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Reflexiones sobre la invención de la imprenta


09a_GadirfenicioLo primero que debemos saber es que Gutenberg no inventó nada, ni siquiera hay que imaginarle como un revolucionario que en pleno Renacimiento consagrara su vida a luchar por este logro social. La imprenta es el resultado de una evolución lenta y aunque la dedicación de este célebre impresor fue enorme, su vocación se debe a que tuvo ocasión de ver impresos en su mocedad.  ¿Quién se le anticipó y cuál fue su contribución real? Repasemos la historia en un santiamén. Publicado en Visual 178



Los humanos aprendieron a imprimir antes incluso de que supieran escribir, los sumerios ya grababan sobre arcilla hace 3.000 años unas pequeñas banderolas valiéndose de rodillos de piedra pulida, lo que facilitó a los acadios el soporte ideal de la escritura cuneiforme. Aunque la arcilla siguió utilizándose hasta el imperio romano, el auge de la escritura demandó otro tipo de superficies más lisas y duraderas, como las láminas  que se obtenían de la corteza de haya utilizadas por la cara interior. El léxico conserva rastros de la historia de los pueblos, dos vocablos tan aparentemente distintos como “libro” y “book” encuentran su remota relación en aquella época, mientras las lenguas romances hacen referencia a “la parte interior de la corteza de los árboles” (a partir del latín “liber”, acusativo “librum”) las germánicas derivan de la palabra “haya” pero ambas familias lingüísticas conservan el mismo recuerdo de la historia de la escritura.
Las colecciones de tablillas se disponían apiladas a modo de tomo, un formato de libro que quedó temporalmente anticuado por la irrupción del papiro egipcio que se plegaba en forma de rollo. Generalmente utilizamos el término “papiro” para referirnos a un tipo primitivo de papel –hasta el punto de que la propia palabra “papel” deriva de ella– pero lo cierto es que la planta del papiro se utilizaba para la fabricación de múltiples utensilios como canastos, calzado e incluso embarcaciones ligeras para la navegación fluvial. La aplicación más refinada fue el laminado de la médula para obtener una fibra que, convenientemente entretejida y pulida, proporcionaba una superficie idónea para la escritura jeroglífica. Aunque conocían la estampación hubiera sido impensable que desarrollaran algo parecido a la imprenta para divulgar aquellos textos de alto valor sagrado. Antes al contrario, el usufructo del papiro fue un monopolio faraónico, no en vano su nombre significa “flor del rey” en egipcio antiguo.
Otro pueblo cuya aportación fue monumental es el cananeo, gentilicio que empleo sin ánimo de señalar una etnia concreta sino el conjunto de las que poblaron el creciente fértil por donde las culturas mesopotámicas se vertieron al mediterráneo. Si los egipcios inventaron el isotipo –el signo con valor icónico– los cananeos inventaron el logotipo, la plasmación gráfica del habla. La suya es una historia donde se confunden el mito y la realidad debido a la escasez de fuentes documentales pero no por ello hay que regatear el elogio de sus logros por más legendarios que parezcan, a fin de cuentas su legado es precisamente la leyenda, el texto legible.
