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Lisa Lloyd. El mayor desafío, el tiempo


El tacto, las texturas, los colores y la facilidad para manipular el material con herramientas baratas fueron los elementos que hicieron que la británica Lisa Lloyd comenzase a hacer ilustraciones con papel. En la actualidad tiene lista de espera de clientes y, en un futuro, espera poder dedicarse en exclusiva a desarrollar sus propios proyectos artísticos.

lisa Lloyd

Todo comenzó con un colibrí en dos dimensiones. Me gustaba trabajar con papel y, mientras realizaba mis encargos de diseño gráfico y animación, decidí hacer esa ilustración. La experiencia resultó especialmente relajante, muy parecida a la meditación, recuerda Lisa Lloyd que, a partir de entonces, continuó desarrollando ilustraciones en papel que fueron ganando en complejidad y pasaron de las dos a las tres dimensiones. En principio era una especie de reto personal pero, poco después, comenzaron a llegarme encargos comerciales y los acepté.
Siete años después, Lloyd es una destacada ilustradora en papel gracias a su destreza, su meticulosidad en los detalles y su personal estilo.
Mi especialidad son las texturas y los patrones que se repiten porque, sencillamente, me sale de forma natural. Antes utilizaba otras técnicas de papel, como polígonos geométricos o el origami, pero no me convencían los resultados. Necesitas años para perfeccionar esas técnicas y yo no tenía ese nivel. Además de las texturas y los patrones, una de las características de Lloyd como ilustradora es el uso de una amplia gama de colores y su talento a la hora de combinarlos. El color me tiene totalmente enamorada. Tal vez sea lo que más feliz me hace a la hora de trabajar. Los proyectos que más me gustan son aquellos en los que tengo que hacer figuras más o menos abstractas porque es ahí cuando puedo volcar mi estilo personal y jugar con los colores.
En ese aspecto, una de las mayores dificultades a las que se se enfrenta Lloyd en su trabajo es la poca variedad de tonos disponibles en los catálogos de las empresas papeleras. Por un lado, lo mejor del papel es que es un material que está disponible en muy diferentes gramajes y texturas. Sin embargo, resulta muy frustrante que no haya tonos intermedios o un poco más sutiles en los colores principales. Por ejemplo, rosas salmón, melocotón o tonalidades intermedias entre los distintos colores. En todo caso, dado que sus proyectos dependen de las necesidades del cliente, en ocasiones, tampoco hace falta tanta variedad. A veces me toca hacer ilustraciones monocromas porque así lo exige el encargo. De hecho, a finales de año pondré en marcha un proyecto que será enteramente en negro.
Ese trabajo iniciará una serie de piezas que responderán únicamente a los criterios de Lloyd como creadora, quien las concibe como expresiones creativas puras.
Aunque reconoce que por ahora no puede contar nada más, sí avanza que van a resultar muy emocionantes y que pondrán los cimientos de lo que quiere hacer en el futuro: dedicarse por entero a estos proyectos no comerciales. O por lo menos encontrar encargos para clientes particulares, en los que siempre es más fácil disponer de más libertad de expresión que en los encargos para empresas. Si todo va bien, el objetivo final será trabajar a tiempo completo como artista porque: Por fin las galerías y los coleccionistas comienzan a ver el papel como una forma de arte, reconocen la calidad del trabajo manual y valoran el tiempo que supone.

