Dicen que hay palabras que atraen poderosamente nuestra atención, entre ellas las más famosas son la palabra “sexo” y, en cuestiones publicitarias, la palabra “gratis”. Una teoría un poco menos extendida –por que es mía– asegura que si juntas la palabra “gratis” con la palabra “logotipo”, salta una alarma en la redacción de cada diario local, radio provincial o televisión regional. Publicado en Visual 167
Algo parecido sucedió en el año 2009, cuando Madrid se daba su segundo batacazo olímpico consecutivo. Prácticamente el mismo día en que daban a Río de Janeiro los juegos de 2016, el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid convocaba un concurso para diseñar el logo de la candidatura para 2020, que regalaría a la ciudad para que no decayese en su intento. Al COAM no se le ocurrió darle un empujón a la candidatura regalándoles el proyecto para la villa olímpica, o para un nuevo estadio ¡Por supuesto que no! ¡Que son arquitectos, por dios, y su trabajo cuesta dinero! Pero un logo lo hace cualquiera y de paso nos divertimos. Tal muestra de generosidad merecía ser acompañada de una nota de prensa, a la que Europa Press dio toda la difusión que el término “gratis” merecía.
Puede que también saliese en medio centenar de medios generalistas, pero lo importante es que la confluencia de “logo”, “gratis”, “deporte” y Júpiter entrando en Tauro, hizo que la noticia saliera en el Marca, con lo que el altruista gesto de nuestros arquitectos llegó a toda España.
Huelga decir que la falta de onerosidad del gesto era relativa, parecida a decir que no vas a cobrarle la comida al cerdo que estás cebando para hacer chorizos. Sea como fuere, el Ayuntamiento madrileño tenía su propio plan maligno para destrozar otro logo olímpico, y no necesitaba la ayuda de los arquitectos.
Esta anécdota, ya olvidada, me venía a la mente al saber que a finales de enero la alarma “logo gratis” sonaba en la redacción del Diario Montañés: el Codidcan, colegio profesional que agrupa a los diseñadores de interiores de Cantabria, ofrecía gratuitamente al Ayuntamiento la imagen del nuevo mercado dominical de la Plaza Porticada de Santander. Si uno sabe poner mono un sillón orejero junto a unas estanterías ¡cómo no va a ser capaz de hacer algo pintón con la gráfica de un mercado dominical!
La cosa no habría pasado de unas líneas en el Diario y una anécdota cabreante para los diseñatas locales si no lo hubieran hecho transcender los colegas de Creando, que se obcecan en cobrar por algo que los interioristas ociosos regalan en sus ratos libres.
Tan solo una semana después, cuando aún no nos había dado tiempo a archivar el suceso, la alerta saltaba en el diario valenciano Las Provincias, y un reportero corría a entrevistar a Nacho Moscardó, también diseñador de interiores, que regalaba la marca-ciudad al Patronato de Turismo de su pueblo de veraneo, Alcossebre.
En el reportaje, que aún hoy se puede visitar en la web del diario, el señor Moscardó apela a que con un poco de dedicación desinteresada cualquiera puede obtener grandes resultados, “y también para que se guarde un recuerdo de que hay alguien que hace las cosas no solo mirando la pela”. Para ayudar a que nadie se olvidase de ese “álguien”, el interiorista añadió al logo un “designed Nacho Moscardó” que ocupaba una quinta parte del peso total de la marca, y que acompañaría a la identidad para siempre allá donde se reprodujese, ya fuesen eventos, camisetas o la papelería oficial del Ayuntamiento.
Algunos malpensados llamamos a eso publicidad, y lo ligamos íntimamente a la pela, pero debe ser porque los diseñadores gráficos somos todos unos retorcidos. Si estoy equivocado, queden por escrito mis disculpas al señor Moscardó, junto a mi oferta a las principales ciudades españolas de realizarles su marca de manera totalmente altruista en las mismas condiciones que las de Alcossebre.
Desgraciadamente, si viajáis al pueblecito costero ninguno podrá volver con una camiseta Alcossssebre designed Nacho Moscardó, porque el diseñador ha pedido al pueblo su retirada, indignado ante las críticas recibidas por los envidiosos diseñadores gráficos de toda España. Que la marca tuviera una calidad gráfica ínfima, que fuera un refrito de conceptos infumables, que incluyese elementos gráficos que ya había aplicado en otras empresas o que los carteles fueran un pastiche de fotos sacadas de Internet, no era motivo para que los diseñadores gráficos obviaran el punto principal: que es gratis y hecho con cariño.
Todos estos casos tienen puntos en común. Todos salieron en los medios porque aparecían acompañados de la palabra “gratis”; todos están realizados por profesionales de campos ajenos al diseño gráfico; y todos iban a ser regalados a organismos públicos a los que, por definición, no se les debe regalar trabajo. Sin embargo, el más importante de esos puntos es que eran malos. Objetivamente malos. No digo feos, porque nada tiene que ver con preferencias personales o modas, sino con las más básicas premisas del diseño de identidades. Falta de legibilidad, poco escalables, de adaptaciones imposibles y reproducciones complicadas, todos los ejemplos son más propios de un estudiante de primero que de un profesional. Con cada uno de ellos, la visibilidad de la institución a la que representaban se hubiese visto hipotecada. Y lo que es peor: luego se nos quejan a nosotros cuando hay que aplicarlo de verdad. Texto: Nano Trias




