¡Sí, sí, corrector ortográfico del demonio, he puesto madríd! Porque por más que tú te empeñes en corregir la tilde y la mayúscula, es en madríd donde ejercemos la profesión un nutrido número de profesionales de la comunicación. En el Madrid que tú tratas de escribir no debe quedar ni uno. Algún trasnochado, que no se enteró de que la ciudad dejó de tener mayúscula hace años. Y ahora la tilde, más madrileña imposible. El siguiente paso será la eliminación total de la última “d”, que los madrileños jamás hemos pronunciado, pero que consume nuestras energías cuando tenemos que escribir. Publicado en Visual 155
Este nuevo avance se lo debemos a nuestro incombustible espíritu olímpico, que no se extingue por más varapalos que se lleve. Si 2016 estuvo plagado de quejas al concurso de diseño, de descalificaciones de propuestas por plagio y por falta de originalidad, nuestras administraciones públicas encaran el 2020 con fuerzas renovadas, dispuestas a demostrar que no aprendieron nada, y que son capaces de hacerlo mucho peor.
Si en el concurso de hace cuatro años podía presentarse cualquiera, ahora sólo podían presentarse estudiantes de diseño. Bueno, bien; parece un paso a favor de la profesión… si no fuera porque la participación implicaba la aceptación de las bases más abusivas que he tenido ocasión de leer para un concurso en el que participan estudiantes.
Además, esas bases ya contemplaban que un equipo profesional podía rediseñar el logo ganador. Sin pensarlo mucho, se me ocurre que podían haber pedido las correcciones a la misma escuela a la que perteneciera el ganador, para que les sirva de ejercicio práctico y lo solucionasen conjuntamente profesores y alumnos. O crear una comisión de expertos entre las escuelas participantes, o cualquier otra fórmula que significase la promoción efectiva del diseño gráfico y de los futuros profesionales. En un evento donde se pretende atraer la inversión nacional y extranjera, la promoción del diseño hubiera venido de perlas.
Para terminar de hacerlo mal, la pedazo de agencia que lo rediseña comete tantos errores de principiante que todos creemos, en un primer momento, que es la pieza del estudiante ganador. No, que va: la de Luis Peiret era formalmente más correcta que la rediseñada.
Y es que los fallos son tan básicos, que me resulta imposible creer que salga de una agencia con experiencia sin que nadie se percate de que el conjunto es un amasijo de grandes despropósitos. Para cuadrar el círculo, la tipografía no solo parece que tiene tilde en la “i”, sino que está sacada de un sitio web de fuentes de descarga gratuita en la que se lee claramente “free for personal use”. Unos mil quinientos euros por el uso de la tipografía y la penosa impresión de que los diseñadores no tenemos ni idea de lo que hacemos; nos dedicamos a cortar y pegar cosas sacadas de internet y rezamos para que no nos pillen. El último cartel de Carnaval de Madrid potencia aún más esa impresión de rateros sin profesión esperando colársela al ingenuo cliente.
El problema de la promoción del diseño por parte del Ayuntamiento es… que nunca ha existido intención real de promocionarlo. Lo más que ha hecho el Ayuntamiento por el diseño madrileño es llevarlo al Matadero. Lo sé, es un chiste muy malo, pero la metáfora es tan buena que no he podido evitarlo. El diseño no necesita un lugar donde exponerse; necesita clientes, que son y serán su mejor escaparate. Somos parte activa y necesaria de una economía de mercado moderna y competitiva, no pintamonas que se conforman con colgar su trabajo de las paredes. Y las administraciones públicas deberían potenciar ese aspecto con respeto y ejemplo. En cambio, cada vez que necesitan un trabajo de diseño montan un circo mediático de plagios, copias, votaciones populares, y concursos de bases leoninas.
Solo tienen que dejar de considerar el diseño un adorno divertido y empezar a tomárselo en serio. Como si fueran una gran empresa que necesita resultados en la venta de sus productos. Parece mentira que se lo tenga que decir yo a la flor y nata del neoliberalismo español.
Después del logo de ciudad aspirante viene el de ciudad candidata. A ver si para entonces la cosa cambia en madríd. Y si no, iremos preparando el artículo para cuando presenten la candidatura a 20024. Perdón: 2024.




