MAGAZINE DE DISEÑO, CREATIVIDAD GRÁFICA Y COMUNICACIÓN

Ty Williams. Cualquier noche puede salir el sol


Ty Williams_60Algunos lugares alrededor del mundo se han convertido en postales idílicas que adquirimos como souvenirs cada vez que vamos de vacaciones. Para la mayoría de turistas son un instante de belleza excepcional que nos gustaría retener en la memoria o colgar en forma de imán en la nevera. Aunque para ciertos artistas privilegiados se trata de su hábitat natural, una especie de rincón cotidiano que les inspira a crear obras que trasciendan fronteras y modas gracias a una originalidad desbordante. Ty Williams ha vivido en algunos de los sitios más bonitos del planeta y ha convertido su pasión por el océano en una fuente inagotable de ideas para su trabajo visual, que parte de la ilustración naíf y del collage para llegar a un horizonte salvaje de libertad. Hemos hablado con este coleccionista de experiencias sobre la fascinación que siente por las olas, los secretos de su universo creativo y las ventajas de ser un nómada en esta época tan caótica que parece no tener fin. Publicado en Visual 165


Remontémonos a los inicios de esta aventura épica y llena de colores. ¿Podrías contarnos en qué lugares has vivido y cómo descubriste el mundo del arte?
Mis padres viajaban mucho y cambiaron varias veces de residencia, por este motivo pasé mi infancia en lugares como el Caribe, Florida y la costa de Maine. Cada uno de estos sitios me ha influido de una manera distinta en la vertiente creativa. Realmente, todo empezó cuando era muy joven y dibujaba o moldeaba pequeños objetos de barro. Entonces me dedicaba a esbozar dinosaurios y cosas relacionadas con ese universo, aunque también me gustaban mucho los libros con fotografías “cool”, así que siempre intentaba inspirarme en ellas y pintar como aquellos artistas que me fascinaban. Más tarde descubrí los gráficos del mundo del skateboard y eso me demostró que no tenía que hacer ilustraciones realistas para dedicarme al arte. Tanto mi madre como mi padre eran personas muy creativas, así que fue una gran suerte vivir en un ambiente tan propicio.
Tu obra está muy relacionada con el océano y sus mitos. ¿Por qué te apasiona tanto el medio acuático y cómo surgió esta atracción? Tengo entendido que practicas el surf y que eres un activista medioambiental…
El océano es una parte muy importante de mi trabajo, puesto que ha estado cerca de mí a lo largo de todos estos años. El surf es una de mis grandes pasiones, pero quiero transmitir la idea de que mi obra es mucho más que una celebración de esta cultura. Cuando era pequeño buceaba en los arrecifes de coral de las Islas Vírgenes, rodeado de una variedad enorme de colores y en contacto directo con la naturaleza. Entonces me planteé estudiar algo relacionado con la ciencia y el océano, aunque no era el alumno más destacado del colegio y mi sentido del humor tiende a desarrollarse mejor en los ambientes creativos. Cuando reflexiono sobre mi obra, creo que sería una injusticia si me limitara a los parámetros de la escena del surf, así que intento ampliar mis horizontes con otro tipo de trabajos cada vez que surge la oportunidad adecuada.
Tu universo visual se sustenta en diversas técnicas, como la pintura, la acuarela o la ilustración. ¿Qué proceso creativo sigues para dar forma a estas piezas tan sugerentes?
Mi manera de trabajar depende mucho del material que tenga a mi disposición. No soy ese tipo de artista que tiene un estudio ideal, por este motivo recurro mucho a objetos que puedo transportar en la mochila durante los viajes y estos son los que mejor se adaptan a mi rutina. Las acuarelas, la tinta y el pegamento son fáciles de llevar encima, sobre todo cuando vas en avión, y te permiten trabajar en pequeños cuadernos. Me gustaría realizar obras de más envergadura, pero creo que esta idea me obligaría a permanecer en un lugar fijo durante una temporada y eso es algo que no se me da bien. Utilizar distintos materiales también tiene una función terapéutica para afrontar mi déficit de atención, puesto que me cuesta mucho concentrarme en una misma tarea durante varias horas.
Otra vertiente destacada de tu obra son los collages que te permiten expresar sin coartadas los sueños más exóticos. ¿Te dejas llevar por las asociaciones libres de ideas y el carpe diem?
Me siento libre cuando trabajo en obras que mezclan distintos medios y materiales, porque me libero del estrés de tener que dibujar correctamente. Me gusta modificar imágenes y escribir mensajes en ellas. Es un buen sistema para dejar fluir las cosas que pienso, sin ninguna presión exterior. Pocas veces parto de una idea previa cuando me dispongo a realizar un collage y lo que más feliz me hace es crear algo que la gente pueda disfrutar, pero también crearlo para gozar yo mismo de todo el proceso. Mi trabajo se asemeja mucho a un diario y está inspirado en los viajes que hago y en la gente que conozco. Puede ser triste y cínico al mismo tiempo, aunque siempre surge del humor.