Habitantes de un territorio muy solicitado por egipcios, hititas, sirios, persas y hebreos, los cananeos se echaron a la mar por el puerto de GBL donde quedó fundado el primer asentamiento “fenicio”, su movilidad por el mediterráneo hizo que se les conozca con diferentes nombres, tales como fenicios, púnicos, tartesios y cartagineses, según el observador y el momento histórico. Fueron los griegos los que comenzaron a llamarles fenicios y rebautizaron la ciudad cananea de GBL con el nombre de Biblos, que es una denominación muy llamativa si nos interesamos por el tema de la escritura ya que nos brinda la raíz etimológica de palabras tan significativas como biblioteca, bibliografía y Biblia. ¿Por qué le llamarían Biblos si ese era el nombre que los botánicos griegos daban a la médula del papiro, la parte de la planta utilizable para escribir? A partir de ahí le llamaron “biblia” a los rollos de papiro una vez escritos, pero dilucidar si fue primero el nombre de la ciudad o de la materia prima es motivo de controversia. En cualquier caso es esclarecedor saber que la coincidencia no se debe a que hubiera plantaciones de papiro ni se podían dedicar a la fabricación de hojas de escritura ya que es una operación que tenía que hacerse in situ para aprovechar la adherencia natural del vegetal recién cortado. Hay que suponer, por tanto, que Biblos se caracterizaba por alguna razón importante en relación con la escritura de rollos de papiro. Efectivamente, allí se han encontrado las más antiguas inscripciones que revelan la existencia de un consonantario (valga la expresión para aludir a un abecedario sin vocales), con el cual los cananeos dejaron atrás la escritura pictográfica para reemplazarla por otra de letras con equivalencia sonora mediante la creación de consonantes que vinieron a unificar los lenguajes oral y escrito.
Sobre esa base se desarrolló el alfabeto fenicio que a partir del siglo IX a.C. navegó el mare nostrum en las embarcaciones de una estirpe de mercaderes que fundaron nuevas ciudades marcando un antes y un después en la historia de los pueblos con los que se relacionaron. Su escritura fonética supuso un progreso irreversible de la civilización, fue adaptada a otras lenguas con tanto éxito que se considera precedente tanto del alifato arameo –del que derivan el hebreo y el árabe– como del alfabeto griego y sus descendientes (etrusco, latino, cirílico, copto, etc.) Influyó además en otros sistemas que se propagaron hacia oriente (mongol, tailandés) y occidente, entre ellos el protoalfabeto tartesio de Hispania.
El papiro y el alfabeto se convirtieron en el soporte indispensable para el desarrollo de la cultura clásica; todas las ramas del saber encontraban asiento literario en la geografía privilegiada del levante mediterráneo,  donde confluyen tres continentes –África, Asia y Europa– con sus respectivos patrimonios culturales, porque otra cosa que hay que saber es que no todos los pensadores griegos eran griegos ni toda la ebullición intelectual de la Antigua Grecia sucedió en la antigua Grecia. La siguiente singladura de nuestro recorrido histórico desde la antigüedad más remota hasta la invención de la imprenta (tan breve que más que un recorrido histórico parece una ruta turística) lo encontraremos en Anatolia, frente a las costas de Grecia, al otro lado del mar Egeo, con ciudades capitales como Pérgamo y Mileto ¡qué sería de la “Grecia” clásica sin el teorema de Tales! Lo mismo que el Capitán Trueno sin Fideo. La imprenta quedaba aún muy lejos, no tanto por cuestiones mecánicas sino porque los manuscritos raramente se duplicaban ni se consultaban siquiera ya que no había las condiciones políticas necesarias para su difusión y conservación. Alejandría en Egipto y Pérgamo en Asia Menor levantaron las dos mayores bibliotecas de su tiempo para que cientos de miles de volúmenes pudieran ser discutidos por unos pocos intelectuales. Los manuscritos de Aristóteles criaron polvo de siglos en la biblioteca de Pérgamo que se jactaba simplemente de poseerlos, mientras Ptolomeo de Alejandría, envidioso del auge de su rival, prohibió que les exportaran papiro para que su colección no pudiera incrementarse. Según el historiador Plinio el Viejo, por esa razón en Pérgamo se tuvo que recurrir a la vieja costumbre de escribir sobre pellejos de origen animal, recurso que mejoraron hasta la perfección obteniendo un nuevo soporte para la escritura, que acabó desbancando a su predecesor y que conocemos como pergamino. Según Plutarco, la mayoría de aquellos rollos de pergamino terminó en Alejandría en tiempos de Marco Antonio, quien donó los fondos bibliotecarios de Pérgamo –previamente saqueada por los romanos– como compensación por el incendio que Julio César había provocado cuando tomó la ciudad.
