MAGAZINE DE DISEÑO, CREATIVIDAD GRÁFICA Y COMUNICACIÓN

La recuperación de los negativos por los fotógrafos


Surge en una red social en la que participo un debate sobre una cuestión real y práctica de los fotógrafos profesionales en su relación con las empresas para las que trabajan. La duda que plantean dos miembros del grupo es una cuestión complicada y no resuelta expresamente por la Ley de Propiedad Intelectual, de tal forma que suscita dudas y hace que la gente tenga opiniones encontradas. En definitiva se trata de saber de quién es la propiedad de los negativos creados por los fotógrafos a lo largo de una relación con un medio y si es posible reivindicar los archivos una vez que termina la relación entre medio y fotógrafo. Publicado en Visual 163

En resumen ¿de quién es la propiedad de estos archivos? La cuestión es relativamente frecuente y la plantean dos fotógrafos.
El primero es español y estuvo trabajando veinte años para un periódico hasta que fue despedido hace cuatro años. El despido fue declarado improcedente. La segunda es una fotógrafa mexicana que trabajó como freelance con una empresa durante doce años quedando en poder de ésta los negativos de la época en que trabajó en analógico. En definitiva ambos profesionales plantean si al final de la relación con la empresa pueden recuperar los negativos que entregaron a la misma en el desarrollo de su trabajo.
Resolveré la cuestión según el derecho español, que es el que conozco, si bien entiendo que la ley de derechos de autor federal mexicana llega a la misma solución. Lo primero que hay que aclarar es que la cuestión que subyace en todo este tema es la diferencia entre propiedad intelectual y la propiedad del soporte de la obra, es decir, del negativo como objeto material. Estas dos propiedades son distintas y no se adquieren de la misma manera. El artículo 3º de la ley de Propiedad Intelectual española establece que los derechos de autor son independientes, compatibles y acumulables con, 1.- La propiedad y otros derechos que tengan por objeto la cosa material a la que está incorporada la creación intelectual. Ello significa que la propiedad intelectual de las fotografías que cedemos a la empresa para la que trabajamos es distinta de la propiedad de los soportes, es decir los negativos. Y significa igualmente que la cesión que un fotógrafo hace de los derechos económicos de propiedad intelectual no tiene por qué ir unida a la cesión de la propiedad de los soportes, es decir, los negativos. En resumen, que el hecho de que cedamos los derechos de propiedad intelectual sobre unas fotografías no implica la cesión de la propiedad de los negativos. Ambas propiedades son distintas.
Habrá que ver entonces si la relación que tiene el fotógrafo con la empresa conlleva la cesión de la propiedad de los negativos a la vez que la cesión de los derechos de explotación de los mismos. Para esto hay que diferenciar dos tipos de relación distinta. La primera es la relación laboral. Dentro de la relación laboral todo aquello que el trabajador crea, fabrica o realiza pasa a ser propiedad de la empresa en virtud de la característica de la ajenidad de la misma. Es decir, en toda relación laboral los frutos del trabajo pasan a ser de la propiedad del empleador. Y en cuanto a la propiedad de los negativos es igual. Todos aquellos negativos creados por el fotógrafo en la relación laboral serán propiedad de la empresa. Esto no admite discusión y está plenamente aceptado, salvo que se haya pactado otra cosa en el contrato laboral. Ello, sin embargo, no implica que el autor de obras fotográficas para publicaciones periódicas pierda todo derecho sobre la obra fotográfica. El artículo 52 de la Ley española establece que “el autor de obras reproducidas en publicaciones periódicas conservan su derecho a explotarlas en cualquier forma que no perjudique la normal de la publicación en que se haya insertado”. Es decir, el autor conserva por ley el derecho de explotación, siempre que no concurra con el medio. ¿Y como podrá explotarla si no tiene acceso al negativo? Pues a través de uno de los derechos morales que tiene todo autor establecido en el artículo 14 de la Ley de Propiedad Intelectual que dice en su numero 7º. Corresponde al autor “acceder al ejemplar único o raro de la obra cuando se halle en poder de otro a fin de ejercitar el derecho de divulgación o cualquier otro que le corresponda.” Así pues, aunque el autor asalariado no sea propietario del soporte, conserva sus derechos morales sobre la obra y podrá acceder a los negativos y escanearlos para explotarlos.
