MAGAZINE DE DISEÑO, CREATIVIDAD GRÁFICA Y COMUNICACIÓN

Cómo presentar un portfolio


portaLa carpeta de trabajos lo dice todo sobre un profesional de la imagen. Ilustradores, diseñadores o fotógrafos somos profesionales para los cuales un buen portfolio es si cabe más importante que el propio CV y es imprescindible que sea una herramienta capaz de vender el trabajo de su autor en cualquier circunstancia. Publicado en Visual 161



Hace unas semanas en una charla con varios compañeros ilustradores surgió un debate sobre cuál podría ser la mejor forma de presentar el portfolio de trabajos para que el entrevistador tenga en mente y recuerde tu trabajo semanas después, y no se convierta en otra carpeta más archivada en su ordenador. Personalmente creo que es un tema complicado, porque yo casi siempre he trabajado en publicidad y diseño y muy pocas veces he tenido que presentarme ante un editor, cuando lo hago ante directores artísticos o clientes suelo enseñarles mi trabajo en la web. Sin embargo, durante todo el año pasado intenté volver a acercarme al mundo de la ilustración tradicional participando en algunos talleres como el Curso Internacional de Albarracín o el Ilustratour en Valladolid, y tuve la suerte de poder compartir experiencias con otros compañeros y profesionales. Me di cuenta que en general y sobre todo cuando se está empezando, el portfolio suele estar construido con un montón de ilustraciones que nos gustan y colocamos como mejor nos parece. Hay muchos blogs que dan buenos consejos sobre cómo diseñar tu carpeta pero a pesar de todos estos comentarios yo sigo encontrándome a día de hoy en la misma situación que cuando empezaba, es muy difícil encontrar fotografías o descripciones de portfolios físicos de profesionales tal como ellos los presentan. El objetivo de este artículo es mostrar cómo presentan su trabajo algunos ilustradores y compartir el modo en que yo he montado mi material profesional.
Para empezar, mi trabajo es un tanto atípico en el mundo de la ilustración tradicional. Como ilustrador mi carrera ha estado siempre circunscrita al terreno digital, desde la realización de storyboards al diseño de material escolar o formativo, a pesar de que he ilustrado algunas revistas casi no tengo originales físicos hechos a mano y hasta hoy no había trabajado en ningún libro o álbum ilustrado, por lo que tampoco he realizado series de más de 5 ilustraciones con un mismo hilo argumental. En algunas de las ferias a las que he acudido he podido conocer a ilustradores que portaban enormes portfolios en A3, incluso más grandes, con sus originales hechos a mano o reproducidos con gran calidad dentro de carpetas que suelen cubrir toda la mesa en una entrevista y casi siempre resultaban aparatosos. Reconozco que en determinados casos, como una visita personal, el poder apreciar los detalles de un original puede resultar interesante pero en general es muy difícil organizar trabajos de diversos tamaños, estilos o técnicas de forma que resulte útil y no haya que prestar atención a que no se dañen.
En ferias profesionales como el Salon du livre et de la presse jeunesse de Montreuil en París o la Feria del Libro de Bolonia, un ilustrador dispone de 5 o 10 minutos para exponer su trabajo, y tanto si tiene una cita como si conoce a un editor por los pasillos, un portfolio sencillo, claro y breve puede suponer un encargo.
Ester García es una talentosa ilustradora que ya ha publicado varios álbumes ilustrados en los escasos 4 años que lleva como profesional. Trabaja generalmente con lápices de colores o acuarela por lo que sus ilustraciones están hechas a mano y sus originales son realmente impresionantes, con mucho detalle y en algún caso bastante grandes. Sin embargo como ella misma afirma: “Yo presento mi portfolio en A4 encuadernado, con las páginas numeradas porque me parece interesante que siga un orden”. Maquetado con una ilustración por página casi siempre, con la misma limpieza que suelen tener sus publicaciones y con un texto que define cada proyecto, transmite una sensación de claridad, sencillez y capacidad de trabajo que la describe perfectamente a ella.
El primer consejo a la hora de encarar la construcción de tu carpeta es que más vale poco y bueno que mucho, aunque siempre es difícil dejar fuera trabajos a los que puedes tener aprecio. Hay que tener en cuenta que una persona puede procesar una cantidad de información limitada sin cansarse, más de 15 imágenes puede ser excesivo y contraproducente. Mi propio portfolio tiene no más de 12 o 14 páginas y con ilustraciones de varios tamaños para poder centrar la atención de la persona que está viendo mi trabajo en lo que yo quiero y que no se distraiga en nada más. Suelo llevar conmigo una carpeta con más material distribuido por estilos o temas para que si el editor o director artístico está interesado en algo en concreto, yo pueda en el mismo momento ampliarle información, pero no lo saco directamente. Lo más importante es observarle y descubrir qué es lo que le ha gustado o preguntarle si necesita ver algo más. Un buen editor puede saber perfectamente lo que necesita sobre tu trabajo con unas pocas obras.
Ángel Domingo, uno de los responsables de la agencia española de ilustración Pencil hablaba en un taller en el Museo ABC de Ilustración sobre la presentación de portfolios haciendo hincapié en la necesidad de agrupar los trabajos por estilos (línea, mancha, técnica…) y por gamas tonales para dar unidad y discurso a las imágenes además de una pequeña explicación del proyecto al que pertenece. No podemos olvidar que el portfolio es nuestra herramienta de venta y la persona que lo está viendo tiene que poder ver nuestra trayectoria en un periodo de tiempo determinado, nuestra capacidad de síntesis, de narración y de afrontar un proyecto. No se debe incluir nunca imágenes antiguas o de estilos o trabajos con los que ya no se está identificado, porque la persona que lo está viendo no conoce tu experiencia y puede solicitar algo con lo que ya no te sientes cómodo.
