MAGAZINE DE DISEÑO, CREATIVIDAD GRÁFICA Y COMUNICACIÓN

El derecho a la propia imagen y la conducta del propio titular


Es Agosto. Nuestro país esta cerrado por vacaciones. Y como todos los años la ausencia de noticias hace que las páginas de los periódicos se llenen de crónicas mas o menos frívolas sobre personajes públicos en periodo estival. Y como no podía ser de otra manera las páginas se llenan de imágenes personales de personajes en vacaciones. Bellas modelos y apuestos actores, guapos galanes y actrices y apolíneos deportistas se dejan fotografiar en sus exclusivos destinos turísticos donde disfrutan de las siempre merecidas vacaciones. Todos ellos nos ofrecen sus imágenes personales de forma voluntaria y sin poner ningún reparo a la captación, reproducción y divulgación de su imagen personal. Hasta aquí todo normal como cualquier verano. Publicado en Visual 170


La cuestión que quiero plantear es que, como sabemos, después, estos apolíneos personajes que ahora nos ofrecen sus imágenes personales plácidamente porque les interesa figurar en los medios, en otras circunstancias intentan prohibir la captación y divulgación de la misma. Es decir, en lo que intento ahondar es en el problema de aquellos personajes públicos que en algunas ocasiones cuando les conviene, airean su imagen personal sin límite, y en otras, cuando no les interesa, intentan impedir su divulgación. ¿Es lícita y legal esta caprichosa utilización de la protección que la Ley dispensa a esta imagen personal? ¿Dice algo la Ley al respecto?
Pues sí. La Ley Orgánica de Protección Civil del Derecho al Honor, Intimidad Personal y Familiar y a la propia Imagen alude directamente a ello en el artículo 2.1 cuando dice la protección civil del derecho al honor, intimidad y propia imagen quedará delimitado por las Leyes y por los usos sociales atendiendo al ámbito que por sus propios actos mantenga cada persona reservado para sí misma o su familia”.
Es decir, está claro que los actos propios de cada persona delimitan el ámbito de protección de la ley. De esta forma si una persona divulga hoy voluntariamente su imagen, llamando incluso a los medios de comunicación para que la capten y divulguen, no podrá después pretender que en semejantes situaciones se prohiba la captación, reproducción y divulgación.
En palabras de la Jurisprudencia del Tribunal Supremo la esfera del honor, de la intimidad personal y familiar y del uso de la propia imagen está determinada de manera decisiva por el propio, concepto que cada persona, según sus actos propios mantenga al respecto y determine sus pautas de comportamiento. Es decir, será el propio sujeto el que según sus costumbres, actitudes y formas de comportamiento delimite su propio derecho a la imagen. Según esto podrá haber personas que delimiten de forma muy restrictiva su derecho a la imagen por no acostumbrar a permitir su divulgación y uso, y otras que configuren un derecho a su propia imagen mucho más abierto y permisivo por acostumbrar a permitir su uso.
De la numerosísima jurisprudencia que existe sobre el derecho al honor, intimidad y propia imagen aludiremos a dos como ejemplo de lo que queremos decir.
En la primera de ellas el Tribunal Supremo entendió que no existe intromisión ilegitima en la publicación de un reportaje sobre la muerte de un pariente de un conocido torero, miembro de una importante dinastía. La muerte había sido divulgada a la prensa social por el propio torero y su familia por lo que la publicación de un reportaje sobre el tema en ninguna forma podía considerarse una intromisión ilegitima.
El Tribunal Supremo entiende que si la propia familia ha divulgado un hecho de este tipo no puede después calificar como intromisión ilegitima la publicación de un reportaje sobre el mismo tema.
En la segunda de las sentencias, el Tribunal Supremo termina diciendo que no hay intromisión ilegitima en el derecho a la imagen de un personaje público asiduo a los programas de información social como Salsa Rosa, porque siendo un personaje que frecuenta tales programas y medios no intentó en forma alguna impedir la captación de su imagen en su caso concreto.
Es decir, que tratándose de alguien que asiduamente ofrece su imagen a los medios, el hecho de no intentar preservar su imagen, se interpreta como un consentimiento para su captación y divulgación. En ambos casos y en general en su doctrina, el Tribunal Supremo nos reitera que el ámbito de protección de la propia imagen personal viene delimitado por los actos propios de sus titulares de tal manera que quienes consienten de forma habitual o frecuente el uso de su imagen en determinados medios difícilmente puede luego negarse al mismo en circunstancias parecidas.
En concreto, estos personajes que hoy permiten la divulgación de su imagen en sus vacaciones estivales no podrán después, en circunstancias parecidas negarse a la divulgación de su imagen. Texto: Javier González Martín

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