Además el autor conserva el derecho a la integridad de la obra, reconocido igualmente en el artículo 14 de la Ley de Propiedad Intelectual española, por el cual la empresa no podrá destruir los negativos. Por otro lado, la ley no resuelve cuánto duran los derechos de explotación de las obras cuando hay relación laboral, por lo que según el artículo 43 de la LPI hay que entender que son cinco años. Es decir, en el caso de Ricard a los cinco años de la finalización de la relación laboral por despido terminarían las posibilidades de explotación de las obras. El segundo de los casos es el del fotógrafo freelance que colabora con una empresa. Es el caso de Paulina. En este caso, en principio, la propiedad de las fotografías es del autor porque las crea y la dificultad está en determinar si cuando entrega la obra para que se divulguen por la empresa entrega también la propiedad de los negativos.
Las empresas intentan justificar la propiedad de los negativos diciendo que ha habido un encargo de obra y que el mencionado encargo incluye la cesión de la propiedad de los soportes. En principio habrá que ver si hay encargo o no. Si no hay encargo, la propiedad de los negativos es claramente del autor. En este caso hay jurisprudencia (caso Blanca Berlín) diciendo que los originales que entregó el autor para ser editados deben ser devueltos (artículo 64,6 de la Ley de Propiedad Intelectual). Pero aunque haya encargo, lo cierto es que la Ley no dice nada de esto y habrá que analizar en profundidad qué han querido las partes expresamente al celebrar el contrato. El encargo de obra intelectual, cuando lo hay, no otorga por sí mismo la propiedad del soporte material porque lo que las partes pactan con este contrato es la creación de una obra para ser explotada y divulgada. Esto dicen los principales autores en nuestro país, aunque no es un tema pacífico. Para que la empresa adquiera la propiedad ordinaria de los negativos debería haberse pactado expresamente entre las partes y haberse pagado los negativos con precio aparte y separado del de los derechos de explotación. Existirían dos contratos coaligados, uno de adquisición de derechos de propiedad intelectual, y otro de adquisición del negativo. Habrá que analizar todas las circunstancias, los pactos escritos, los conceptos que aparecen en la factura, etc.
En este caso la propiedad será de la empresa cuando las partes así lo hubiesen pactado y se hubiese pagado el precio de los negativos. En la mayoría de los casos este precio no se paga y lo único que adquieren las empresas son los derechos de explotación, pero retienen los negativos e intentan quedárselos sin pagarlos. Por tanto, y en resumen, solo habrá cesión de la propiedad de los negativos cuando así se acuerde y se pague el precio por los mismos, que habrá de ser distinto del de cesión de derechos. En caso contrario las obras son del autor y habrán de ser devueltas. Como hemos dicho antes, también los fotógrafos freelance conservan el derecho de explotar las obras siempre que no hagan competencia a los medios y para ello podrán acceder al ejemplar único o raro para hacer copias y poder hacer efectivo ese derecho de explotación (arts. 52 y 14 LPI).
En resumen, mi consejo para los dos fotógrafos Ricard y Paulina es el de dirigirse al medio de modo fehaciente exigiendo lo siguiente: en el caso de Ricard el acceso a la obras para poder escanearlas y poder explotarlas; en el de Paulina exigiría la devolución de los negativos por ser de su propiedad y subsidiariamente pediría escanearlos igualmente. Ambos deberán advertir a los medios de que deben velar por la integridad de la obra y que deben conservarla adecuadamente.

Texto: Javier F. González Martín & Asociados

Plausive