Resulta sorprendente ver a unos señores tan serios y respetables como Luis Gasca y Román Gubern dedicar varios años de sus vidas a estudiar la onomatopeya y, más concretamente, la onomatopeya en los tebeos. Sin embargo, cuando se presta atención a sus razones, las dudas se disipan y se comprende la magnitud de esta labor. Según explican Gasca y Gubern, “las onomatopeyas nos devuelven a la función motivada y no arbitraria de ciertas expresiones lingüísticas. [Son] una figura retórica de dicción y más precisamente, un icono acústico (…), pues aspira a convertirse en traducción, oral y/o escrita, de los ruidos”.




