MAGAZINE DE DISEÑO, CREATIVIDAD GRÁFICA Y COMUNICACIÓN

Barfutura. Gráfica de cine


Trabajo comercial con actitud, cuidado y coherente, para proyectos audiovisuales de gran repercusión
pública desde el corazón de la capital. Este podría ser el resumen de la trayectoria de casi diez años
de este ambicioso estudio, aunque no sea únicamente eso. Conozcamos al estudio que cuenta
con uno de los portafolios más impresionantes de diseño para el cine español.

bar futuraTrabajo comercial con actitud, cuidado y coherente, para proyectos audiovisuales de gran repercusión pública desde el corazón de la capital. Este podría ser el resumen de la trayectoria de casi diez años de este ambicioso estudio, aunque no sea únicamente eso. Conozcamos al estudio que cuenta con uno de los portafolios más impresionantes de diseño para el cine español. Publicado en Visual 158


Barfutura tiene su sede en la calle Libertad de Madrid, en el “alegre, cosmopolita y con personalidad” barrio de Chueca, según palabras de su fundador, Sergio González Kuhn. Nació en 2003 de la mano de este estudiante del Liceo Francés, que se formó profesionalmente en el Nueva York de finales de los noventa trabajando para destacadas firmas de la gran manzana. No habrá paz para los malvados, Balada Triste de Trompeta, Blackthorn: sin destino o Los crímenes de Oxford, entre otras, fueron representadas por diseño producido en este espacio luminoso, de blancas paredes –“preferimos mantenerlas así para refrescar la mente frente a nuevos proyectos”–.
De familia ligada a la industria cinematográfica, el fundador del estudio y director creativo del mismo se recuerda admirando aquellos carteles pintados manualmente que ilustraban la entrada de los cines de la Gran Vía madrileña y soñando con emular a sus autores. “Desde bien pequeño ya tenía bastante marcada mi orientación hacia el mundo creativo. Yo era el típico en clase que se pasaba el día dibujando en cualquier sitio. Recuerdo que, de niño, paseando en coche por la Gran Vía, le decía a mi padre que quería pintar esos carteles enormes de los cines. Un día conocí a un diseñador gráfico compañero de mi padre y me interesó mucho ese mundo donde se podía dibujar en una pantalla en vez de en el papel”. Su formación en el ámbito profesional se desarrolló en Nueva York, fundamentalmente en el instituto privado en el que Paul Rand dio sus primeros pasos. “Hace quince años no había mucho donde elegir si pretendías estudiar diseño gráfico en España. Recuerdo que empecé en una escuela pública de arte que tenía una asignatura de diseño. No encontré la motivación suficiente que me hiciera disfrutar con lo que hacía por lo que decidí trasladarme al Pratt Institute de la ciudad de Nueva York. Pienso que si eres diseñador gráfico debes de ser observador y nutrirte de todo lo que te rodea. Nueva York fue para mi un tsunami de nuevas sensaciones, pura adrenalina en todos los sentidos. Allí aprendí, además de un nuevo idioma, a entender el trabajo como una diversión, como un juego, que puede ser igual de placentero que unas vacaciones. Mudarme a esa ciudad fue sin duda la mejor decisión que nunca he tomado. La gran diferencia formativa que noté fue ver que todo lo que hacía aquí era humo y todo lo que hacía allí tenía gran reconocimiento. Pienso que son más prácticos que nosotros. Para ellos una cosa es trabajar y otra muy diferente ser productivo. Son los reyes en sacar el máximo beneficio a un negocio. Aprendí que el tiempo es oro, si lo desperdicias pierdes dinero”.
Completando su experiencia más allá de nuestras fronteras viajó a la capital de Japón, donde fue reclutado por la consultora Ashley Associates para realizar tareas de diseño. “La ciudad de Nueva York es un crisol de culturas, allí las conoces todas. Personalmente me fascinó la japonesa por su gente. Por esta razón decidí trasladarme a Tokio. Japón es justo lo contrario a occidente y, por esto mismo, resulta fascinante. Vivir allí es como estar en Marte. Todo es diferente, hasta el humor. En el cine, cuando yo me reía nadie se reía y viceversa. Si pudiera quedarme con algo de ese país sería el respeto, la educación y su gastronomía. Trabajé en Ashley Associates, una consultora inglesa que tiene su propio departamento de diseño. Tenían un equipo de aproximadamente cien personas del cual el 10% era internacional. La experiencia fue fantástica pero agotadora. En Estados Unidos, que son prácticos, cuando acabas tu trabajo te vas a casa. En Japón hasta que no se va el jefe no puedes irte, incluso sin tarea”.

