MAGAZINE DE DISEÑO, CREATIVIDAD GRÁFICA Y COMUNICACIÓN

Shag. El elixir de la eterna juventud


La magia del arte contemporáneo reside en su capacidad para transportarnos a universos fascinantes y, en algunos casos, hacernos reflexionar sobre aspectos comprometidos de la sociedad que nos rodea. Es la eterna confrontación entre los sueños y la razón que ha centrado el trabajo de filósofos y pintores desde tiempos inmemorables. Pero esta dualidad también se encuentra muy presente en la obra de SHAG, un ilustrador que vive en la soleada California y se ha convertido en un icono del Surrealismo Pop gracias a sus creaciones repletas de personajes kitsch que se mueven en un entorno de lujo desmesurado. Sin embargo, estas viñetas costumbristas (con claras reminiscencias del grafismo de mitad del siglo XX) esconden un lado perverso que nos presenta la cara más superficial del consumismo y nos enfrenta a la doble moral de las clases acomodadas. Un juego de luces y de sombras en tecnicolor que ha enamorado a estrellas de Hollywood y ha triunfado en las mejores galerías del mundo. Aprovechando que SHAG acaba de protagonizar una exposición individual titulada Drinking Spree en La Fiambrera Art Gallery de Madrid, hemos tenido la oportunidad de conversar con él para conocer los secretos que esconden sus cuadros y la necesidad de reinventarse como empresario para mantener vivo su legado artístico. Todo lo demás son cócteles, superhéroes y fiestas desmadradas que se alargan hasta el amanecer a ritmo de jazz.
shag
Te propongo empezar esta apasionante historia por el principio. ¿Podrías contarnos cómo fue tu juventud en Hawái y cuándo descubriste la magia de la ilustración?
Me crié en Hawái durante los primeros ocho años de mi vida y después nos mudamos con mi familia al sur de California, donde he vivido y trabajado desde entonces. Mi abuelo era de Los Ángeles y se ganaba la vida como ilustrador comercial en los años 30 y 40 del siglo pasado. Sin duda, creo que heredé de él ese gran amor que siento por el arte y todas las habilidades que se necesitan para desarrollarte como persona creativa. Recuerdo que de pequeño me pasaba el día dibujando y, a los 12 o 13 años, ya era mucho mejor que el resto de chavales del colegio. Más adelante, mientras estudiaba la licenciatura de económicas en la universidad, también me dedicaba a hacer ilustraciones comerciales en el tiempo libre que me quedaba y era una buena manera de ganar dinero extra.
En diversas ocasiones has comentado que de crío querías ser arquitecto, pero que acabaste estudiando la carrera de bellas artes. ¿Qué recuerdos guardas de tu etapa en la universidad?
Si te soy sincero, di muchas vueltas como estudiante. Empecé la carrera de arquitectura, después me pasé a económicas y, por último, aterricé en bellas artes. ¡Me llevó ocho años terminar una licenciatura! Cuando iba a las clases de arte en la Universidad Estatal de California (Long Beach), ya sabía que algún día podría ganarme la vida como dibujante, aunque creía que sería una vida bastante miserable. Las cosas más importantes que aprendí fueron cómo enfocar el trabajo, tener muy presentes las fechas de entrega y, sobre todo, la teoría del color porque todavía juega un papel muy importante en mis obras.
En los años 80 aceptaste muchos encargos comerciales para revistas como Times y Forbes. ¿Cuándo decidiste dar el salto y centrar todos los esfuerzos en tu particular universo visual?
Entonces creía que siempre sería un ilustrador comercial que viviría en base a encargos y, simplemente, hacía mis cuadros personales como complemento a mi salario habitual. Hasta que Billy Shire, el propietario de La Luz de Jesús Gallery en Los Ángeles, descubrió mis obras por casualidad y decidió exponerlas en su espacio. No en vano, él había sido uno de los personajes más influyentes a la hora de popularizar el arte underground y ese movimiento internacional bautizado como Lowbrow Art (también conocido como Surrealismo Pop). Mi carrera fue creciendo de manera lenta y firme desde ese momento.
Tus obras representan un viaje a la década de los 60, con reminiscencias a sus dibujos animados y a famosas portadas de álbumes de jazz. ¿Por qué te apasiona tanto aquella época?
Tienes razón, siento una especial atracción por el imaginario visual y sonoro de los años 50 y 60 del siglo pasado. Y, como es evidente, me he inspirado mucho en aquella época para que sea el elemento central de mis pinturas. Lo que más me fascina es el optimismo que aún desprenden ese diseño de aires modernos y la música que entonces se grababa. Pero, sobre todo, me gusta porque los diseñadores y los músicos realmente creían que el buen arte y el buen diseño podían hacer del mundo un lugar mejor. Nunca miraban al pasado, sino que todos iban lanzados directos hacia el futuro.
La iconografía kitsch es la base de tus creaciones, puesto que siempre representas fiestas glamurosas, coches veloces, elementos de la cultura tiki, superhéroes y música punk. ¿Te sientes identificado con el movimiento Lowbrow Art que antes mencionabas?
Me siento muy cercano al movimiento Lowbrow Art porque fueron ellos mismos quienes me adoptaron y me invitaron a formar parte de su grupo. Cuando empecé a crear mis obras, nadie estaba interesado en ese tipo de contenidos. En aquella época, las galerías de arte y las revistas que apostaban por el Surrealismo Pop estaban repletas de cuadros de artistas influenciados por la escena de los Hot-Rods y las modelos Pin-Up, como Robert Williams, Coop y The Pizz, aunque mi universo visual tenía ecos de otros temas completamente distintos. Sin embargo, también eran piezas con cierto carácter narrativo y un predominio de la cultura pop, por este motivo funcionaron tan bien dentro de la esfera de ese movimiento.
