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Paco Alcázar. Tebeos que no siguen una fórmula


A pesar de llevar solo una década como profesional en el mundo de los tebeos, Paco Alcázar ha sabido desarrollar una obra tan personal y diferenciada de la de otros autores, que lo ha convertido en un clásico de la historieta española. Sus trabajos son ya una gran influencia para los nuevos dibujantes y sus personajes, entre los que destacan Silvio José, parte del imaginario colectivo español.

paco alcazar

El ilustrador Paco Alcázar es un buen ejemplo de cómo, gracias al diseño, puede uno vivir bastante bien, por no decir estupendamente, al menos durante un cierto tiempo. Tras abandonar los estudios de derecho, Alcázar comenzó a estudiar Diseño Gráfico en la Escuela Massana. El Derecho no era lo mío y me pareció mejor decantarme hacia algo vagamente parecido a lo que me gustaba. Entré en Diseño como podría haber entrado en Bellas Artes.
Durante cinco años, Alcázar vivió de esta disciplina sin necesidad de hacer un solo diseño. A mí el diseño gráfico me interesaba como espectador pero no para trabajar en ello. Hasta que me di cuenta, estuve cinco años engañando a mis padres. Cuando se me acabó el tiempo, no me quedó más remedio que pasarme a la vida arrastrada, a la mala vida, a los tebeos.
La vida muelle como diseñador en ciernes dio paso a duros trabajos de camarero, almacenero. Unas profesiones que pueden ser una fuente inagotable de guiones de historietas siempre que las largas y agotadoras jornadas laborales dejen fuerzas para dibujarlas.
Poco a poco, Alcázar fue publicando sus trabajos en fanzines, revistas independientes y otros proyectos que, si bien no le reportaban ninguna remuneración, le sirvieron para desarrollar su estilo de dibujo y su personalidad como autor. Cuando empezó a publicar profesionalmente, su dominio del medio era tal, que parecía que llevaba en él toda la vida.
Aunque entré en El Jueves en 2005, llevaba mucho tiempo haciendo cosas en otros medios. En mi opinión, es importante llegar con un cierto bagaje, un cierto universo personal para no verte absorbido por las necesidades de la revista. Si hubiera entrado en El Jueves muy joven, creo que la hubiera cagado. No hubiera hecho los tebeos que he hecho, no hubiera estado tan contento con el resultado. Las entregas semanales, la actualidad, los lectores pueden acabar esculpiendo la personalidad de ciertos autores. Si llegas muy verde, te puede afectar negativamente. Cuando ha entrado gente joven y prometedora a El Jueves sí que he pensado “molaría que pudieran ganarse la vida con otra cosa y esperar un poco antes de entrar aquí.

