Para una catalana como yo, pasar el 23 de abril fuera de Cataluña siempre trae consigo algo de desconcierto, como si echase en falta todo ese trasiego de libros y rosas y más libros que, por otro lado, me sobra cuando estoy allí. Este año he pasado el día de Sant Jordi en Murcia, donde la Escuela de Arte y Diseño me había invitado a dar una clase sobre la gestión del diseño. Me anticipo a decir que la acogida fue calurosa, que lo pasamos bien, ellos y yo, y que me quedaron ganas de volver.
En el tren de regreso a Madrid tuve tres largas horas para hacer el balance de la jornada y una de las conclusiones era que la pregunta más difícil que me hicieron no tenía que ver con la gestión del diseño sino la que se refería a mi opinión sobre la situación de la enseñanza del diseño en España: un tema sobre el que siempre he sido más bien crítica y que, en el entorno de una escuela de diseño, rodeada por parte del claustro, era delicada de tratar. / Publicado en Visual 132




