MAGAZINE DE DISEÑO, CREATIVIDAD GRÁFICA Y COMUNICACIÓN

Este trabajo me mata. Aún queda muchísimo por hacer


Nuestros amados líderes saben de comunicación ¡Qué duda cabe! Decían las malas lenguas que Aznar había contratado para su campaña al equipo de comunicación que hizo ganar las elecciones a George Bush padre. Desde entonces nos tienen acostumbrados a campañas electorales donde todo está milimétricamente medido, al estilo yanqui. Desde el color de la corbata a las muletillas en los discursos, todo tiene un solo fin: crear una marca agradable que el votante recuerde, incluso subliminalmente, cuando toque depositar la papeleta en la urna. El método no difiere mucho del que seguiría una marca de yogures, solo que el efecto del bífido se nos pasa en veinticuatro horas, y el de un partido político dura cuatro años. Publicado en Visual 173

Muchas veces esa publicidad no es barata, pero el partido gobernante sabe que es rentable y está en disposición de aflojar la mosca, por A o por B, para que todos sepamos lo afortunados que somos de que ellos estén ahí.
Con esa intención evangelizadora lanzan “Aún queda mucho por hacer”, una serie de vídeos y un minisite para hacernos ver lo mucho que han hecho por nosotros en estos años. Un guión medido a la coma, en el que los muchos piropos se adornan de humildad; un juego de cámaras subjetivas y contraplanos que nos hacen pensar que el vídeo lo ha grabado el gato, que se coló en uno de los miles de desayunos informales en los que los responsables del partido entonan el mea culpa. Todo muy natural, muy cercano y muy íntimo.
Aunque sea la primera vez que lo ves, te da la sensación de haberlo visto antes. Quizás porque el resultado es un refrito entre las conversaciones de cierto banco catalán y el “Esto solo lo arreglamos entre todos” que impulsaron las constructoras y grandes empresas al principio de la crisis. Ambos de la misma agencia ¡mire usted que casualidad! Si llega a salir un primerísimo plano de la mano de Pons meciéndose con el aire en una ventana de Génova, hacemos pleno.
Del banco han cogido la intimidad del momento. O lo han intentado, porque que una conversación entre Loquillo e Inocencio Arias parezca más natural que un desayuno entre compañeros de partido ya es complicado. No creo que Cospedal y Floriano, reconvertidos momentáneamente en guionistas, pensaran precisamente en los Goya cuando escribían los diálogos.
Después del despliegue técnico –maquilladores, cámaras, realizadores, iluminadores, montadores, etcétera– debieron quedarse sin partida para el gráfico, de modo que calcaron el “Esto sólo lo arreglamos entre todos”. Copiarte a ti mismo tiene delito, pero copiarte mal… Pensarían que usando una Helvética en bandera ¿qué puede fallar? Nadie le explicó al becario nada sobre interlineados, ni sobre ascendentes ni descendentes, ni sobre contraformas. Eso puede ser que tenga su trascendencia si usas otra tipo, pero no si lo haces en La Tipografía. Si va en Helvética solo hay que escribir para que todo quede perfecto y se organice solo, como por arte de magia. Con ella, hasta usar tildes es accesorio.
Quizás la gráfica no sea la chapuza que parece, y es solo que les ha faltado darle un poco de piel.
Este extraño ejercicio propagandístico es solo el primer paso. Se acerca un duro año electoral en el que se acrecientan las sensibilidades, y la psicología clásica del color deja de ser la que era para convertirse en todo un alegato de intenciones políticas. Que levante la mano el que no haya tenido que cambiar el color morado predominante de alguna pieza para que no parezca un panfleto de Podemos en lugar de una invitación a un concierto. En 2015 el rojo dejará de ser un color que llame a la acción y a la pasión para convertirse en la izquierda casposa, el azul es casta y banqueros vampíricos, el morado dejará de ser un color relacionado con la feminidad y el poder para ser un demonio demagogo venezolano-etarra-iraquí.
En la época del bipartidismo aún nos quedaba paleta donde recrearnos, pero ya no. Ahora el naranja es el neoliberalismo más sonriente y americano; el rosa es el centrismo oportunista, y el verde se lo reparten misteriosamente los fachillas más recalcitrantes con los hippies comeflores.
Nos queda un añito de hacer de psicólogos, para no presentar a nuestros clientes opciones que puedan herir su sensibilidad y ponerle en contra de nuestro trabajo. Mientras tanto, iré coleccionando refritos y despropósitos, porque un año electoral es un filón para la crítica publicitaria y diseñil que solo se produce cada cuatro años.
Suerte, y usad solo amarillo.

Plausive