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El padrino del cómic underground


A finales de la década de los 60, en medio de las protestas contra la guerra de Vietnam y de las manifestaciones por los derechos civiles, empezó a triunfar en Estados Unidos un nuevo género de historietas denominado cómic underground que tenía como objetivo reflejar en sus páginas temas que se consideraban tabú en la sociedad acomodada de aquellos años, como el sexo, el rock & roll y las drogas. Uno de los ilustres pioneros de esa escena tan desmadrada fue Gilbert Shelton, un joven dibujante que se trasladó de Texas a California en el momento álgido de la fiebre psicodélica, que colaboró estrechamente con artistas de la talla de Robert Crumb y que dejó para la posteridad una saga de personajes muy emblemáticos, como los Fabulosos Freak Brothers y Fat Freddy’s Cat. Actualmente es lo más parecido a un superviviente de otra época que vive “exiliado” en Francia y mira con recelo los escándalos políticos y sociales que suceden al otro lado del océano sin perder su sentido del humor. Un icono en mayúsculas del noveno arte.

gilbert shelton

Usted pasó la primera mitad de la década de los 60 viajando a lo largo y ancho de Estados Unidos como hicieron los poetas beat. ¿Tenía la sensación de que el país empezaba a cambiar?
Todos esperábamos que el país cambiara de mentalidad, pero también había un temor bastante generalizado a una reacción por parte del gobierno y de las autoridades. Por ejemplo, yo trabajé durante años para varios periódicos underground que se publicaban en ciudades como Austin, Nueva York, Los Ángeles y San Francisco. Sin embargo, los periódicos generalistas consiguieron dejarlos fuera del negocio cuando se atrevieron a incluir en sus páginas temas que tradicionalmente habían sido tabú en la prensa convencional, como el sexo, las drogas y el rock & roll.
En 1968 decidió dejar atrás su trabajo como director de arte en la Vulcan Gas Company en Texas y mudarse a la soleada California. ¿Qué esperaba encontrar en la costa oeste?
Cuando me mudé a San Francisco en 1968, tenía lugar la celebración oficial de la “muerte” del barrio de Haight-Ashbury. Sin embargo, la escena musical continuó con los conciertos que Bill Graham organizaba en el Fillmore West y el Winterland, además de los espectáculos que Chet Helms montaba en el Avalon Ballroom. Helms era de Texas y contrató a muchas bandas de allí para que actuaran en la ciudad. Entre las más destacadas: Doug Sahm, 13th Floor Elevators y Janis Joplin. Más tarde, cuando perdió su contrato por hacer demasiado ruido, la gestión de aquella sala pasó a manos de otros dos empresarios de Texas, Gary Scanlon y Bob Simmons, que se hacían llamar Sound Proof Productions. Mi intención al llegar a San Francisco era pasar solo un par de semanas, pero acabé quedándome quince años. Con tres amigos de Texas montamos una empresa llamada Rip Off Press con el objetivo de imprimir carteles de conciertos de rock, aunque enseguida nos dimos cuenta de que los cómics eran más rentables.
¿Qué recuerdos tiene de aquella época tan fascinante al frente de Rip Off Press y de su colaboración con artistas muy destacados de la escena psicodélica de San Francisco?
Al principio queríamos hacer hermosos carteles de conciertos de rock como los que hacían en aquella época artistas consolidados como Víctor Moscoso, Rick Griffin, Wes Wilson, Stanley Mouse, Alton Kelley y Bob Fried. El problema que tuvimos fue la calidad de nuestra impresión, que era realmente muy mala. Pero no tardamos en descubrir que la calidad de la impresión de los cómics no tenía porqué ser buena, así que tomamos esa nueva dirección creativa. Alquilamos un almacén enorme en el que organizábamos fiestas de manera habitual y eso nos permitió atraer a los demás artistas underground de la ciudad.
