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Puigdemont Roca Packaging, concepto y tipografía


A pesar de ser una de las facetas más complicadas del diseño, Albert Puigdemont se decantó por el packaging
para desarrollar su carrera profesional porque no concebía dedicarse a otra que no fuera esa. Casi dos décadas después, el trabajo de Puigdemont Roca demuestra que, aunque eligió lo difícil, eligió lo correcto.

puigdemont

Joseph Leo Mankiewicz dijo de Bette Davis “She did it the hard way”, en referencia a la tendencia de la actriz a complicarse la vida. Davis, lejos de ofenderse, consideró que ninguna frase la definía mejor que esa. De hecho, la utilizó para su epitafio.
Algo semejante podría decirse de los diseñadores que se dedican al mundo del packaging. Habida cuenta de la cantidad de disciplinas que aglutina esa faceta del diseño gráfico, decantarse por ella son ganas de complicarse la vida.
Sin embargo, Albert Puigdemont no concibe dedicarse a otra cosa. Aunque en un momento de su vida las circunstancias le obligaron a trabajar en otros campos del diseño, siempre que tenía ocasión, regresaba al packaging.
Cuando montamos el estudio, empecé con muy poco. Trabajaba desde casa, con un ordenador y una impresora. Por esa época contacté con un retocador que trabajaba con muchos fotógrafos y empezamos a hacer mucha moda aunque, cada vez que podía, buscaba un encargo de packaging aunque fuera prácticamente gratis.
Desde entonces han pasado doce años. El estudio Puigdemont Roca ha crecido, se han incorporado más profesionales a la estructura y han cambiado de sede en varias ocasiones. Aunque siguen trabajando con el mismo retocador, ahora se dedican casi en exclusiva al packaging. Especializarse en moda hubiera sido lo más fácil, pero no lo mejor.
Estudiaba en Elisava. Creo que era en tercero cuando tenías que elegir por cuál rama del diseño querías decantarte. Diferentes profesores dieron unas charlas sobre imagen corporativa, editorial, multimedia… No tengo claro si fui a más de una. Lo que recuerdo es que asistí a la de Luis Morillas, que explicó cómo trabajaban ellos el packaging y todo lo que comportaba, y desde ese momento tuve claro a qué me iba a dedicar.
Dicho y hecho. Al acabar sus estudios en Elisava, Albert Puigdemont comenzó a trabajar haciendo packaging. Además lo hizo de la mano de varias de las figuras más importantes del sector, como el propio Luis Morillas, Puig Falcó o Salvatore Aducci, “su maestro”.
Trabajar con Salvatore es como hacer la mili en Israel –bromea Puigdemont–. Así que, después de cinco años con él, decidí montar mi propio estudio. Sin embargo, aunque consideraba que tenía un buen portafolio, experiencia suficiente y sabía lo que hacíamos, la cosa no se terminó de definir hasta que comenzamos a trabajar con Damm. Las grandes marcas solo quieren trabajar contigo si ven que ya has trabajado para grandes marcas. Empezar a colaborar con ellos fue lo que hizo que experimentásemos el mayor cambio en el estudio porque, a partir de entonces, comenzaron a llegar marcas parecidas.
En la actualidad Puigdemont Roca trabaja o ha trabajado para empresas como Schweppes, Supermercados Consum Osborne, Codorníu y otras que, sin ser tan conocidas o tener tanto volumen de negocio, son igual de bien recibidas en la agencia.
Buscamos clientes de todo tipo, pero la vida ha hecho que tengamos bastantes proyectos relacionados con el sector premium. Igual que antes hablaba de que los clientes grandes solo te encargan proyectos cuando ven que ya has trabajado con otros grandes, seguro que cuando empecemos a hacer gran consumo con más frecuencia, los clientes de gran consumo empezarán a encargarnos más cosas.
En Puigdemont Roca son conscientes de que esa abundancia de productos premium en su portafolio puede provocar que los clientes tengan una imagen distorsionada del estudio y piensen que sus tarifas son demasiado elevadas. Nada más lejos de la realidad.
Es cierto que se puede tener esa percepción, pero la verdad es que aquí siempre tuvimos claro que, a la hora de establecer los presupuestos, no íbamos a hacer distinción entre clientes. A todos se les trata por igual: tantas horas de trabajo, tanto dinero. Por eso siempre decimos que hay muchos estudios más baratos y algunos más caros, pero es difícil encontrar gente que tenga más calidad como nosotros. Evidentemente, no vamos a decir que somos los mejores, pero sí que nuestra relación calidad precio es muy, muy buena.
Los clientes que acuden a Puigdemont Roca pueden estar seguros de recibir un trabajo de calidad basado en dos pilares fundamentales: el concepto y la tipografía. A menudo, algunas de las fuentes se hacen expresamente para el proyecto porque, recurrir a una ya existente, sería demasiado sencillo.
