MAGAZINE DE DISEÑO, CREATIVIDAD GRÁFICA Y COMUNICACIÓN

Cuaderno itinerante


cuaderno 2La idea del Cuaderno Itinerante (también llamado Errante), surgió del grupo iniciado por Enrique Flores (alias Henry Flowers para los amiguetes) más o menos en marzo de 2012, cuando los miembros del mismo no superaban el centenar. El chaval empezó su periplo en Barcelona, y de ahí a Madrid. Se trataba un poco como lo que las monjas hacían con los bebés robados (pero sin cobrar): que el receptor lo acogiera –adoptara– durante un período indeterminado de tiempo, lo educara con algo de su cosecha, y lo cediera a alguien de su confianza. Por ello acabó bautizado como Hermenegildo Expósito, hijo de la Inclusa que no tiene ni padre ni madre que lo reconozcan. Publicado en Visual 163


Viajó, y cómo, de aquí para allá, por correo postal o de mano en mano, según fuera el acuerdo entre transmisores. Se hizo una experiencia vital a medida que sus tutores lo embadurnaban con los caprichos que se les ocurrían. Vio mundo aunque no saliera nunca del territorio español, acumuló sabiduría, contempló escenas cotidianas, algunas edificantes, otras menos. Se curtió sin que su encuadernado sufriera en demasía; el tío aguantó el tipo, viéndolas pasar, escondiéndose de vez en cuando en un cajón, o en el mejor de los casos compartiendo estantería con sus semejantes, intercambiando opiniones del tipo: “¿A ti te gusta más que den con el lápiz o prefieres que te mojen con una aguada?”.
Más de una vez se temió por su vida. En ausencia de notícias podía haber acabado secuestrado por un grupo islámico. Afortunadamente, tal vez gracias a las mediaciones entre Estados, salió indemne (aunque algo afectado psicológicamente) de todas sus peripecias. No se pagó ningún rescate.
Fue liberado en Madrid, en la sede de Visual. No había periodistas, la consigna era discreción. Que no le afectara de inmediato poderse duchar todos los días (con el riesgo de deslavarse), compartir mesa y cañas con los de la revista, dormir la siesta hasta las ocho de la tarde y pensar en escribir unas memorias, que a lo mejor le darían algo de pasta para ir a ligar a las librerías (es un iluso, ya no hay librerías).
Le gustaría viajar más, le ha cogido el gusanillo, pasar el charco, irse a Buenos Aires a clases de tango, pero hay mucha competencia porteña, es consciente de que mientras va a zamparse unas patatas bravas al bar de la esquina, decenas de colegas están haciendo el viaje desde el otro lado: son multitud. Que no se le suba el éxito a la cabeza. (Firmado: un tutor Cuadernista)

Propuesta de reglas mínimas para la circulación del Cuaderno itinerante:

1) Cada cuadernista receptor llena su espacio (el que quiera).
2) Lo escanea o lo fotografia y lo cuelga en el blog.
3) Lo envía a quien le plazca, que, a su vez, sigue el mismo proceso.
4) El último al que le toque (el liquidador), lo reenvía al origen (el iniciador).
5) Mientras, la discusión queda abierta sobre el destino final del objeto.

El cuaderno es artesanal, de tapa dura (105 x 160 mm de tripa) confeccionado con papel offset poroso de unos 90 gr. Ello impide técnicas de aguada a sangre o experimentos con lejía, ácido sulfúrico, coñac Soberano Osborne o Coca-Cola.
Las direcciones y teléfonos de cada envío serán confidenciales. El punto de información es el blog Cuadernistas.
Si un cuadernista emprende una iniciativa paralela (un Volumen 2), será bien recibido por sus congéneres, según reza el famoso eslogan: “Crear uno, dos, tres… cien cuadernistas”.

Plausive