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Folkways Records. La cultura de la humanidad en un surco


FOLKWAYS 29El catálogo de Folkways Records ha logrado preservar para la posteridad manifestaciones folclóricas de todos los rincones del mundo. Canciones, músicas, narraciones, discursos y hasta sonidos cotidianos forman parte de un archivo cuya finalidad siempre estuvo más cerca del apostolado que del negocio, hasta el punto de posicionarse políticamente del lado de los oprimidos, de los derechos sociales y civiles o de causas como la de las Brigadas Internacionales. Una filosofía que determinó también una particular forma de envolver esas grabaciones y que logró una marca reconocible con una calidad gráfica envidiable. Publicado en Visual 174

En 1977, la NASA envió al espacio una serie de sondas Voyager con el objetivo de que, en un plazo estimado de 40.000 años, lleguen a las proximidades de la estrella más cercana a la Tierra.
En cada sonda, la agencia espacial norteamericana incluyó un disco semejante a los de vinilo –pero prensado en oro por ser un material mucho más estable que aquel– y que bajo el título de The Sounds of Earth contenía sonidos que resumían la vida de la raza humana. Entre esas muestras sonoras se encontraban saludos –Hola y saludos a todos fue la frase española que se incluyó–, ruidos de volcanes, terremotos, viento, animales, canciones –desde el Concierto de Brandemburgo n.º 2 de Bach hasta Johnny B. Goode de Chuck Berry o Dark Was the Night, Cold Was the Ground del músico de blues Blind Willie Johnson– e imágenes de monumentos, personas, diagramas anatómicos de los humanos, herramientas, automóviles o escenas cotidianas de la vida terrestre.
Coordinado por Carl Sagan, el objetivo de The Sounds of Earth era (o mejor dicho es, porque aún le quedan unos 30.000 años para conseguirlo) enviar a las posibles culturas extraterrestres una muestra de cómo es de la Tierra (o era, porque dentro 30.000 años quién sabe cómo habrá cambiado todo).
Un proyecto de folk cósmico que, en caso de que resulte interesante a los extraterrestres, podrá ser completado cuando se decidan a invadirnos de una maldita vez y se hagan con la colección completa de Folkways Records, el sello que más ha hecho en el mundo por preservar las tradiciones y manifestaciones culturales desde que Leon Scott inventara los registros sonoros con el fonoautógrafo en 1857 y Thomas Edison le mejorase el invento patentando el fonógrafo en 1877.

El progreso al servicio de la tradición

En 1948, la aparición de los discos de vinilo revolucionó el mundo de la música. Los hasta entonces populares y frágiles discos de 78 revoluciones por minuto con capacidad únicamente para dos temas –uno por cada cara– dejaron paso a un nuevo formato, el LP a 33 r.p.m., que además de ser más resistente permitía incluir casi treinta minutos de sonido por cada lado. Aprovechando dicha innovación, Moses Asch, fundador de Asch Records, decidió abandonar la publicación de discos de 78 r.p.m. y comenzar a editar vinilos y, ya que estaba inmerso en cambios, decidió también cambiar el nombre de su pequeña compañía. Nacía así Folkways Records, sello en el que grabarían algunos de los más importantes músicos norteamericanos del siglo XX, así como anónimos intérpretes procedentes de los lugares más recónditos del mundo.
Nacido en el seno de una importante familia judía, Moses Asch era hijo del escritor Sholem Asch. Pasó buena parte de su infancia y juventud viajando por Europa hasta que su familia se estableció definitivamente en Nueva York. Sin embargo, esto no fue más que una parada provisional porque el joven Asch pronto regresó a Europa, concretamente a Alemania, donde estudió ingeniería durante el periodo de entreguerras. Esos conocimientos como ingeniero fueron claves para su futuro éxito en el mundo de las grabaciones sonoras hasta el punto de que, en la actualidad, sus instrucciones a la hora de colocar los micrófonos son consideradas como las más acertadas cuando se desea conseguir un sonido natural y creíble en un estudio.
En palabras del cantante Dave Van Ronk, “Moe Asch podía ser un hombre exasperante que nunca pagaría diez centavos si podía resolverlo abonando solo cinco, pero realmente amaba la música” y lo cierto es que solo la afición a la música y las ganas por documentar para las generaciones futuras la cultura humana pueden explicar la filosofía de una compañía tan sui generis como Folkways, en cuyo catálogo, por ejemplo, se incluían grabaciones de discursos de personalidades como Martin Luther King Jr., entrevistas con escritores como Arthur Miller, la declaración de Bertolt Brecht ante la Comisión de Actividades Antiamericanas, registros de juegos infantiles de diferentes partes del mundo, sonidos de la vida cotidiana como máquinas de escribir, del tráfico, o de mosquitos, lectura de libros, y música, mucha música. Pero por si un catálogo como ese no fuera suficiente lastre a la hora de hacer viable económicamente una empresa, Folkways nunca descatalogó ninguna de sus referencias, siendo una de las exigencias de Asch que todos los discos estuvieran siempre disponibles, independientemente del volumen de ventas de cada título. “Solo porque la letra J es menos popular que la S no la eliminas del diccionario”, explicaba él mismo.
Desde el año de su fundación y hasta 1986, año de fallecimiento de Asch y de la adquisición de todo el archivo por Smithsonian Institution –organismo de la Administración norteamericana dedicada a preservar el acervo cultural del país–, Folkways publicó más de 2.000 referencias, lo que supone una media de un disco a la semana. Una proeza increíble teniendo en cuenta que, coherente con su política de ahorro, Asch nunca permitió que la plantilla de la empresa superara la media docena de empleados.
Diseño con raíces