Por otro lado, tus pinturas esconden un lado oscuro y perverso, como si fuera una cara B de la condición humana. ¿Eres crítico con la doble moral que invade la sociedad actual?
Mis obras son la celebración de un mundo hedonista y consumista a partes iguales, pero también acostumbro a incluir algún detalle o alguna situación que indica a los espectadores que no todo es tan idílico como parece en aquella escena. Siento un gran apego hacia la filosofía de “vive y deja vivir” y puedo afirmar que soy bastante optimista, por este motivo creo que las cosas acabarán saliendo bien para la especie humana. Aunque, casi siempre, hay consecuencias no deseadas y suceden cosas bastante oscuras que se interponen en el camino de este progreso que tantos creen ilimitado.
¿Podrías contarnos cuáles son las técnicas pictóricas que utilizas normalmente y por qué te atraen como artista? Supongo que sientes cierta predilección por el universo analógico.
Lo más habitual es que me encuentres pintando en acrílico sobre paneles de aglomerado o sobre lienzos, en caso de que se trate de un cuadro de gran formato. Mi paleta de colores se basa en las teorías del color que aprendí como estudiante, puesto que tengo tendencia a emparejar colores complementarios porque así consigo que parezcan más vivos. Cuando trabajo en obras para imprimir, soy un gran defensor de la serigrafía artesanal. No me gusta la impresión digital porque no me creo que esas impresiones duren varias décadas o siglos. Ten en cuenta que la tinta de la serigrafía se aplica de una manera mucho más gruesa que la tinta Giclée en las impresoras digitales. Y como utilizo papel vintage, espero que mis impresiones duren mucho tiempo, incluso después de mi muerte.
¿Cómo es una jornada de trabajo habitual en tu estudio de Palm Springs (California) y cuál sería la banda sonora perfecta a la hora de crear una obra de gran formato? Tengo entendido que también eres un gran apasionado del surf.
Mi estudio está cerca de Huntington Beach (conocida como Surf City, USA) y mi casa está reservada únicamente como vía de escape o para organizar fiestas. Me levanto muy temprano por la mañana, hacia las 6:00h, porque entonces siento que mi energía creativa está empezando a fluir y estoy realmente inspirado para pintar. Aunque no lo creas, nunca escucho música mientras trabajo en una obra. Pero sí que tengo el televisor encendido de fondo para mirar documentales, películas, series de Netflix o DVD’s. A pesar de que digo “mirar”, se trata de “escuchar” porque debo tener mis ojos puestos en el lienzo. Y tienes razón, practico surf o paddle surf como mínimo dos veces a la semana, sino me volvería loco y perdería toda la energía creativa.
Por curiosidad, ¿crees que el arte todavía puede contribuir a cambiar la sociedad de algún modo? ¿Cómo has vivido el auge de las redes sociales y su influencia en la escena artística?
No creo que el arte pueda ayudar a cambiar el mundo como antes porque tanto la pintura como la música han sido sustituidos por las redes sociales. Y esto ha significado una fragmentación enorme de estas escenas creativas. Cuando un cantante de los años 60 se posicionaba a favor de ciertos temas políticos o radicales, había millones de personas escuchando su mensaje y ese artista disponía de una gran plataforma para expresarse. Actualmente hay billones de personas diciendo cosas de carácter político o transgresor, y disponen de una plataforma global como son las redes sociales para difundir sus ideas. La gente está bombardeada por una enorme cantidad de imágenes y mensajes, por este motivo el impacto es mucho menor. Cada vez que entro en Instagram, veo decenas de obras de arte nuevas hechas por artistas de todos los rincones del mundo. Y su impacto disminuye por culpa de la sobreabundancia.
En 2009 abriste The Shag Store en Palm Springs, la primera tienda dedicada por completo a tus obras de arte. ¿Te ha costado mucho esfuerzo compaginar la faceta artística con la empresarial?
Abrir esta tienda era una progresión natural en mi carrera. Como la estética de mis obras se basa en las ilustraciones comerciales de mediados del siglo XX, siempre ha habido una estrecha conexión con el mundo del marketing y de la moda. Piensa que, algún día, las imágenes de todos los artistas famosos se explotarán de manera salvaje y adornarán productos y prendas de vestir. Puede que esto no suceda hasta que el artista haya muerto, pero sucederá seguro. Así que decidí tomar el control de mi legado y ser el máximo responsable de cómo mis creaciones se trasladan a productos comerciales. Esta vertiente de mi carrera no es tan importante como la pintura o las impresiones, aunque contribuye de manera positiva al arte y sirve para ofrecer a la gente un producto más económico que una obra original.
Para terminar la entrevista, una pregunta de ciencia ficción: si tuvieras una máquina del tiempo ¿a qué época te gustaría viajar y a qué personaje histórico te gustaría conocer?
Me gustaría viajar al Nueva York de 1966. Entonces el rock n’ roll existía desde hacía una década y los artistas empezaban a adentrarse en un período en el que la música pop se volvía más oscura y transgresora. Sin lugar a dudas visitaría la Factory de Andy Warhol y vería a la Velvet Underground actuando en directo. El diseño y la moda de aquella época eran futuristas y miraban hacia delante. Asimismo, la gente no estaba harta de todo como sucede ahora y aún quería involucrarse en las cosas que afectaban a la sociedad.

Texto: David Moreu. Imágenes cedidas por La Fiambrera Art Gallery. Web del artista: www.shag.com

Publicado en Visual 183

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