Me gustaría preguntarle por dos nombres que han tenido una importancia destacada a lo largo de su carrera. El primero es Robert Crumb, uno de los pioneros destacados del cómic underground.
Conocí a Robert Crumb en Nueva York en 1968, cuando nos presentó el artista Spain Rodríguez. En aquella época todos colaborábamos en un periódico sensacionalista llamado Gothic Blimp Works, que publicaba cómics underground y estaba editado por Vaughn Bodé. Yo hacía años que conocía el trabajo de Crumb y lo admiraba. Después coincidimos a menudo en San Francisco y en Potter Valley, California, donde se mudó con su primera esposa. No puedo decirte que tuviéramos muchas cosas en común porque él no era un fanático de la música rock como yo, a pesar de que hizo la famosa portada del álbum Cheap Thrills de Big Brother and the Holding Company, la banda de Janis Joplin. A diferencia de mis amigos de Texas, a Crumb no le gustaba beber cerveza.
El segundo artista que me llama mucho la atención es Rick Griffin, un surfista de Los Ángeles que se convirtió en un icono de la contracultura con sus obras. ¿Cómo era más allá de la leyenda?
No tuve la oportunidad de conocer demasiado bien a Rick Griffin. Trabajamos juntos de vez en cuando en las maratones creativas de Zap Comix, tanto en mi casa de San Francisco como en la de Víctor Moscoso en Woodacre, California. Rick estaba metido en una especie de cristianismo extraño, no sé qué era exactamente. Nunca hablé con él de ese tema porque no me interesa la religión. Con quien sí que acostumbraba a tener discusiones sobre religión y misticismo era con el ilustrador S. Clay Wilson. No creo que las tendencias religiosas de Rick Griffin tuvieran un efecto en su estilo de dibujo, pero debo decirte que el contenido de sus cómics me desconcertaba mucho. Tendrías que preguntarle a Crumb sobre su amistad con Rick Griffin y sobre su personalidad.
Colaboró regularmente en Zap Comix a partir del número 3 en otoño de 1968. ¿Por qué cree que llamó tanto la atención y cómo eran las sesiones creativas organizadas por Robert Crumb?
Antes de ver los primeros números de Zap Comix que hizo Crumb, yo me dedicaba a hacer historietas pensadas para páginas de periódico y nunca me planteé hacer un cómic entero en forma de libro. Cuando empezamos a colaborar, me di cuenta de que él no organizaba lo que sucedía en Zap, el principal encargado era Víctor Moscoso. A veces montábamos unas reuniones que se transformaban en maratones improvisadas de dibujo. Intenté que los artistas convirtieran esas sesiones en historias coherentes, pero no quisieron. El único principio organizativo que imperaba era llenar todo el espacio en blanco de la página. Nos reuníamos en casa de uno o de otro, llevábamos algo para fumar y luego nos sentábamos a dibujar. Para el número de Zam (Zap Jam) de 1974 nos dividimos en equipos de dos o tres dibujantes. Yo me junté con Robert Williams y S. Clay Wilson, y me las arreglé para imponer una especie de historia con argumento que se desarrollaba a lo largo de nuestras páginas. Nunca me gustó la idea de esas sesiones de dibujo improvisadas.
El blues y el rock psicodélico se alzaron como la banda sonora de la contracultura en California durante los años 60. ¿Recuerda alguna conversación sobre música con su amigo Robert Crumb?
La escena musical de San Francisco era una rebelión contra la actitud más profesional que imperaba en Los Ángeles. En ese sentido, resultaba algo muy liberador. Robert Crumb dijo que no le gustaba ninguna música hecha después de 1936. Sin embargo, yo prefería la música de los años 50, sobre todo el rhythm & blues y el bebop. Creo que solamente fui a un concierto en el Fillmore West para ver actuar a Carlos Santana porque Bill Graham no dejaba entrar a nadie gratis, ni siquiera a Janis Joplin. La mayor parte de la música que se hizo en aquella época era demasiado ruidosa para aguantarla.
