MAGAZINE DE DISEÑO, CREATIVIDAD GRÁFICA Y COMUNICACIÓN

Susan Kare. La revolución de los iconos


Poster_03La magia del diseño gráfico reside en su poder para cambiar la vida de la gente en un momento fugaz y, justo después, pasar inadvertido. Esto también sucede con los diseñadores más vanguardistas, puesto que apreciamos la magnitud de sus obras, pero apenas conocemos detalles sobre sus vidas. Uno de los casos más fascinantes es el de Susan Kare, que a principios de los años 80 creó los iconos del Macintosh y ahora se ha convertido
en una celebridad con trabajos para Facebook y el MoMA. Una aventura que empezó con su afición por la tipografía artesanal, pero que ha revolucionado el mundo on-line gracias a sus creaciones en formato de píxel art. Bienvenidos a esta entrevista personal e intransferible, sobre los entresijos de su carrera y su manera única de entender el arte. Publicado en Visual 157



La primera pregunta es obligatoria, ¿cuándo surgió tu interés por el diseño y la ilustración?
Cuando era pequeña ya me apasionaba el arte y siempre me han gustado la pintura y las manualidades. Con 14 años empecé a trabajar en el departamento de diseño gráfico de un museo en Filadelfia y fue allí donde descubrí el mundo de la tipografía, aunque teníamos un equipo muy anticuado, formado por un componedor tipográfico y una Photostat. Gracias a ese trabajo pude experimentar con la creación de elementos para exposiciones y con diversos estilos de fuentes. Tuve mucha suerte de aprender junto a un excelente diseñador llamado Harry Loucks, que había colaborado con gente tan destacada como Charles Eames. Harry tenía un estilo maravilloso y muy accesible, que podía llegar a cualquier persona.
A mediados de los años 70 te matriculaste en la Universidad de Nueva York y viviste la explosión cultural de la ciudad. ¿Cómo recuerdas aquella experiencia?
Fue increíble ser una estudiante en Nueva York en la década de los 70, puesto que tuve acceso a todo tipo de arte y diseño, ya fuera en las calles o en los museos. Pasé muchas horas en el Metropolitan, en el MoMA, en el Whitney y en el Frick, además del Museum of American Craft. Recuerdo que me gustaban mucho los gráficos de una tienda italiana del centro que se llamaba Fiorucci y coleccionaba sus libretas, sus bolsas y sus pegatinas. Aunque pasaba muchas horas en la facultad, también tenía un trabajo a media jornada en una fundición de bronce en Manhattan y me encargaba de hacer moldes de cera para pequeñas esculturas, que después se vendían como souvenir en el Metropolitan Museum of Art. También intentaba hacer muchos proyectos como freelance, ya fuera diseñando pósteres, postales o gráficos para reuniones familiares en época de vacaciones.
A pesar de todo, decidiste trasladarte a San Francisco para trabajar en un museo y acabaste en Apple. ¿Cómo recuerdas el encargo de diseñar los iconos y las fuentes del Macintosh?
Siempre estaré agradecida por la oportunidad que me ofrecieron de trabajar en el equipo del Macintosh, puesto que tuve unos compañeros brillantes en el grupo de software y pude participar en un proyecto fascinante. Yo venía del diseño gráfico tradicional, así que el hecho de crear imágenes para una pantalla de ordenador fue algo completamente novedoso. En 1983 aprendí a trabajar en un mapa de bits y en una retícula monocromática, con todas las limitaciones que eso comporta, y afronté el reto de representar conceptos en una retícula de 16×16 y 32×32 píxeles. Fue muy interesante. Al principio coloreaba cuadraditos en un papel, pero enseguida conté con la ayuda de Andy Hertzfeld, uno de los líderes del equipo de software. Él creó un programa para diseñar iconos que yo podía utilizar en el Macintosh y también desarrolló un editor tipográfico. Empecé a trabajar en la fuente del sistema (originalmente llamada Elefont, pero al final bautizada como Chicago), intentando usar líneas rectas y ángulos de 45 grados para crear unos tipos en negrita sin elementos irregulares, que pudieran utilizarse tanto en los títulos como en los menús.
Tuviste una relación profesional muy estrecha con Steve Jobs, tanto en Apple como en NEXT, y todo el mundo lo recuerda como una persona muy perfeccionista. ¿Qué aprendiste trabajando con él?
Disfruté mucho trabajando con Steve porque él estaba muy interesado en el diseño y en su traslación a distintos departamentos de la compañíaía, ya fuera software, marketing o desarrollo de productos. Sus sugerencias acostumbraban a ser muy astutas y, cuando alguna cosa le gustaba, conseguía contagiarte su entusiasmo. El diseño no es una ciencia exacta, por este motivo creamos muchos iconos y los probamos en versiones preliminares del software. Steve y otros miembros del equipo tomaban las decisiones, aunque siempre recordaré su búsqueda incesante para mejorar cada aspecto del producto, incluso hasta el último minuto. Ahora intento que esta filosofía me sirva de guía en mi trabajo.
Otra de tus colaboraciones destacadas ha sido con el MoMA de Nueva York. ¿En que consistió realmente ese encargo?
