MAGAZINE DE DISEÑO, CREATIVIDAD GRÁFICA Y COMUNICACIÓN

Este trabajo me mata. Pagar para que todo sea más barato


Hace unos meses tuve el placer de tomarme unas cervezas con Pedro Arilla. Ya nos conocíamos de las redes sociales, y a través de ellas conocía su pasión por la tipografía. Pedro es la mano que dio vida a Don Serifa y creador de Valentina, una tipo gratuita que lleva, a día de hoy, sesenta mil descargas en todo el mundo. Publicado en Visual 159

Por supuesto, Valentina ocupó un buen rato de la conversación. Entre otras cosas, le pregunté si merecía la pena tanto trabajo para distribuirla de manera gratuita. Pedro me respondió que gran parte de lo que sabía sobre tipografía lo había aprendido de manera autodidacta, y que ofrecer a Valentina sin costo alguno era una manera de devolver el favor al mundo del diseño, por todos los conocimientos que otros habían puesto a su disposición.
En la página de Valentina existe la opción de dar un donativo, pero los ingresos no reflejan ni de lejos el éxito de descargas.
Antes las tipografías gratuitas las buscabas en dafont, y sabías de antemano que eran malas, incompletas, poco cuidadas y creadas por aficionados que ponían cariño, pero muy poca técnica. En el otro lado estaban las que costaban más de 600 euros, y que había que comprar aún antes de saber si el cliente las aprobaría. Las colecciones de tipos valían mil euros, a sumar a lo que costaban las licencias de software de los principales programas de diseño.
Hoy, en mi equipo, tengo tipos gratis de Atipo y de Balius, más de medio millar para usar desde Google Fonts para decorar mi web, que es responsive gracias a un grupo de desarrolladores que me han cedido sus conocimientos sin que me cueste un solo céntimo. Mis trabajos se verán en una serie de diapositivas con asombrosas transiciones sin que yo sepa ni una palabra de javascript, y en vez de usar caros programas de Adobe puedo hacerlo con Aptana.
Puedo usar todo eso para mí o vendérselo a mis clientes como parte de mis servicios, y el coste para mí seguirá siendo cero. Solo que, junto a mi creatividad, estoy vendiendo el trabajo y el esfuerzo de otros que han ampliado mis horizontes sin coste alguno para mí.
¿Qué hubiese pasado si cada persona que se descargó Valentina hubiese donado un euro? Pues simplemente que tendríamos una buena fuente con la que trabajar por una cantidad insignificante de dinero, y Pedro podría estar ahora mismo dedicando el cien por cien de su tiempo a desarrollar más tipografías de calidad.
La fórmula es sencilla: descargar las tipografías, las plantillas o los programas de manera gratuita. Crear tus diseños y poder cambiar las tipos tantas veces como sea necesario para que el cliente quede satisfecho. Y una vez aprobado, pagar por aquellas que usaste. Una cantidad simbólica: un solo euro, pero todas las veces que la uses. En ese cálculo mi web costará siete euros por el framework, tres tipografías, un plugin que mejorará la forma de ver las imágenes y el software que usaré para crearla. Si el día de mañana vuelvo a usar el mismo framework para un cliente, volveré a pagar otro euro. O dos.
En realidad, como creativo, me estoy haciendo un favor al no usarlo gratuitamente: estoy favoreciendo que tipógrafos, desarrolladores y diseñadores puedan seguir trabajando para que mi trabajo sea más sencillo, más completo y más satisfactorio para mis clientes. Y el coste para mí es tan ridículo que es complicado encontrar una excusa para no pagarlo.
Es cierto que este sistema falla al toparnos con las pasarelas de pago tradicionales, poco acostumbradas a ese tipo de cantidades, pero no tardaremos en ver cómo se adaptan a los micropagos. Ya lo hacemos en los smartphones, y esas pequeñas cifras son un gran mercado para AppStore o GooglePlay. Adobe también ha aprendido que es más fácil piratear sus productos que pagar las licencias que piden y ahora ofrece su Creative Suite, permanentemente actualizada, por poco más de sesenta euros mensuales.
Yo estoy decidido a llevarlo a cabo, para que Pedro pueda disfrutar de su éxito y se dedique en cuerpo y alma a crear más tipografías para que yo pueda ser mejor diseñador.
Por cierto, podéis leer a Pedro en Don Serifa, en Unos Tipos Duros o visitarle en Detalier Estudio Creativo si pasáis por Zaragoza.

Plausive