Sería injusto seguir adelante sin mencionar la aportación china ya que ellos fueron realmente los inventores de la imprenta, y no solo eso sino también del papel y la tinta. No obstante, no podríamos llegar a Gutenberg siguiendo ese rastro ya que la historia occidental y la oriental son dos compartimentos estancos que apenas tuvieron conexión. Si hiciéramos una cronología comparativa veríamos que hemos estado observando épocas demasiado tempranas para la historia oriental, mientras en la Biblioteca de Alejandría el fuego devoraba un mínimo de 40.000 manuscritos fundamentales, en China todavía se estaba inventando el papel, tres milenios después de que se obtuviera el papiro en Egipto. Bien es verdad que su papel, elaborado a partir de una pasta fibrosa que se ponía a secar en láminas finas, dio la clave para la fabricación del soporte rey en los trabajos de imprenta.
La invención de la xilografía hacia el siglo VII les permitió tomar una gran ventaja puesto que eso les permitía estampar hojas enteras que contenían ilustraciones y textos en una misma plancha. En la parte negativa pesaron dos inconvenientes serios, la caligrafía china nació a pincel sobre superficies delicadas así que su sistema de escritura carecía de la sencillez del alfabeto fonético promovido por los fenicios, de tipos extremadamente simples porque nacieron cincelados rudimentariamente sobre piedra o metal, y limitados a unas pocas letras que representaban el sonido inicial del pictograma al que pertenecían. Por ejemplo, la letra M es quebrada porque representaba el agua que en fenicio se llamaba MEM, pero obviamos eso y podemos utilizar la M en palabras sin la más mínima humedad como marchito, mustio o Marte. En cambio un chino ve el signo que representa al agua y le condiciona completamente el sentido de la frase porque la lengua escrita conserva información icónica pronunciable en bloques silábicos, de modo que requiere una mayor cantidad de signos. Todavía hoy, después de tres milenios depurando, los teclados chinos tienen cuatro iconos en cada tecla.
El otro inconveniente viene a ser el mismo que en occidente, la escritura era un logro elitista en la medida que requiere de un aprendizaje al que solo tenían acceso unos pocos privilegiados. El motor de la imprenta no fue la divulgación universal del conocimiento sino la educación religiosa y la fabricación de papel moneda que en China entró en vigor siete siglos antes que aquí. Otra cosa que hay que saber es que no todo lo que nos suena a chino es chino, también Japón y Corea trabajaron en resolver los problemas mecánicos que conlleva la impresión, tales como la densidad de la tinta, la resistencia de las planchas a los tirajes largos, la diversidad de tipos necesarios para componer una hoja y que estos fueran recuperables para amortizarlos en sucesivas impresiones. Según parece fue en Corea donde se realizó el primer tiraje largo con tipos reposicionables, aunque es una observación subjetiva que varía según la nacionalidad del cronista que lo analiza, porque lo del tiraje es relativo y hubieron otros trabajos en China y Japón en que se consiguió trabajar a dos tintas, reutilizar los tipos, introducir técnicas sofisticadas para evitar la falsificación de billetes y aún puede ser que ese mérito cambie de dueño conforme aparezcan nuevos descubrimientos arqueológicos. Lo que es seguro es que en el lejano Oriente ya se disfrutaba del logro de la imprenta antes de que en Europa naciera siquiera la necesidad de ello.

Así las cosas, ¿qué sería lo que inventó Gutenberg? ¿acaso es una información etnocéntrica que ignora la aportación de otras culturas? Por Marco Polo se tenía conocimiento del papel impreso que circulaba en China como dinero, algo que la mayoría se negó a creer porque a la imprenta ni se la quería ni se la esperaba, resultaba inconcebible que un papel estampado pudiera tener valor alguno y menos valor fiduciario sustitutivo del oro. ¿Pudo Gutenberg convencer a la realeza y al clero de los beneficios del papel impreso? ¿Hubo algún detalle importante que él llevara a la perfección? En la segunda entrega de este artículo intentaremos llegar a una conclusión. Texto: Tomás Sainz Rofes

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