No resulta difícil imaginar a un Jorge Chamorro infantil apasionado por el diseño. No, porque todavía hoy mismo, convertido ya en un adulto hecho y derecho, sigue disfrutando como un niño con las formas y los colores, la tijera y el papel virtual, las máscaras y las retículas, los histogramas y los píxeles, la varita mágica, la lupa y el tampón. Puede que, en vez de empuñar a mano un lápiz Alpino, se pase las horas muertas escogiendo con el ratón tonos DS 56 1-C, o 101 C, o 3268 C, o tal vez 156 M, pero en su gesto no hay traición alguna. Ahora como entonces, su objetivo sigue siendo el mismo: dar “siempre, siempre, siempre, lo mejor de mí en cada trabajo”.