Se acostumbra a decir que los ilustradores de cómics y de pósteres de conciertos de San Francisco formaban una comunidad. ¿Participaron en las protestas contra la guerra de Vietnam?
Me involucré en diversas manifestaciones por los derechos civiles cuando era estudiante en la Universidad de Texas en los años 50. Luego vinieron las protestas en contra de la guerra de Vietnam, pero no tardé en darme cuenta de que no había demasiada comunicación entre la gente del movimiento, que estaba muy politizada, y la gente que formábamos parte de la escena musical y artística. Los dibujantes apenas se comunicaban con la gente del movimiento. Sin embargo, existe una gran foto que apareció en el San Francisco Chronicle que muestra al dibujante Spain Rodríguez mientras es detenido por la policía de la ciudad.
Uno de sus cómics más populares es Los fabulosos Freak Brothers, que empezó a publicarse en la década de los 60. ¿Cuál era su objetivo como narrador y cómo definiría su estilo visual?
Siempre quise ser humorista. Empecé mi carrera dibujando tiras cómicas a página completa para que aparecieran en varios periódicos sensacionalistas semanales, como el East Village Other en Nueva York y el Los Angeles Free Press. Debido a que las tiras estaban pensadas para ocupar una página de periódico entera, las primeras que hice de los Freak Brothers mantuvieron una gran calidad en los detalles cuando se redujeron de tamaño para encajar en el formato de un libro de cómic. Como te he comentado antes, nunca pensé en hacer cómics hasta que vi el primer número de Zap que hizo Crumb. Padezco el trastorno de Witzelsucht, también conocido como la enfermedad del chiste, y ese es mi estilo creativo. Podríamos decir que paso mucho tiempo sentado en mi estudio esperando que surjan las ideas y me gusta copiar a todo el mundo. Mi estilo de dibujo es lo que se denomina “línea sucia” y funcionó a base de prueba y error, con muchas correcciones en pintura blanca.
A principios de los años 80 pasó una larga temporada en Barcelona y luego decidió instalarse en Francia con su esposa. ¿Cómo ha sido su carrera desde que “se exilió” a Europa?
Durante un par de años vivimos cerca de Barcelona, en poblaciones como La Floresta, Valldoreix, Mirasol y Castelldefels. Esa época coincidió con los primeros días de la revista El Víbora, y conocí a todos sus dibujantes, incluidos Max, Martí, Gallardo, Mediavilla, Nazario y Pons. A principios de 1985 nos mudamos a París desde San Francisco con la intención de pasar un año en la capital francesa, pero se ha convertido en una experiencia que ya dura treinta y cinco años. Mi esposa montó una agencia literaria y ha tenido bastante éxito porque habla bien el francés y existe una falta de comunicación evidente entre anglófonos y francófonos. Precisamente, ella es la agente de Robert Crumb, que también vive en Francia.
Para terminar la entrevista, una pregunta con ecos filosóficos: ¿Qué cosas le motivan para seguir dibujando cómics en esta época tan marcada por el caos político, social y medioambiental?
Todavía dibujo de vez en cuando, aunque no tanto como antes, sobre todo porque quiero ayudar a mis editores. El objetivo es terminar algunos proyectos que tengo empezados con mis personajes, como El Superserdo (Wonder Wart-Hog), Los fabulosos Freak Brothers, Fat Freddy’s Cat y la banda de rock Not Quite Dead. Actualmente las cosas pintan muy mal en Estados Unidos, al igual que sucedía bajo el mandato del presidente Richard Nixon hace décadas. En los años 70 teníamos miedo de que nos detuvieran y nos encerraran en campos de prisioneros. Ahora está empezando a parecer lo mismo. (Publicado en Visual 205)

Texto: David Moreu. Foto del artista: Jaqen (CC BY-SA 4.0). Imágenes cedidas por Ediciones La Cúpula

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