La popularización del disco de vinilo llevó aparejada la necesidad de diseñar portadas porque, si bien algunos álbumes de placas de 78 r.p.m. contaban con envoltorios diseñados por profesionales de la talla de Jim Flora o Alex Steinweiss, la gran mayoría de las grabaciones en ese formato se comercializaban dentro de fundas genéricas que lo más que incluían era la lista de otros títulos de la compañía o mensajes meramente publicitarios.
En el aspecto gráfico, Moses Asch también tenía ideas muy particulares sobre cómo debía ser el diseño de esos discos. El contenido sonoro y su envoltorio debían constituir un todo coherente, funcionando el diseño como una tarjeta de presentación que sugiriera al oyente lo que iba a encontrar en ese disco y como una invitación a escucharlo. Además, como la labor de la compañía trascendía lo meramente comercial y se extendía a campos como la divulgación y la transmisión de la cultura, cada referencia contaba con cuadernillos interiores que explicaban las canciones, el género musical, la cultura en la que surgía, la realidad geográfica o histórica del lugar, se reproducían las letras, se incluían imágenes de los artistas, partituras e incluso fotografías de los instrumentos que habían sido utilizados.
Todo ello propició que, en muy poco tiempo, los discos de Folkways fueran reconocidos a primera vista gracias al talento de unos diseñadores que debían solventar con mucha imaginación las limitaciones presupuestarias establecidas por Asch. De hecho, las restricciones en materia de producción eran tantas, que fueron ellas las que realmente determinaron la reconocible estética del sello y, lejos de resultar un elemento disuasorio para los diseñadores, fotógrafos o ilustradores, fueron muchos los que quisieron trabajar para Folkways. Nombres como Walker Evans, David Gahr, Picasso, Miró, David Stone Martin, Ronald Clyne colaboraron con Asch, quien compensaba los bajos presupuestos con una libertad creativa absoluta limitando su tarea en el campo del diseño únicamente a explicar el contenido del disco.
Esas estrecheces en los gastos de producción provocaban que no se pudiera imprimir a todo color, siendo lo habitual la producción en duotono pero utilizando las tintas con asombrosa inteligencia y talento hasta el punto de conseguir que esos dos colores se convirtieran en cuatro tintas planas, aprovechando el color del papel y la suma de las dos tintas. Los únicos elementos ornamentales aceptados por Asch que se salían de lo habitual fueron los papeles con texturas y rugosidades para la carpeta y el cromo de la portada, que dotaron a las ediciones originales (esos detalles relativos al acabado solían perderse cuando los discos eran licenciados para otros lugares fuera de Estados Unidos) de un aspecto cálido, de trabajo bien hecho y, en cierta medida, hasta telúrico.

The look of listen

Durante la década de los 90 hicieron furor, primero en el entorno de los diseñadores y luego en el del público en general, los libros que recopilaban las portadas de discos de sellos tan relevantes para la historia del jazz y el blues como Blue Note, Prestige y Riverside. Incluso la editorial Tachen publicó monografías sobre portadas de discos de funk, soul o jazz, sin embargo, nadie se acordó de Folkways.
Hubo que esperar a 2005 para que un grupo de investigadores de la Universidad de Alberta en Canadá. Prestase atención al aspecto gráfico de la grabadora y organizase en la Fine Arts Building Gallery The look of the listen. The cover art of Folkways Records, una muestra comisariada por Joan Greer y Margareth Asch en la que se recogían más de 200 portadas (alrededor de un diez por ciento de la producción total) y algunos otros materiales relacionados con la evolución gráfica del sello, como fotolitos, maquetas para imprenta y bocetos, algunos de los cuales también se incluyeron en un catálogo diseñado por Susan Colberg y que contiene textos de Daniel Sheehy, Regula Burckhardt Qureshi y Liz Ingram.
Concluida la exposición, los responsables de la Universidad de Alberta consideraron que sería buena idea que la misma continuase estando accesible al público de cualquier lugar del mundo a través de internet. Una decisión que entronca con la idea de Asch de desarrollar una labor cultural más allá de lo puramente comercial y que se materializó en www.folkwaysalive.ualberta.ca/LookOfTheListen, site en el que el visitante podrá encontrar información sobre Moses Asch, Folkways y una amplia galería de portadas con su correspondiente contraportada y textos interiores, así como algunos clips de audio del disco en cuestión. Texto: Eduardo Bravo

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