MAGAZINE DE DISEÑO, CREATIVIDAD GRÁFICA Y COMUNICACIÓN

Thomas Kuhlenbeck. Cuando la iconografía pop conquistó la prensa


EinsteinDebo confesaros un secreto que me inquieta, al mismo tiempo que me despierta una sonrisa de complicidad. La fotografía, ese arte analógico que ha acaparado las portadas de todas las publicaciones durante décadas, ha encontrado definitivamente un contendiente a su altura. Ni más ni menos que la ilustración. Puede que esta revelación no aporte nada nuevo a los connaisseur del tema y que algunos incluso argumenten que esta rivalidad empezó a la inversa, pero no se puede negar que los límites de la representación gráfica de la realidad se han desmontado por completo en estos primeros compases del siglo XXI y que los editores de prensa se han librado de la mayoría de prejuiciosos a la hora de elegir qué imagen abre sus reportajes de actualidad. Mientras las fotografías nos hacen tocar de pies al suelo de manera cruel,
las ilustraciones nos permiten soñar, establecer conexiones surrealistas
y arañar la escarcha de la sociedad más conservadora sin despertar (grandes) enemistades. Esta disertación a medio camino entre la reivindicación artística y la utopía también sirve como presentación de Thomas Kuhlenbeck, un dibujante que colabora en las publicaciones más famosas del mundo y ha desarrollado un estilo único para reflejar los acontecimientos sociales, políticos y culturales más relevantes con cierta dosis de ironía y mucha sensibilidad pop. Publicado en Visual 171



