MAGAZINE DE DISEÑO, CREATIVIDAD GRÁFICA Y COMUNICACIÓN

Del grifo monomando y los carteles de cine


El grifo monomando, un diseño erróneo

A veces, los diseñadores nos equivocamos. Y una equivocación puede tener consecuencias monstruosas para las personas, para el planeta…Ccomo por ejemplo, cuando se diseñó el grifo monomando. El peor diseño, con consecuencias incalculables para el medio ambiente. Ignorramos quién lo inventó, por tener alguna referencia digamos que ADI-FAD, en 1995 concedió un Premio Delta de Oro a la diseñadora Inés Jackson por su grifo Omega, fabricado por Supergrif. Han pasado veinte años, y los grifos monomando prácticamente han sustituido a los tradicionales en los lavabos y pilas de cocina de todo el mundo. Siguen fabricándose casi todos mal. Publicado en Visual 176


En la mayoría de los grifos monomando del mundo, el manubrio situado en el centro ofrece mitad de agua caliente y mitad de agua fría. Con la manija en el centro es lo que podríamos llamar su posición natural o por defecto. Si volteamos hacia la derecha, obtendremos agua más fría, y si lo hacemos hacia la izquierda, agua más caliente. Eso significa que si nos da igual la temperatura del agua, estaremos usando agua caliente –templada, en realidad–. Multipliquen esto por todos los monomandos que hay en el mundo. La cantidad de energía desperdiciada es descomunal, incalculable. Y lo peor, la solución es bien sencilla. Simplemente, un grifo que solo gire a la izquierda: al subir el manubrio ofrecería agua fría. A partir de ahí, podríamos moverlo para obtener agua templada o caliente.
Sólo unos pocos fabricantes y a modo de excepción tienen en su gama un modelo que cumpla una premisa tan sencilla. No tiene sentido, pero es así.

Los carteles de cine y su diseño

Solo algunos diseños pasan a formar parte del imaginario colectivo más allá del tiempo. I love NY de Glasser. Supongo que en nuestro país, el Toro de Osborne. Siendo condescendientes, las mascotas olímpicas. El resto, duran lo que dura la vida de lo que representan. En el mejor de los casos, quedan archivados en webs de coleccionistas, libros de arte o de diseño, museos… Y en la memoria de quienes los conocieron en vida. Pero las personas mueren. ¿Sucede con todos los diseños?
No, con todos no. Luego están los carteles de cine. Un film sigue presentándose con el cartel de cuando se estrenó. Si se repone una película de los años treinta, se hace con el mismo cartel que la primera vez. Sucede también, aunque menos, con la gráfica discográfica, y apenas con los libros, que son reeditados con cubierta renovada más acorde con las demandas del departamento comercial (que no del lector). Pareciera que ni las Majors ni los directores ni los diseñadores fueran conscientes de esto. Si echamos un ojo a las carteleras de estrenos vemos que hoy géneros como la comedia, la acción o la ciencia ficción repiten fórmulas idénticas, miméticas, recursos tan trillados que corren el peligro de convertirse en identidad: fondo blanco para la comedia y protagonistas de cuerpo entero en actitud jocosa; fondo oscuro, generalmente azul y primer plano del protagonista para las películas de acción, etc.
Los carteles de cine, a poco interesante que sea la película, están llamados a perpetuarse, a mantener su vigencia funcional eternamente. Y lo que es peor, esto ha de suceder más allá del nivel de su calidad gráfica. Diseñar carteles de cine es una gran responsabilidad. Ojalá se den cuenta de ello quienes los diseñan.

Plausive