Nace un mito

Cuando me establecí en Madrid procedente de Barcelona me quedé sin dinero, así que probé a ganarme la vida con los tebeos. El poco esfuerzo que hice fue comprarme un ejemplar de El Jueves, porque no lo había comprado nunca. Necesitaba algo que me hiciera ganar un sueldo y que ellos concibieran como comercial. Vi que el clásico vividor era una buena opción de personaje para una serie y así fue como les mandé los cuatro primeros capítulos de Silvio José.
Silvio José es un señor de cuarenta y cinco años, soltero que vive con su padre al que martiriza con sus continuos caprichos. Acostumbra a pasar el día en pijama, jugando a videojuegos de la Segunda Guerra Mundial, viendo la tele o metiéndose en líos con algunos de sus peculiares amigos, como Federico Tejada, un esquizofrénico que habla con su Geyperman de la suerte; Sebastián Cubero, profesor de autoescuela con un extraño parecido a Adolf Hitler y Sergio, un vecino adolescente experto en informática al que Silvio José gorronea videojuegos o pide ayuda para poner en práctica delirantes ocurrencias que no suelen acabar bien.
La esperanza de Alcázar era que Manel Fontdevila y Albert Monteys, por entonces en el consejo editorial de la revista, se acordaran de él de verle en fanzines y les gustase el personaje. Les encantó.
El enamoramiento del público no fue de la noche a la mañana. Al principio generó un cierto rechazo. pero conforme aparecían más páginas, los lectores se iban enganchando y viendo reflejadas muchas cosas que les hacían gracia. En ese sentido estoy muy agradecido a los que llevaban la revista por aguantar.
A pesar de que solo tiene una década de vida, Silvio José ya ocupa un lugar destacado junto a otros grandes personajes del tebeo español, como Mortadelo y Filemón, Anacleto, el Botones Sacarino, Carpanta o Hermino Bolaextra.
Crear un personaje o varios tiene algo de esclavitud y esa parte a mí siempre me ha parecido siniestra. La vida tipo Ibáñez, la verdad, no me gusta. Dejas de ser un dibujante para convertirte en el padre del personaje y a mí eso siempre me ha generado mucho amargor. Mi objetivo no es ser el padre de Silvio José y me agobia estar sujeto a una fórmula. Ya me lo parecía cuando Silvio no había tenido ningún éxito, así que ahora que ha funcionado, más aún. Definitivamente no veo el sentido al Silvio forever.
Silvio José estuvo publicándose en las páginas de El Jueves desde su nacimiento hasta que un problema de censura con RBA, la empresa editora de la publicación, hizo que un importante grupo de autores renunciasen a su puesto de trabajo y montasen su propia revista: Orgullo y satisfacción.
Cuando pasé a Orgullo y satisfacción pensé que tenía que rescatar al personaje pero luego me di cuenta de que no había sido una buena decisión. Creo que el recorrido de Silvio ya está hecho, al menos en el formato en que yo lo hacía. En ese sentido el autor tiene que tener la valentía de no ir detrás de los lectores porque, si no eres tú el que marcas el ritmo, al final acabas haciendo cosas muy malas. Como autor no quiero acabar esclavizado, tirando de lugares comunes, repitiendo cosas que has revisitado una y otra vez. Lo malo de dedicarte profesionalmente a estas cosas es que, en ocasiones, las circunstancias te obligan a tomar decisiones que no están del todo en tus manos. Si en el futuro alguien quiere hacer las salchichas Chisparritas o sacar una colección de los pijamas que lleva el personaje, pues bueno, pero no está en mi mente hacer el parque de atracciones de Silvio José.
La coherencia ha sido uno de los puntales de la carrera de Paco Alcázar como ilustrador. A pesar del éxito de su personaje y del interés mostrado en su obra por importantes editoriales como Random House Mondadori, primero, y Astiberri, en la actualidad, Alcázar ha sabido abordar solo aquello que creía poder hacer bien, aunque ello supusiera ir en contra de las tendencias del mercado.
Me veo incapaz de hacer una novela gráfica. Soy un ilustrador que no tiene facilidad para dibujar o escribir en tiempo récord. Puedo hacer cosas largas, pero por capítulos. Silvio, por ejemplo, no deja de ser una novela río que no termina nunca, pero no es una novela gráfica en sí. También influye la relación entre el esfuerzo que supone hacer un libro de golpe y el beneficio económico que se obtiene de ello y que, en mi caso, nunca lo he visto muy claro. Para hacer un proyecto como ese, tendría que cerrar el quiosco un año o año y medio y mis ganancias después de la experiencia no serían más de 1500 o 2000 euros. Como siempre, hablo por mí, porque hay otra gente que tiene mucha facilidad para dibujar y puede hacer una novela gráfica mientras hace otro tipo de encargos. Yo no soy capaz de hacer las dos cosas.
A pesar de esa confesada dificultad para hacer dos cosas a la vez, lo cierto es que Alcázar es un autor realmente prolífico, que compagina sus trabajo como ilustrador con su faceta de músico. Hechos que ponen de manifiesto la versatilidad de este autor cuyos intereses e influencias van más allá de los tebeos. Y del diseño.
Todo lo que te gusta en esta vida, incluso lo que no te ha gustado, por desgracia, también es una influencia. En ese sentido, no sé si soy la persona más adecuada para hablar de mis influencias porque muchas veces crees que tienes unas y cuando te paras a pensar, resulta que son otras. Lo que sí es cierto es que me salen más cosas de fuera de los tebeos que los tebeos. Buñuel, Berlanga, la serie Búscate la vida, el humor negro son más influencias que muchos autores de cómics. Por otra parte, cuando empiezas, las influencias son más evidentes pero, a medida que avanzas, la obra se va nutriendo de más cosas.
Lo de las influencias es algo complejo y paradójico. Más aún cuando se llega al punto de ser a su vez una referencia para las nuevas hornadas de ilustradores.
Personalmente, no sé si tengo influencia o no en otros autores, pero sí que hay cosas que veo de Cornellá, Alberto González o Joaquín Guirao, que están dentro de mi visión de las cosas. No sé si he sido una influencia para ellos pero sí los veo en mi línea de visión de la realidad. En el fondo, la creación no es más que una carrera de relevos en la que tomas un testigo y se lo pasas a otro.

Texto: Eduardo Bravo

Publicado en Visual 181

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