15.000 fotogramas

“Tener mi propio estudio es algo que siempre tuve en mente. Me propuse abrirlo antes de cumplir los treinta y me puse una fecha, el tres del tres de 2003. Ese día volví a Madrid para fundar Barfutura. Somos siete personas en total, grande para la media. Están los diseñadores, una directora de proyectos, un director de arte, un director creativo, una persona en administración y un becario. Colaboramos mucho con profesionales externos (fotógrafos, programadores, animadores, ilustradores…) e intentamos ser lo más organizados posible para no trabajar horas de más. Como dije antes, si trabajas para ser productivo ahorrarás tiempo y energía”.
El grueso de su trabajo lo realizan para la industria del cine, a la que accedieron nada más dar comienzo a su andadura, gracias al encargo de la gráfica para la película Te doy mis ojos, que fue la más taquillera y galardonada de ese año. “Ese fue nuestro puente para que poco a poco llegaran más trabajos del sector cinematográfico. Es un orgullo y una responsabilidad desarrollar la gráfica de una película, un proyecto en el cual se han dejado la piel cientos de profesionales. Es un terreno agradecido para el diseñador puesto que el trabajo será visible por todas partes y en una gran variedad de formatos. Diseñar un cartel es más complejo de lo que parece, el reto es resumir 15.000 fotogramas en una sola imagen”.
Como comenta este rendido admirador de Saul Bass, para llegar a esa capacidad de síntesis, “el proceso ideal es empezar a trabajar la gráfica de la película desde el guión. De esta manera hay opción a plantear ideas y sesiones de fotos con los actores durante el rodaje. Esto no siempre pasa, a veces trabajamos únicamente con la foto fija del rodaje una vez finalizada la película. Normalmente vemos la película y, con un briefing y el material fotográfico, empezamos a trabajar. La gráfica de una película se plasmará en una infinidad de soportes, tanto en papel como digitales. Es muy atractivo, a la vez que complejo, crear un concepto potente y que funcione en formatos tan diferentes como los digitales, de animación, editorial, gran formato, etc…”.
Siguiendo una tendencia muy de nuestros tiempos, Barfutura muestra en su sitio web propuestas diferentes a la elegida, visiones alternativas que, de esta forma, logran una segunda oportunidad. “Cuando diseñamos un cartel intentamos tener variedad de ideas y conceptos. Los bocetos no elegidos son igualmente interesantes y nos parece una pena guardarlos en un cajón y no sacarlos a la luz. Presentarlos es también una manera de ver el proceso creativo”. Su cliente directo es el productor, que es quien tiene la capacidad de decisión final. En algunas ocasiones, la idea que este maneja no es compartida por el estudio, que no se resiste a intentar guiarlo hacia su terreno. “El cliente, en este caso productor, suele tener ideas pero no siempre funcionan sobre el papel. Nuestro trabajo como diseñadores es saber clasificar rápidamente el material y aconsejar con argumentos qué ideas son las mejores. Cuando insiste en algo que nosotros no nos convence, solemos trabajar ambas ideas, su planteamiento y el nuestro; de esta manera lo verá con claridad”.

Humor y ambición

La romántica idea del realizador volcado únicamente en los etéreos asuntos artísticos y del productor como puro comerciante parece que, según Sergio, se aproxima a lo que, en el día a día, se va encontrando. “El director suele ser el artista e intenta vender su película como un objeto de culto. El productor es quien enfoca el producto hacia la taquilla. Como diseñadores solemos inclinarnos hacia lo artístico pero la experiencia te enseña a comprender la posición del productor. No suele haber pelea entre ambas visiones ya que el productor es el que paga, y quien paga decide”.
Además del trabajo propiamente productivo, Barfutura extiende su capacidad de iniciativa a otros terrenos, menos lucrativos pero igualmente satisfactorios. Impulsores del proyecto Design Walk –un programa de visitas guiadas por estudios de las ciudades elegidas: Madrid, en la edición de 2012; Valencia, este año–, entre su cartera de este tipo de proyectos destaca una curiosa propuesta, evidentemente consecuencia de la experiencia acumulada. Se trata de una aproximación a lo que sería un diseño marca blanca orientado al cine. Lo han llamado The Movie Poster y recoge, no sin humor, ciertos aspectos tópicos o lugares comunes en lo que a cartelería cinematográfica se refiere. “El proyecto nace como una broma tras haber hecho decenas de carteles de cine y advertir que hay una serie de elementos que se repiten. Ahora se ha convertido en una plantilla base que los propios productores nos piden como referencia”.
Entre las ideas para el futuro destaca un ambicioso planteamiento, que va más allá de lo tangible y que pretende traspasar las barreras habituales que fija la rutina de un estudio de estas características. “El próximo proyecto de Barfutura es la creación de un espacio experimental que nos permita dar cabida a todos los proyectos creativos, evitando la dependencia del encargo y los límites que el cliente impone. Creemos en la necesidad de tener un tiempo para la creación con total libertad y sin presiones. Al igual que hacía el restaurante El Bulli lo ideal es tener un tiempo para la creación y otro para la producción”.

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