MAGAZINE DE DISEÑO, CREATIVIDAD GRÁFICA Y COMUNICACIÓN

Sabrina Rinaldi. Los malabarismos creativos del best seller


sumaLa escena es inconfundible y se repite a diario en todos los rincones del mundo. Alguien entra en una librería, deambula por los pasillos y se detiene frente a un libro, atraído por el magnetismo de su portada. Con un poco de suerte, ese título escalará hasta los primeros puestos de las listas de ventas, el autor se convertirá en una celebridad acosada por los fans y los lectores vivirán un idilio permanente con aquella historia. Y, cuando esto suceda, podremos afirmar con rotundidad que se han activado los mecanismos ocultos de un best seller, donde incluso los detalles más casuales e insignificantes han sido planeados con esmero por una editorial. Entonces, la gran pregunta que todos nos hacemos es ¿queda espacio para la creatividad en este sector tan regido por los beneficios? Una posible respuesta la tiene Sabrina Rinaldi, diseñadora de portadas del Grupo Planeta que ha puesto su imaginación desbordante al servicio de algunos de los lanzamientos más exitosos de sus sellos, como la Trilogía Millennium de Stieg Larsson, los últimos libros de la genial Ana María Matute y la transgresión histórica de las cubiertas de la colección Áncora y Delfín. Hemos hablado con esta argentina de corazón afincada en Barcelona para conocer los secretos detrás de los best seller y el valor artístico del mundo editorial, sin olvidar su estrecha relación con editores, autores, fotógrafos e ilustradores. Publicado en Visual 175


Empecemos esta historia por el principio. ¿Podrías contarnos cómo surgió tu pasión por el diseño gráfico y qué recuerdos tienes de tu primera etapa profesional en Argentina?
La verdad es que estudié diseño casi por casualidad. La idea era apuntarme a Historia del Arte, pero resulta que ese año no había posibilidad de matricularme en esa carrera porque estaban cambiado la estructura del plan de estudios. Así que me vi un poco apurada y si no me ponía en marcha era probable que perdiera todo un curso. Por este motivo me inscribí en diseño gráfico. En Argentina tuve la suerte de trabajar para una revista del Grupo La Nación, donde aprendí muchas cosas relacionadas con la maquetación y el diseño, pero también sobre tipografía y cómo pensar un proyecto. Fue una gran oportunidad para alguien que empezaba su carrera profesional.

