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La casa del diseño


Si nada se tuerce, en unos meses se inaugurará en Barcelona el centro de diseño ubicado en la plaza de les Glóries. Es una apuesta sólida y en el tiempo por el diseño, y esa apuesta es básicamente cultural. El Ajuntament mantiene una iniciativa que no era la suya, y en estos tiempos es algo que hay que agradecer. Estando las cosas como están, nadie podría dudar que la tentación de dar carpetazo al proyecto y cerrojazo al edificio ha podido estar en algún momento sobre la mesa. Publicado en Visual 160

El edificio es enorme. El museo del Diseño de Londres, o el de Lisboa, parecen casas de muñecas a su lado. Por no hablar del equivalente en Madrid, el Museo de Artes Decorativas, que ese sí es una casita de muñecas.
No se trata de un museo, aunque albergará museos, los que se concentraron en el Dhub. Se pretende que sea una casa común del diseño. Y para ello se está trabajando en una fórmula mixta de gestión. Además del Ajuntament, presente a través de los museos, si el resultado finalmente es el que se prevé, intervendrán directamente en ella además el Barcelona Centre de Disseny BCD (Cambra de Comerç) y el FAD, en tanto que Asociación de Asociaciones de profesionales. Hay que reconocer que es novedoso: tres patas en un proyecto común donde comparten poder de decisión la cultura y lo institucional, el sector empresarial y los profesionales. Habrá quien piense que eso puede acabar como el rosario de la Aurora, pero nosotros preferimos pensar que es posible y que el modelo será un éxito.
Por la parte que quizá nos queda más cerca, la del FAD, hemos ido conociendo retazos de una estrategia y unas negociaciones que se han llevado de manera discreta. Pero ese proceso debe ahora culminarse. Desde el principio, la junta directiva se comprometió a llevar a cabo todo el trabajo, pero asumiendo también que una vez hecho serían los socios quienes tomarían la decisión de dar ese paso. Ese refrendo es condición imprescindible, no se trata de lo que los estatutos digan, lo es porque supone un traslado y un compromiso de la institución que va más allá de sus actuales funciones, y en la medida en que afecta a la esencia misma de las asociaciones y del propio FAD, y por tanto deben ser quienes lo forman los que decidan. Pero al mismo tiempo, es de una generosidad enorme, en la medida en que dos años de trabajo, negociaciones, definición del proyecto, búsqueda de consensos, podría no haber servido de nada si los socios deciden que ese camino no es el bueno.
Si tenemos en cuenta que esta es la apuesta mayor que se haya hecho nunca por el diseño en nuestro país, no nos cabe sino desear que llegue a buen puerto. Más allá de que posiblemente estemos hablando de uno de los centros culturales más grandes del mundo dedicados exclusivamente al diseño, lo realmente sustancial es el modelo. Y cabe exigir también al FAD un compromiso generoso. Era razonable que el Ajuntament les llamara para representar a los profesionales en tanto que no existe en la ciudad otro interlocutor tan transversal, que represente de modo unitario a artesanos y artistas, arquitectos, diseñadores de moda, de producto y gráficos. Pero al mismo tiempo, esa participación no puede ser excluyente. Otras asociaciones y colectivos habrán de sentir que la “grapadora” de Glóries es su casa, y el FAD debería ser para ello un anfitrión exquisito. Es tan grande la oportunidad que intentar acapararla es en realidad anularla. Ese error ya se cometió en Madrid con la Central de Diseño en el Matadero, que es en realidad el cortijo de unos pocos diseñadores con un proyecto miope, excluyente y ombliguista, por mucho apoyo y compadreo que se tenga con el ayuntamiento. El de Madrid debería ser un modelo para fijarse en lo que no hay que hacer. La oportunidad existe. El riesgo, evidentemente también. Habrá que estar atentos y ser muy exigentes.

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