Pencil presenta en cada entrevista un portfolio reducido de sus ilustradores. Al tener una amplia variedad deben reducir el trabajo de cada uno a lo más representativo en una doble página. Un buen ejemplo es el portfolio de Gianluca Folì. En la primera página figura el nombre y una gran ilustración que sirve para llamar la atención sobre el autor, además de un pequeño texto con premios y clientes, y en la segunda página pequeñas muestras de distintos trabajos conservando la unidad de estilo y las gamas de color dentro del trabajo de Gianluca. En el caso de que el editor o director de arte esté interesado, es el propio representante quien le amplia la información sobre ese artista en su archivo de trabajos que lleva en un iPad o en la propia web de la agencia. Una forma rápida de establecer un contacto sin desviar la atención.
Como pasa con todo, el tiempo y la experiencia van aportando trucos y tablas en la profesión. Mis primeros portfolios eran digitales, montados en flash y en un cd que mostraba en la entrevista y luego le dejaba al editor. Al ser trabajo digital sobre todo de animación, era tan importante el propio portfolio como las muestras, aunque finalmente el continente era un cd en una caja y a simple vista no tenía nada de espectacular. Es posible que en ocasiones acabase perdido en una estantería. Con el tiempo empecé a llevar conmigo una carpeta de trabajos impresos, un portfolio de plástico de toda la vida, con fundas intercambiables que permitía agilizar la entrevista y centrarse en el trabajo evitando distraer la atención mirando una pantalla o abriendo carpetas y navegadores. Mis primeros portfolios contenían imágenes a línea, otras sin ella, a mano, digitales… y todo entremezclado. De hecho variaba la disposición de los trabajos en función de si iba a visitar a un director de arte en publicidad, a un editor infantil o a un cliente. Conseguir una línea narrativa y una unidad de estilo para mí era imprescindible porque aunque con los años he conseguido un estilo de trabajo distinguible y propio, soy muy versátil y tengo muchos registros, por lo que al final voy quitando y poniendo imágenes. La elección de un solo estilo para cada doble página que utiliza Pencil estructura mis distintos estilos, da una uniformidad y coherencia a lo que el editor está viendo y facilita que si yo aprecio que algo le ha interesado, pueda ampliarle esa información en concreto con más trabajos.
El otro tema de la charla con algunos compañeros que al principio comentaba iba sobre la importancia de que el editor/director de arte al que llega tu portfolio recuerde tu trabajo días o semanas después de haberlo visto. A veces es tan sencillo como enviar un mail de agradecimiento pasados unos días y aprovechar para adjuntar un enlace a tu web o llevar una tarjeta de visita, algo sencillo que puede ser vital en un evento o reunión informal donde va a haber mucha gente a quien puede interesar tu trabajo. Es en este tipo de eventos principalmente donde los editores de libros ilustrados o de texto ven muchísimos portfolios y seguro que vas a necesitar que se acuerde del tuyo una semana después.
Por mi experiencia en el mundo publicitario he aprendido que es muy importante adjuntar “regalos” o material llamado freebie, material promocional como postales, chapas o todo tipo de pegatinas. A todo el mundo le gusta tener cosas gratis, sobre todo de ilustradores y te aseguras que estarás presente en la libreta o el escritorio de esa persona. He conocido a muchos profesionales que utilizan este tipo de recordatorio y es muy notorio el hecho de que un ilustrador tan conocido y cotizado como Gabriel Moreno empezó a trabajar después de haber enviado varios sets de postales, pegatinas y tarjetas con su trabajo a varias agencias de publicidad de Madrid.
Hace algunos años como antes comentaba, acostumbraba a dejar un cd con muestras de mi trabajo. Nunca he dejado copia de mi portfolio impreso porque en general las editoriales suelen ser ellas mismas las que imprimen tus muestras si lo consideran necesario, y para una agencia acostumbrada a tiempos reducidos, no hay nada más rápido que echar un ojo a una web. Con el tiempo empecé a notar y escuchar que el cd es un formato poco práctico y después de darle un par de vueltas y pensar en la parte de los objetos promocionales, tuve una idea.
Cuando acudo a una entrevista además de mi tarjeta y si considero que me interesa ese contacto, doy a mi interlocutor una minicopia de mi portfolio, un desplegable en A3, plegado en un formato de bolsillo que permite ver de un solo golpe de vista todo mi trabajo y que lleva por su parte posterior un póster de una de mis ilustraciones para darle además un uso decorativo al propio portfolio y que no se quede tirado en una esquina o sepultado bajo papeles.
Esta es una muestra de cómo varios ilustradores presentamos nuestro trabajo, pero es solo un ejemplo, al final tanto ilustradores como diseñadores o fotógrafos tenemos un elemento en común y es la creatividad. El portfolio es nuestro vehículo de venta y tiene que ser una extensión de nosotros mismos y reflejar cómo somos. Cuanto más creativo, divertido o sorprendente sea, sin perder la profesionalidad, más fácil nos será darnos a conocer y causar una buena y duradera impresión en quienes lo reciban.

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