Trabajé en una serie de iconos para productos de la tienda del museo, que empezaron a comercializarse en el 2004. La colección incluía elementos de papelería y accesorios, tales como imanes, alfombrillas de ratón, varios tipos de cuadernos y tarjetas. Había dos temas principales: el primero estaba formado por iconos informáticos (como la mano o el reloj) y el segundo consistía en reflexiones humorísticas sobre malos hábitos (como la cafeína, el tabaco, el alcohol y la televisión). Es muy satisfactorio cuando las imágenes que diseñas se incorporan en productos que llegan a un público tan amplio, además de ser parte fundamental de su estética y de la idea que transmiten.
Recientemente has creado una colección de iconos para Facebook. ¿Crees que la revolución de las redes sociales puede compararse con la de los ordenadores personales en los años 80?
Fue una gran experiencia trabajar con dos ingenieros con tanto talento como Jared Morgenstern y Will Chen para crear los regalos virtuales de Facebook. Durante cuatro años creamos casi 1.000 gifts en forma de iconos de 64×64 píxeles, que se vendían al precio de un dólar cada uno. Fue un reto crear iconos divertidos, que transmitieran emociones y que, además, animaran a que la gente los comprara para compartirlos con sus amigos. Para mí, la aparición de los social media es una extensión de los ordenadores personales. Mi trabajo siempre ha consistido en ofrecer soluciones de comunicación mediante imágenes, sea cual sea su destino. El hecho de que mis diseños se utilicen en aplicaciones para las redes sociales es, simplemente, otro medio para facilitar esta comunicación.
A partir de tus experiencias, ¿cuál crees que es el secreto para que un icono tenga éxito y resista el paso del tiempo?
En el mundo del diseño gráfico (que es totalmente opuesto al de las bellas artes), es muy importante entender el problema que quiere resolver el cliente. Es allí donde surgen los retos creativos y de marketing. Nosotros siempre queremos aportar soluciones gráficas que sean sencillas, memorables y efectivas. A la hora de crear iconos y logos, para mí es muy importante que la imagen tenga un significado y no sea un simple elemento decorativo. Es genial cuando un icono comunica un concepto de manera instantánea sin requerir el uso de palabras. En muchos casos, una imagen con pocos detalles (como la silueta de un lápiz) es más efectiva que una ilustración extremadamente realista de ese objeto, puesto que no todo el mundo estará familiarizado con ese elemento tan concreto.
Parece que hoy es muy complicado innovar en el mundo del diseño. ¿Podrías contarnos cómo es tu método de trabajo y si ha variado a lo largo de tu carrera?
¡Creo que existen muy pocas cosas novedosas en el mundo! Si estudias la historia del arte, casi siempre puedes encontrar precedentes de todas las imágenes e ideas. Se trata de una conexión maravillosa entre los humanos a lo largo de las épocas, pero también nos tiene que hacer más humildes. Los ordenadores son una nueva herramienta que facilita ciertos procesos y permite la repetición de tareas, pero no han cambiado el proceso creativo. Siempre intentamos conseguir diversas soluciones a los problemas que nos plantean los clientes, hasta que llegamos a la imagen definitiva. Por ejemplo, yo tomo muchas fotos con mi iPhone para tener referentes a la hora de diseñar y, sobretodo, trabajo con Photoshop e Illustrator. He utilizado tanto PC como Mac, aunque ahora tengo un MacBook Pro.
Después de tantos años de carrera, ¿qué cosas te inspiran a la hora de crear tus obras?
Encuentro la inspiración en el propio arte, que hoy en día está en todas partes, ya sea en museos, en grafitis, en elementos de señalización, en packagings, tablas de surf o conchas que llegan a la playa. Cuando no estoy creando gráficos para ordenadores, me encanta pintar, hacer móviles con cosas que encuentro en la playa y coser bolsos usando telas mexicanas. Uno de los diseñadores que más me ha inspirado es Paul Rand, que fue el creador de muchos logos legendarios como el de Westinghouse y UPS, además de ser el responsable de diseño y packaging en IBM durante varios años. Su obra es muy libre, reflexiva y también tiene ciertos puntos de humor. Muchas veces reviso sus libros para estudiar sus tipografías y el uso del color.
Para terminar la entrevista, me gustaría preguntarte por tus otras aficiones más allá del arte. En tu web comentas que practicas el surf y que te encanta la música…
Aunque siempre me ha gustado estar en el agua, no empecé a practicar el surf hasta que fui adulta. Es una experiencia que me emociona. Nada puede compararse con el hecho de remar cerca de una gran ola que está a punto de romper para darte cuenta del espacio tan pequeño que ocupamos en el universo. Esperar en el agua a que lleguen las olas es un momento perfecto para pensar y alejarte del mundo tecnológico. Llevo música muy variada en mi iPod… dos de mis artistas favoritos son Al Green y Girl Talk. Hace unos días fui a un concierto de Bon Iver y justo ahora estoy escuchando una versión de High Tide Low Tide de Bob Marley interpretada por Jack Johnson y Ben Harper. Aunque, cuando necesito concentrarme de verdad, me gusta que todo esté en silencio.

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