Después te trasladaste a Barcelona y colaboraste en diversos proyectos para agencias. ¿Qué aprendiste con el cambio geográfico? ¿Evolucionó de algún modo tu idea sobre el diseño?
Cruzar el charco mueve muchas cosas y la mirada también cambia, no sólo respecto al diseño, sino también hacia la vida en general. Llegué a Barcelona en un buen momento porque veía piezas interesantes por la calle o en las tiendas y noté que se trabajaba de otra forma. También estamos más cerca del resto del mundo… Piensa que en ese momento Internet aún no acaparaba los teléfonos móviles y eso te permitía absorber más conocimientos y relacionarte con gente de muchos lugares. Esto crea cultura y te enriquece como persona. Podría decir que la madurez me llegó estando aquí y me hizo ver las cosas de distintas formas. He tenido y sigo teniendo la posibilidad de trabajar con grandes profesionales de diversos ámbitos, tanto españoles como del resto del mundo, y creo que si estás atento a lo que sucede a tu alrededor, se puede aprender mucho.
Un momento destacado de tu carrera fue la entrada en la editorial Planeta. ¿Qué impresión te causó llegar a una gran empresa después de haber trabajado para estudios más pequeños?
Me gustan lo libros, y gracias a esta afición empecé a trabajar en Compañía, un estudio de diseño que se dedica al mundo editorial, donde aprendí a experimentar con este mix de diseño y de comercialidad que es la clave de la imagen del best seller. De allí pasé a Planeta, así que supongo que estar dentro de una editorial era el siguiente paso en mi carrera. Ya había estado en empresas grandes y cada cosa tiene su lado “oscuro”, pero formar parte de todo el proceso de creación de un libro es muy interesante. Entré en Planeta para encargarme del área catalana de la editorial (Destino y Columna), así que entonces el mercado internacional aún estaba lejos. Eso vino después. No te negaré que pasearse por las librerías de Buenos Aires y ver allí tu trabajo es algo muy gratificante.
¿Cuál es el proceso creativo que habitualmente sigues para diseñar una portada? ¿Hay mucha colaboración con los editores del sello y el propio autor del libro?
Al estar en una empresa tan grande, el proceso de diseño es muy complicado porque hay mucha gente involucrada y muchos clientes internos con los que tratar. Primero hablamos con los editores y con el departamento de marketing para ver el camino a seguir. Luego trabajamos estrechamente con los editores porque son los que mejor conocen el libro que publicarán. Muchas veces tienen una idea y nosotros la hacemos funcionar, pero otras veces sus ideas no funcionan y nos toca convencerles para cambiar el concepto. Esto también pasa con algunos autores, por este motivo los procesos son largos y hay poco espacio para experimentos. Sin embargo, a veces pasan cosas que son un auténtico regalo, como cuando le presentamos la cubierta de Ayer no más a Andrés Trapiello y le gustó tanto que se animó a describir esa imagen en la novela.
Tengo entendido que, dependiendo del proyecto, recurres a imágenes de archivo, a ilustradores o incluso te atreves a montar sesiones fotográficas. ¿Qué te gusta y qué te aporta cada modalidad?
Lo habitual es recurrir a bancos de imágenes porque facilitan mucho el proceso y reducen el factor tiempo, pero es imperativo dar una vuelta a las imágenes para personalizarlas. Por ejemplo, para la colección Áncora y Delfín de Ediciones Destino trabajo mucho con artistas para dar una estética concreta a cada autor. Esto te lleva a descubrir un ilustrador en Bielorrusia o un pintor en China. Para sellos como Planeta, donde no hay un diseño fijo de colecciones y son libros mucho más comerciales, podemos trabajar más con la tipografía. Muchas veces se hacen sesiones de fotos y es genial si puedes colaborar con un fotógrafo y un ilustrador al mismo tiempo para crear una imagen de la nada. Eso fue lo que hice con la portada de Donde se alzan los tronos de Ángeles Caso, porque teníamos una idea, los recursos eran justos y había mucha creatividad, así que contacté con el ilustrador José Luis Merino y con la fotógrafa Cristina Reche e hicimos una sesión muy divertida donde incluso tuve que modelar. El resultado fue una buena cubierta.
Después de tantos años trabajando en Planeta y sus sellos, ¿crees que existen ciertas normas “no escritas” para que un libro se convierta en un best seller? ¿Qué papel juega la portada en este proceso comercial hacia el éxito?
Las portadas son una llamada de atención y debemos lograr que el público tenga el libro en sus manos. Luego está el autor, el texto de la contra, si alguien lo ha recomendado… No creo que los libros se compren únicamente por la cubierta, al menos el gran público, porque son diversos los puntos que ayudan a su venta. Los best seller tienen mucho trabajo detrás, siendo el contenido lo principal. También cuenta el factor novedad, la comunicación, la promoción, la colocación o las recomendaciones, sin olvidar el momento histórico que vivimos o las necesidades y costumbres de la sociedad.
Por curiosidad, ¿cómo fue el proceso para crear la imagen tan emblemática de la Trilogía Millennium de Larsson? ¿Te sorprendió su éxito extraordinario?
Yo estaba recién aterrizada en Ediciones Destino, tuvimos una reunión donde la editora Silvia Sesé nos dijo que tenía “una bomba” entre manos… O así es como lo recuerdo. Ella estaba entusiasmada y tenía claro que debíamos hacer algo distinto porque el libro era novedoso y eso debía reflejarse en su imagen. Piensa que salir al mercado con algo tan distinto, pero al mismo tiempo tan comercial, es muy complicado. Tampoco podíamos darle un punto distintivo a través de los materiales, porque existe mucha estandarización y los procesos artesanales nos quedan muy lejos. Así que, hablando y probando cosas, Silvia me dijo que había trabajado con el artista Gino Rubert en Círculo de Lectores y que podríamos probar con sus ilustraciones. Me encantó la idea, aunque había opiniones muy diversas dentro de la casa y, realmente, fue Silvia quien defendió la imagen de la trilogía. Me sorprendió porque yo no era consciente de lo que estábamos haciendo hasta que me vi como muchos otros, de-seando llegar a casa para seguir leyendo el libro. A partir de esta trilogía montamos una línea de novela negra en colores negro y rojo con imágenes de diversos artistas, donde ofrecemos ese plus artístico.
Una de las autoras más reconocidas con las que has trabajado ha sido Ana María Matute y sus últimos libros con Destino tienen una imagen muy característica.
Supongo que te refieres a los cuentos infantiles. Fueron un trabajo largo porque comprenden las portadas de nueve libros y sus respectivos interiores, una cosa que normalmente no puedo hacer por cuestiones de calendario. Primero debíamos encontrar a un muy buen ilustrador porque esas obras ya son clásicos y no podíamos perder esa idea. Pero, además, las imágenes tenían que desprender un aire muy “destinezco” porque son lo único fijo que tiene la colección y cobran mucha importancia. Entonces dimos con Albert Asensio, cuyas ilustraciones tienen ese realismo que queríamos transmitir y son como un clásico modernizado. Y eso era algo que también quería la autora. Fue impresionante el trabajo que hizo y, realmente, Matute estaba muy feliz con estos libros.
Sabiendo que los libros implican el trabajo de muchos departamentos dentro del sello editorial, ¿es posible sentirse identificada con el resultado o verlo como un proyecto personal?
Te hablaré de mi experiencia en Áncora y Delfín porque, hasta ahora, ha sido como un proyecto personal dentro de Planeta. He tenido la oportunidad de hacer novelas históricas con una imagen súper contemporánea, como las de Hilary Mantel, y también he rediseñado las portadas de Miguel Delibes. Sin olvidar la colección de clásicos basada en las cubiertas originales de los años 60 en la que trabajamos con Miguel Gallardo. Al ver todos estos trabajos se reconoce una identidad de colección y cada uno tiene su particularidad. Esto hace que se me escape una sonrisa y en la mayoría me puedo sentir identificada.
Por último, ¿qué te aporta la experiencia docente en el Máster en Edición de la UAB y qué proyectos barajas para el futuro?
Me encanta dar clases porque tengo que ponerme a prueba y estar a la altura cada año. Eso me permite reflexionar sobre mi trabajo y compartir mi experiencia es algo muy grato. Sobre todo porque es un máster en edición, donde hay que hablar más sobre comunicación que de formalidades de diseño. Así que me centro en explicar cómo hacer un encargo de diseño porque es la parte más difícil para alguien que no es diseñador. ¿Planes para el futuro? Me gustaría seguir con las clases y profundizar más en el tema docente. También colaboré con una compañía de teatro amateur haciendo la dirección de arte y me quedó algo resonando dentro. Por lo demás, la vida es larga, el mundo es muy grande y nunca se sabe dónde podemos terminar. Texto: Por David Moreu. Fotografía: Cristina Reche

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