la hora de diseñar su cartelería, se decantan por los plóteres, los vinilos o las letras adhesivas de ferretería. Solo algunas honrosas excepciones, algo así como una élite empresarial que valora el diseño, rompen esta tendencia.
Lo que pasa aquí no tiene nombre, la verdad. Mientras en el resto de Europa y de América la rotulación avanza y se le da más importancia, en este país es al revés. Además, no es cierto eso de que trabajos como los míos sean para una élite. Es verdad que hay materiales que son caros, como los dorados, pero eso no los convierte en algo elitista. El problema real es que no se conoce el mundo de la rotulación porque muchos lo han dejado en el olvido. No quiero decir con esto que la rotulación tenga que ser sinónimo de aburrido o viejuno, no es eso, pero donde esté un panel de cristal rotulado a mano, con pan de oro y esmalte… que se quite un vinilo.
Una de las razones que pueden esgrimirse en defensa de aquellos que eligen el vinilo en lugar del pincel es la casi total de-saparición de este tipo de oficios tradicionales. Mientras que las calles e internet están llenas de reclamos destinados a resolver un problema de comunicación con un plóter, los rotulistas y calígrafos son más difíciles de localizar. En muchos casos, incluso desaparecen sin haber podido transmitir su conocimiento a profesionales más jóvenes.
Cuando poníamos algún vinilo en la empresa, siempre se me torcía el gesto porque deseaba hacerlo a mano. Por eso, un día me lancé a aprender. Como hacía bastantes trabajos de lettering y de decoración de locales, lo único que necesitaba era aprender las técnicas. Algunas, como el dorado, son complicadas pero en los libros de Sign Painters se puede encontrar mucha información y, por supuesto, si tienes la oportunidad de asistir a algún taller impartido por un profesional en la materia, mejor que mejor. Es fundamental conocer bien todos los procesos, sobre todo cuando se trabaja en superficies tan complicadas como el cristal de un escaparate donde trabajas ‘en directo’, en posturas poco cómodas y a contrarreloj.
Los plazos ajustados y la inmediatez, tan presentes en cualquier proyecto de diseño, son otras de las razones que los defensores de la rotulación industrial utilizan para no decantarse por el lettering, técnica que, evidentemente, exige un poco más de tiempo. Sin embargo, si cliente y diseñador quieren, es posible hacer buenos trabajos de rotulación en plazos más que aceptables.
En realidad, lo que se tarda en hacer un trabajo depende mucho de lo que estés dispuesto a dar. En mi caso, es cierto que trabajo rápido y me doy bastante caña, pero lo hago para que los plazos no se alarguen demasiado, lo que no impide que sea meticuloso y concienzudo porque tengo mucho respeto a estas profesiones. Además, aunque los clientes sean conscientes de que tus plazos son mayores, no quiere decir que sean menos exigentes con el resultado.
Los clientes de Mr. Zé acostumbran a ser agencias de publicidad, marcas o particulares, algunos de los cuales encargan, desde pequeños trabajos de personalización de motocicletas, a grandes murales para decorar locales en los que se mezcla lettering, caligrafía y collage. En todos los casos, Mr. Zé aplica un estricto proceso de trabajo que garantiza un buen resultado.
Antes de nada me reúno con ellos, bien de forma presencial o por teléfono o skype. Estudio el proyecto y, a partir de ahí, valoro costes, plazos y les paso un moodboard con las ideas que tengo, pero no bocetos. Cobro siempre el 50% por adelantado, y una vez que ellos aceptan, entonces o bien les paso un boceto o bien comienzo a trabajar con libertad pero bajo unos parámetros que les paso a ellos en cuanto a color, mensajes e imágenes. He de decir que el 90% de las veces optan por darme libertad absoluta y esto se agradece muchísimo.
Debido a esa libertad, a las técnicas que emplea, a los acabados y a su estética, el trabajo de Mr. Zé es fronterizo al mundo del arte. Un hecho que antes, cuando a la profesión se accedía a través de escuelas de artes y oficios, no resultaba tan extraño como ahora, cuando el Diseño y las Bellas Artes parecen disciplinas estancas entre sí.
Se ha hablado mucho sobre el porqué muchos diseñadores son realmente artistas. Creo que es un camino natural. Ojalá en las escuelas de diseño se trabajase más con las manos porque, de esa forma, nuestra sociedad entenderá mejor el mundo del arte, del diseño y el valor que éste tiene. Un diseñador debería saber escribir correctamente, saber caligrafía, composición y, en el fondo, ser un artesano.
Por la parte que le toca, Mr. Zé está dispuesto a contribuir para que esa forma de ver el diseño y el arte sea una realidad. Para ello, a todas esas actividades que realiza, suma una más: la de impartir talleres y cursos a estudiantes de diseño.
Para mí enseñar es un trabajo fascinante. Me gusta ver los resultados que tiene en los alumnos y cómo ellos van desarrollando su obra, ya sea collage, caligrafía o lettering. Disfruto mucho viendo a la gente aprender y aplicar lo que humildemente les puedo enseñar. Uno de los talleres que más me ha gustado dar ha sido en la Escuela Arte Diez en Madrid, de donde salieron trabajos geniales de lettering y cuyos alumnos, a día de hoy, me siguen escribiendo y mandando imágenes del desarrollo de lo que allí empezaron. Es una satisfacción enorme.
Por evidentes cuestiones generacionales, en esos talleres confluyen las técnicas artesanales de Mr. Zé con las nuevas tecnologías de los alumnos millennials, que han hecho de las redes sociales un estupendo canal para expresarse artísticamente, comunicarse y, por qué no, promocionarse profesionalmente.
Como todos sabemos a estas alturas, las redes sociales son un arma de doble filo. Para mí son un escaparate de mi trabajo, una forma más de enseñar mi portafolio y lo que voy desarrollando, pero creo que hay gente que ha cambiado la parte de bibliografía por Pinterest y eso es peligroso. Estamos educando a unas generaciones de diseñadores y artistas a través de Instagram y Pinterest y eso nos va a volver más ignorantes, aunque nos ayude a tener más recursos visuales. Para mí ahora son una herramienta, pero para un chico de 18 años que empieza, son una manera de cercenar sus propias ideas y estilo, y de luchar por conseguir likes en vez de metas personales y un desarrollo profesional. En las redes hay mucho que ver, pero también mucho que tirar a la basura. Publicado en visual 194

Texto: Eduardo Bravo

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