Los movimientos artísticos actuales parecen haber arrinconado cualquier manifestación pictórica que se enmarque en el realismo y que tenga cierto contenido político.
Ajeno a estas nuevas reglas del mercado, Daniel Santoro continúa desarrollando una obra que, desde sus inicios, sorprende por su dominio de la técnica, su narratividad, su ironía y por el compromiso hacia un modelo político, el peronismo, que, como él mismo explica, se diferenciaba de los demás sistemas en que “mientras los comunistas pedían pan para todos, el peronismo daba pan dulce. Es una gran diferencia”. Publicado en Visual 160
En febrero de 2012, el Espacio de Creación Contemporánea (ECCO) de Cádiz acogió la que fue la primera muestra de Santoro en nuestro país. Una retrospectiva que, bajo el título Realidad, sueño y elegía, agrupaba obras procedentes de series como Un mundo peronista (2001), La isla de los muertos (2004) o el libro Manual del niño peronista (2002), en las que se dan cita personajes habituales en sus lienzos –como Perón y Evita–, y conceptos relativos a esa época dorada del peronismo comprendida entre 1945 y 1955 –los años de los dos primeros gobiernos de Juan Domingo Perón–, acuñados tanto por sus seguidores como por sus detractores. Conceptos como “cabecitas negras”, “descamisados”, “aluvión zoológico”, “tercera posición”, “plan quinquenal” o “lucha de clases”, que en los cuadros de Santoro conviven con personajes de la cultura argentina como Juanito Laguna, Victoria Ocampo, personalidades del siglo XX como Lenin y obras de arte universales como La isla de los Muertos de Arnold Böcklin o King Kong.
A pesar de que, como sucede con todas las leyendas áureas, tenga mucho de onírico e imaginado, lo cierto es que la obra de Santoro es una reivindicación de ese momento de esplendor y desarrollo social que les fue hurtado a los argentinos por decreto gubernativo cuando, en 1955, la autodenominada Revolución Libertadora prohibió toda mención a los dos gobiernos justicialistas, a Juan Domingo Perón y a Evita, a los que habría que referirse desde entonces como la “Segunda Tiranía”, “el tirano” y “su esposa”, respectivamente. Una época de la que en breve apenas quedarán vestigios, habida cuenta de la avanzada edad de aquellos que la vivieron, pero que pervivirán para las generaciones futuras gracias a los cuadros de Daniel Santoro.