Desde el momento uno nos vendimos como un estudio en el que lo importante era el concepto. Esto es algo que ahora cada vez es más habitual, pero hace una década no lo era tanto. Además, damos mucha importancia a la tipografía, que es la gran desconocida en el diseño grafico en general, y aún mas en el mundo del packaging. En ese sentido, pocos estudios personalizan y customizan la tipografía como lo intentamos hacer nosotros, para conseguir lo que queremos y no lo que las fuentes estándares nos proporcionan. En ocasiones nos piden que si les podemos pasar una determinada fuente y no es posible porque no la hay; está hecha a medida para ese encargo.
Otra de las características del trabajo de Puigdemont Roca es no restringir el campo de decisión del cliente. Si para ello es necesario hacer varias propuestas, se hacen. Y quien dice varias, dice muchas. Y quien dice muchas, dice muchísimas.
Todo depende del proyecto pero, como mínimo, podemos presentar seis propuestas. Hay gente que se asombra de ello porque piensan que la labor del diseñador es guiar al cliente en la elección. Nosotros, sin embargo, consideramos que si al cliente le das una sola opción y la defiendes a muerte, limitas mucho el resultado que puede obtener. En esos casos estás haciendo más tu proyecto que el suyo. Es como el arquitecto al que le encargas tu casa y hace “su casa”, y el arquitecto que, antes de empezar a hacer nada, se ha reunido contigo, con tu familia y se ha enterado de si hacéis reuniones familiares, si veis la tele, si no la veis, si os gusta cocinar, si os gustan las terrazas…
En Puigdemont Roca son poco amigos de la figura del arquitecto estrella. En consecuencia, tampoco son amigos del diseñador estrella. Por esa razón, prefieren alejarse del modelo de profesional con un estilo muy reconocible y cuyas propuestas suelen ser, cuanto menos, predecibles.
Los diseñadores de packaging debemos ser hábiles para cumplir con cada briefing. Como decía antes, en nuestros proyectos hay dos elementos que pueden servir de nexo, el concepto y el trabajo tipográfico, pero nada más. Nuestra intención es que el cliente, tanto si ha trabajado ya con nosotros o es la primera vez que nos llama, no sepa lo que le vamos a presentar.
Esta filosofía, en la que el ego queda relegado, no solo contribuye a mejorar el servicio al cliente, sino que resulta muy útil en un sector como el packaging, en el que cada proyecto es una cura de humildad. A diferencia de otros sectores del diseño, son pocos los consumidores que conservan y valoran una botella, un blister, una caja o un envase.
No tengo ningún tipo de ego. De hecho, creo que el éxito de un trabajo de diseño es lograr que participen en él todos los miembros del equipo, incluida la gente de cuentas, que a lo mejor no tienen responsabilidad creativa, pero sí que participan de las reuniones. Esta falta de ego también se demuestra en lo que siempre decimos de que hacemos en el estudio todo aquello que nadie sabe hacer mejor que nosotros. Si hay alguien que sabe hacer algo mejor, se lo encargamos para que el proyecto gane en calidad. Por todo ello, no me preocupa que los productos que nosotros diseñamos, como botellas, cajas, etc., acostumbren a terminar en la basura. Al revés, eso quiere decir que se han comprado.
Después de casi dos décadas dedicado al diseño de packaging, Albert Puigdemont sigue tan enamorado de esta compleja disciplina como el día en que Luis Morillas le explicó en qué consistía. Si bien nadie duda de que sea complicada, también es verdad que no es aburrida en absoluto.
En este sector, cada jornada es diferente. Un día estamos haciendo un yogurt, otro unas pizzas, otro unas galletas, otro un detergente… Además, tienes que saber disparar una sesión de fotos, saber pedir lo que quieres a otros profesionales o dar directrices a un ilustrador. Tenemos clientes con estudio propio en el que sus diseñadores solo hacen un producto y, claro, al final acabas harto de hacer siempre lo mismo. Aquí no pasa eso.
Si tuviera que ponerle una pega o cambiar algo de su profesión, la respuesta sería sencilla: los presupuestos. De hecho, puestos a imaginar cómo mejorar Puigdemont Roca a Albert solo se le ocurre una cosa.
Que entrase un proyecto sin presupuesto. Por ejemplo, un coñac francés que costase tres mil euros la botella. No por la repercusión que pudiera tener o por el precio o por cualquier otra razón. Sencillamente por poder hacer lo que quisiéramos y que la imaginación volase a niveles inusuales. Publicado en Visual 189

Texto: Eduardo Bravo.

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