Antes de sumergirnos en tu extensa obra y en tu particular manera de reflejar la realidad periodística, ¿podrías contarnos de dónde eres y cómo descubriste el mundo del arte?
Nací en la ciudad alemana de Osnabrück, pero me crié en un pueblo más pequeño que está cerca de allí. Cuando era joven me encantaban los cómics, sobre todo los que dibujaba Carl Barks, y eso fue lo que despertó mi interés por la ilustración. Además, yo era una especie de recluso en mi habitación y pasaba mucho tiempo probando cosas raras con los lápices. Mis padres nunca tuvieron ningún tipo de relación con el mundo del arte y siguen sin prestarle demasiada atención. Realmente no hicieron gran cosa para apoyar mi afición, aunque tampoco se interpusieron en mi camino para que no me convirtiera en artista.
Fuiste a la escuela de arte de Hannover y te graduaste en 1989. ¿Cómo viviste tu época de estudiante y qué recuerdos tienes de la escena artística alemana, justo antes de la caída del Muro de Berlín?
Me matriculé en la carrera de diseño en la University of Applied Sciences and Arts, pero enseguida me di cuenta de que allí estaban más centrados en el diseño gráfico y que tendría pocas oportunidades de dibujar y pintar. Sin embargo, en los años 80 todavía podías apuntarte a clases de arte como complemento al diseño, y la carga lectiva no era demasiado exagerada en Hannover. Así que tuve mucho tiempo libre para experimentar e ir a cursos de pintura, fotografía y serigrafía que se impartían en la sección de arte de la universidad. También aprendí muchas cosas hablando, discutiendo e intercambiando ideas con mis compañeros de clase. Pero, en el fondo, tuve que sumergirme en la ilustración por mi cuenta. No recuerdo que hubiera una escena artística concreta en la época de la reunificación. Puede que eso se debiera a que todo sucedió muy deprisa y el mundo del arte no supo reaccionar a tiempo. Sin embargo, las diferencias entre este y oeste permanecieron durante un tiempo, siendo el este más realista y el oeste más abstracto.
La mayor parte de tu trabajo se basa en ilustraciones para revistas y periódicos. ¿Qué proceso creativo sigues para condensar una gran historia en una única imagen?
Antes de empezar a hacer sketches, me gusta darle vueltas al tema durante cierto tiempo. Una de mis estrategias consiste en inventar titulares alternativos para las noticias o los reportajes que tengo que ilustrar, así me resulta más fácil generar ideas visuales. Otra estrategia es alejarme de mi mesa de trabajo, puesto que la mayoría de conceptos aparecen mientras estoy nadando en la piscina. Es en este punto cuando hago los bocetos preliminares a la vieja usanza, con lápiz y papel. Aunque para componer la imagen definitiva me resulta muy útil trabajar con el ordenador porque puedo mover y escalar rápidamente los elementos que conforman la ilustración. Los contornos y las estructuras de los dibujos siempre son a mano, pero al final del proceso lo junto todo mediante Photoshop.
¿Cómo definirías tu colaboración con algunas de las publicaciones más importantes de Alemania? ¿Crees que los editores aún tienen límites o tabúes a la hora de encargar ilustraciones?
Trabajar como ilustrador resulta muy satisfactorio porque es una profesión que generas tú mismo y no puede compararse con el ajetreo de una agencia de publicidad. Aunque es cierto que existen diferencias en las condiciones laborales dependiendo del país de origen de los clientes con los que colaboras. Por ejemplo, trabajar para los Estados Unidos acostumbra a ser más sofisticado si lo comparo con ciertos directores de arte alemanes, porque en la publicidad norteamericana todavía dejan que el ilustrador proponga la idea. Puesto que ellos consideran la ilustración una forma de arte, yo dispongo de más libertad para hacer mis obras y desarrollar mi proceso creativo. Cuando trabajo para clientes que tengo desde hace tiempo, a veces me impongo cierta autocensura porque sé muy bien hasta dónde me dejan llegar. Aunque el hecho de trabajar con ciertas limitaciones también puede generar buenas obras porque estás obligado a tomar otros caminos para llegar a algo interesante. A pesar de que una idea sea lamentable o descafeinada por el simple hecho de que mucha gente tiene permiso para decir la suya, sobre todo en las agencias de publicidad, como artista siempre puedes intentar que el resultado luzca lo mejor posible.
Normalmente te dedicas a crear viñetas relacionadas con noticias y grandes temas que abarcan desde política y economía hasta cultura. ¿Con qué tipo de historias te sientes más cómodo trabajando?
Me encantan los tres tipos de temas que comentas por diferentes razones. Por ejemplo, los de política y economía acostumbran a ser más densos y eso hace que tengas que esforzarte más para conseguir una idea que sea colorida y que llame la atención de los lectores. Aunque siempre hay un inconveniente, puesto que el cliente espera que la ilustración final tenga una estética más decente y seria. Por el contrario, las noticias de cultura acostumbran a ser lo opuesto de las anteriores porque los temas son muy llamativos de por si. Entonces no me siento tan obligado a pensar una idea interesante, sino a dibujar un motivo más literal o atmosférico. En este último caso siempre hay más espacio para hacer cosas divertidas y arriesgadas.
Una parte poco conocida de tu obra son los collages. ¿Afrontas esta técnica como algo separado de tu trabajo diario para prensa o están relacionados con tu faceta de dibujante? ¿Te sientes identificado con el pop art y la explosión actual de los iconos?
Mi temprana afición a los cómics me llevó a prestar mucha atención al pop art porque existe cierta similitud entre ambos mundos. También me siento atraído por los iconos y creo que ahora han venido en señal de paz y no de guerra. Normalmente encuentro muy difícil encasillarme en un solo estilo, aunque para no confundir a mis clientes he decidido centrar mi trabajo en dos vertientes: la ilustración y los iconos. Sin embargo, hay ciertas excepciones y hacer collages es una de ellas. Realmente son obras completamente distintas del resto. Para dibujar mis “cosas habituales” tengo que pasar muchas horas investigando en Internet con el objetivo de encontrar referentes, así que cada vez que me cruzo con algo curioso que me gusta, lo guardo en una carpeta a la que llamo “interesante”. Ésa es la única distinción que hago a la hora de archivar cosas. Así que cuando necesito encontrar inspiración para un collage, me sumerjo de manera aleatoria en esta carpeta con más de 10.000 imágenes.
Tomando ejemplo de los hombres del Renacimiento, también consigues encontrar tiempo para hacer tus propios cuadros y pinturas. ¿Qué intentas transmitir con estas obras de gran formato y cómo eliges las técnicas que pones en práctica?
En contraposición a mi trabajo como ilustrador, puedes apreciar cómo mi obra personal está completamente dibujada a mano con lápiz, con pintura acrílica y tinta, aunque también utilizo el ordenador en las fases previas para hacer la composición. En mis ilustraciones tengo que lanzar mensajes coherentes, pero eso es lo que intento evitar en mis piezas más personales. La intención es que resulten muy crípticas. Algunas veces encuentro la motivación del mismo modo que me inspiro para los collages, es decir, buceando en la carpeta de “interesantes”. Mi reto es lograr que los cuadros tengan cierta lógica interna y que sus partes estén conectadas entre sí para que no parezca que es algo aleatorio. Sin embargo, esta lógica no siempre puede expresarse verbalmente… Aunque yo puedo sentir cuando las piezas encajan y tienen sentido.
Por curiosidad, ¿has pensado alguna vez en hacer cómics, portadas de libros o incluso carátulas de discos? ¿Cuál sería la banda sonora perfecta para una sesión de trabajo en tu estudio?
Al principio de mi carrera hice dibujos animados, portadas de libros y carátulas de vinilos, pero no me quita el sueño conseguir más trabajos en esos campos porque no están tan bien pagados como el trabajo editorial o la publicidad. Si me proponen algo interesante, puede que lo acepte, pero no quiero tener que perseguir a mis clientes. Me encanta la música y está sonando casi todo el día en mi estudio. Por ejemplo, ahora mismo estoy escuchando el disco Everyday Robots de Damon Albarn.
No me gustaría terminar la entrevista sin preguntarte por tus proyectos más inminentes. ¿En qué artículos estás trabajando y qué noticia no te gustaría tener que ilustrar jamás?
Llevo veinticinco años trabajando como ilustrador y todavía no soy capaz de adivinar qué sucederá la próxima semana. Esto es precisamente lo que hace que esta profesión sea extenuante y excitante al mismo tiempo, puesto que las grandes oportunidades siempre surgen sin que las hayas planeado por adelantado. Ahora estoy trabajando en un reportaje para el Wall Street Journal sobre la moda de remezclar clásicos de la música soul en estilo Bossa Nova y es bastante divertido. Creo que la noticia que no desearía tener que ilustrar nunca sería la subida del precio de la cerveza. Texto: David Moreu

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