Fauna salvaje en papel

Lisa Lloyd estudió un año de diseño industrial antes de pasarse al diseño gráfico, disciplina que continúa compaginando con la ilustración en papel. El diseño industrial me parecía fascinante porque está muy relacionado con el detalle, con encontrar las líneas más elegantes y las proporciones más equilibradas. Supongo que esa experiencia ha tenido que ver a la hora de decidirme a hacer trabajos con papel porque, en el fondo, la creatividad se alimenta de lo que vemos y de los sentimientos que nos genera.
Entre los proyectos realizados por Lisa Lloyd destacan una serie de pájaros de estilo realista, compuestos por miles de pequeñas piezas que conforman las plumas. Unas esculturas en papel que requieren además de talento, mucha paciencia y tiempo.
Definitivamente, el tiempo es mi mayor desafío. Un proyecto pequeño, como puede ser un pájaro no muy grande, puede llevarme entre seis y ocho semanas de trabajo. Para ello llevo un calendario de producción que me permite informar a los clientes sobre cómo se va a desarrollar el proceso y saber en cada momento si puedo o no aceptar encargos con poco tiempo. A medida que avanza la producción, Lloyd envía a los clientes imágenes de la pieza, vídeos en los que se ve cómo va evolucionando y otras informaciones que, no solo les aportan tranquilidad, sino que les permite ir desarrollando otras actividades en paralelo. En todo caso, y a pesar de esta buena organización, la laboriosidad del trabajo con papel hace que a Lloyd le sea imposible aceptar todos los encargos. Desde un punto de vista comercial, es habitual que los clientes tengan que esperar seis meses hasta que pueda ponerme a trabajar en su proyecto. Un plazo que, para muchos, suele ser demasiado tiempo.
Lloyd reconoce que, en más ocasiones de las deseables, ha perdido encargos por no poder ajustarse a los plazos de los clientes. Sin embargo, en ningún momento se le ha pasado por la cabeza simplificar sus diseños, reducir los trabajos preparatorios o acortar los plazos. Esas solo serían soluciones cortoplacistas que, sin duda, afectarían al acabado y la espectacularidad de sus piezas.
Antes de comenzar a trabajar en un proyecto no hay nada decidido. Por eso, hablo mucho con el cliente para saber qué necesita y, al final, podemos acordar hacer cualquier cosa. Desde un pájaro, a una caracola o un tipo de flor en particular, explica Lloyd que, a continuación, decide la escala más adecuada para la pieza, la cual puede llegar a tener tamaño natural. Hecho esto, el siguiente paso es decidir la gama de color, el papel, los estampados y las texturas. Cuando el estilo no es realista, sí que presento unos bocetos para que el cliente se haga una idea de cómo va a quedar. Si no, comienzo con la fase de investigación. Para ello consulto imágenes de referencia y visito el museo de historia natural de mi ciudad, Hove, en East Sussex. Es un lugar maravilloso para conocer la vida salvaje de cerca. Además, tengo permiso para acceder a zonas a las que no puede entrar el público, lo que me resulta muy útil a la hora de entender cómo debo construir la escultura.
Para desarrollar el proceso de montaje, Lisa Lloyd combina las técnicas tradicionales con la última tecnología. Siempre empleo pegamento de secado rápido, bisturíes, pinzas y tijeras. Antes acostumbraba a cortar a mano todas las piezas ella misma, pero desde que sus proyectos han crecido en número, recurre a plotters de corte. El montaje siempre lo hago a mano, pero dado que mi trabajo es muy escultural, no puedo pasarme meses cortando pequeños trozos de papel que, en ocasiones, pueden superar las diez mil unidades. Además resultaría económicamente inviable. Lo que sí hago es retocar cada pieza con el bisturí para darle textura, algo que, tratándose de las plumas de un pájaro, lleva un tiempo considerable.
Después de pegar y retocar las miles de piezas que pueden llegar a componer las alas de un pájaro o los pétalos de una flor, el trabajo de Lisa Lloyd no suele estar terminado todavía. Salvo que se trate de esculturas para exposiciones o encargos de particulares, cuando el encargo son imágenes editoriales o ilustraciones, es necesario fotografiar la pieza dentro de un entorno adecuado para que el cliente pueda posteriormente reproducirla en su periódico, su libro o su web.
En 2016 la revista británica Waitrose Weekend me encargó que hiciera un herrerillo de papel para su portada y no me quedó más remedio que aprender fotografía por mí misma. La verdad es que me encantó aprender có mo iluminar mi propio trabajo, porque normalmente tengo una imagen en la cabeza que quiero reproducir y, cuando lo consigo, me siento como si fuera una fotógrafa especializada en fauna salvaje. Esa comparación con una profesional de, por ejemplo, National Geographic no es casual. El objetivo de Lisa Lloyd es que los animales reproducidos en sus trabajos parezcan que están vivos.
En ese sentido me he dado cuenta de que la fotografía es para mí casi tan importante como el trabajo con papel. Capturar esa sensación de vuelo o de movimiento resulta apasionante. De hecho, recientemente invertí en una cámara nueva que ha supuesto un verdadero cambio. Para mí y para mis ilustraciones. (Publicado en Visual 203)

Texto: Eduardo Bravo

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