Recientemente has diseñado una colección de camisetas y has colaborado con Riviera Skateboards, creando los gráficos de varias tablas de monopatín. ¿Ha supuesto un reto trabajar con estos formatos tan poco habituales en el mundo del arte?
La gente necesita comer y para logarlo debe ganar dinero. Yo he tenido la suerte de tener buenos amigos que han contactado conmigo en diversas ocasiones con el objetivo de que diseñara gráficos e ilustraciones para sus marcas. Eso es algo que me encanta. Crear elementos que la gente puede utilizar y tocar es una buena manera para que mi arte cobre vida más allá de los lienzos. Gracias a estas colaboraciones he descubierto que me gusta mucho el diseño de ropa y, hace dos veranos, me atreví a montar una pequeña marca de prendas para hombre llamada OURS, que fue un reto muy excitante e instructivo.
Una de tus intervenciones más populares es el mural que hiciste en un hotel de New York como parte de un encargo colectivo. ¿Qué puedes contarnos de esa experiencia cercana al street art?
ACE Hotel es una gran empresa que tiene varios establecimientos en los Estados Unidos y también en algunas ciudades de Europa. Sus responsables seleccionan a artistas con mucho talento para que contribuyan a la decoración de diversos espacios y yo tuve el honor de pintar una habitación en su hotel de New York. Esto fue hace dos años y creo que es un lugar fabuloso.
En varias ocasiones has comentado que la música es una parte muy importante de tu vida y de tu trabajo. ¿Te has planteado hacer portadas de discos o carteles de conciertos?
Podría decirse que la música es una parte esencial de mi rutina diaria, porque necesito que suene en todo momento. Crecí escuchando reggae en las Islas Vírgenes, pero con el paso del tiempo me he aficionado a hacer recopilatorios de distintos géneros para mis amigos. Creo que estos mixes son una buena manera para que la gente te conozca mejor. En referencia a lo que me comentas, ya he creado varias portadas de discos para bandas japonesas, aunque me gustaría hacer este tipo de obras con más frecuencia. Pensar ideas con los grupos de música o los DJ’s es un proceso muy estimulante
Al adentrarnos en tu obra es fácil apreciar una estética vintage que nos transporta a los años 60 y 70. Tengo curiosidad por saber a qué época viajarías si tuvieras una máquina del tiempo…
Si me dejaran una máquina del tiempo, creo que viajaría de nuevo a mi etapa de juventud en la década de los 80, cuando vivía en una isla del Caribe. Los colores pálidos y todos los estilos que allí se mezclan forman un entorno increíble que me genera una gran sensación de confort. Sin olvidar el arte urbano con influencias jamaicanas que puedes ver por las calles, que está repleto de temas tropicales y es una gran influencia en mi obra. Puesto que no me considero un artista demasiado serio, me gustaría viajar a una época donde la gente no fuera muy cerrada y tampoco tuviera un carácter frío. Me encantaría ir a un lugar donde pudiera bailar libremente.
Después de recorrer tantos países y tantas ciudades con tus exposiciones, ¿crees que el arte todavía puede contribuir a cambiar el mundo o a concienciar socialmente a la gente?
Creo que el arte puede ayudar a que la gente se aleje por unos instantes de su ambiente más rutinario. Hace poco estuve en Japón, cerca de un lugar muy afectado por el desastre nuclear, y simplemente me dediqué a dibujar peces con algunos de los supervivientes. Tan fácil como parece. Pero fue un momento en el que esas personas pudieron interactuar con alguien que venía de muy lejos y dejaron volar sus pensamientos para alejarse de su situación cotidiana, aunque sólo fuera durante un par de horas. Puedo asegurarte que el arte es terapéutico, puesto que crear cosas me ayuda mucho en mi propia vida.
Para cerrar este entrevista en forma de círculo, ¿qué puedes avanzarnos sobre tus próximos viajes, de ese ansiado primer libro y de los proyectos que ya se vislumbran en el horizonte?
Actualmente estoy en pleno viaje a Maine y después regresaré a Los Ángeles para pasar una temporada en la ciudad. No tengo muy claro hacia dónde me dirijo, pero estoy dispuesto a subir a un avión en cualquier momento. Tengo previstas unas cuantas exposiciones pequeñas en California y mi libro es un trabajo en constante evolución, porque me gusta añadirle cosas e ir recopilando nuevas imágenes sobre la marcha. Imprimirlo y publicarlo será el siguiente paso, aunque ésta es la parte más cara del proceso. Por este motivo quiero tomarme un tiempo y hacerlo bien. Texto: David Moreu

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