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Los problemas de los fotógrafos de bodas. Con la iglesia hemos topado


Imparto en una escuela de Madrid un curso para los fotógrafos de bodas y por tanto, a través de estas clases y mi experiencia en mi despacho, he tomado conciencia de los problemas específicos que tienen estos profesionales. Esta especialidad fotográfica claramente definida dentro de la fotografía, tiene sus propias características y problemas peculiares, algunos de los cuales, como veremos más adelante, podemos calificar como sorprendentes.
En principio, este tipo de fotógrafos presenta dificultades en cuanto a la protección que les dispensa la ley de Propiedad Intelectual por la originalidad de sus obras. Como bien sabemos, la Ley distingue entre la fotografía que presenta originalidad, a la que trata como obra fotográfica en su artículo 10, y entre la “mera fotografía”, que es aquel trabajo fotográfico que no presenta originalidad. Para éste reserva una protección atenuada. Publicado en Visual 166

En muchas fotografías de boda prima un claro interés comercial que desplaza la originalidad y por ello estas obras gozan solo de la protección atenuada de las “meras fotografías”. Hemos tratado ya este tema hablando de la fotografía en general. También presentan estos autores problemas con la paternidad de la obra, pues en muchas ocasiones es una empresa y no el fotógrafo quien contrata con los novios. No hay ningún problema grave en esta cuestión, pues aunque se sea trabajador asalariado se tienen los derechos de autor de la obra. Solo se ceden por el salario los derechos de explotación de la misma. También hemos tratado este tema en el artículo “Los derechos del Autor asalariado”.
También presentan los fotógrafos en este tipo de fotografías problemas relacionados con la imagen personal de los novios y de otros invitados a las ceremonias. Como sabemos, la imagen personal es un derecho reconocido en el artículo 18 de nuestra Constitucion y regulado en la Ley Orgánica de Protección Jurisdiccional Civil del Derecho al Honor, Intimidad Personal y Familiar y Propia Imagen. En resumen, podemos decir que estos fotógrafos están contratados para captar y reproducir la imagen de los novios en la forma en que han pactado con estos pero no de otra manera. En definitiva, aunque sean los autores de las fotos (cosa que no se niega), estos fotógrafos no pueden reproducir ni usar las imágenes de los novios para ninguna otra actividad. A menos que lo hayas pactado. Tampoco tiene este problema especial complejidad una vez conocida la protección de la imagen en nuestro ordenamiento.
Solo un problema de este colectivo se nos presenta jurídicamente obscuro y de difícil solución. Es el problema de las exclusivas de los fotógrafos recomendado de la iglesia. También, al parecer, hay exclusivas de las fincas, locales, restaurantes, etc, donde se celebran las bodas y sus convites, pero estas están claras jurídicamente. Estos establecimientos no nos las pueden imponer y su contratación y prestación está sometido a la legislación protectora de Consumidores y Usuarios.
Pero en el tema de las iglesias es donde aparece una complicación a la que hemos aludidos y que es difícil de resolver Jurídicamente. La dificultad estriba desde mi punto de vista en que la celebración de una boda en una iglesia no es una prestación de un servicio, sino la celebración de la administración de un sacramento. Cuando apalabramos la iglesia para casarnos, no celebramos un contrato de arrendamiento de un local o espacio con unos servicios, etc., como cuando lo hacemos con el restaurante. Estamos conviniendo con la iglesia la administración de un sacramento. No existe pago propiamente de un precio sino de un donativo a la iglesia y por tanto todo este proceso y el uso de la misma queda regulado por la normativa eclesiástica. En Madrid y toda su provincia (Eclesiástica) rige la Instrucción Diocesana sobre Fotografías y Filmación de Celebraciones Litúrgicas de 6 de Mayo de 2003, del Exmo. y Revdmo. Cardenal Rouco Varela. Según esta Instrucción en su artículo 1, para actuar como fotógrafo en la Iglesia hay que estar autorizado por el párroco o encargado, y solo se permitirá, como norma general la actuación de estos en las celebraciones litúrgicas. Excepcionalmente según el art. 2 de la Instrucción, permite autorizar a otro fotógrafo la actuación en la Iglesia previa acreditación del cumplimiento de unos requisitos (profesionales y litúrgicos) de libre apreciación por el párroco. En cualquier caso, el fotógrafo autorizado también cumplirá las instrucciones de la norma. El artículo 9 de la Norma Eclesiastica determina la obligatoriedad de pagar una cantidad por el fotógrafo a la iglesia, oportunamente establecida. Viendo el contenido de la Instrucción nos damos cuenta que todo su cumplimiento en cuanto a requisitos del fotógrafo, dádiva a la iglesia (precio), etc, es discrecional del párroco o encargado.
El problema es difícil de enfocar jurídicamente pues, como antes hemos dicho, se trata de la celebración de un sacramento y no de un alquiler de la iglesia y la normativa aplicable es la eclesiástica y no la Estatal. Quizás la solución debiera venir por el pacto entre las asociaciones de profesionales y el Arzobispado de Madrid para evitar la arbitrariedad de los párrocos en cuanto a los requisitos para la designación del propio fotógrafo y el precio del uso de la iglesia. Cumpliéndose estos requisitos, es decir, si los fotógrafos que llevemos cumplen requisitos objetivos y pagan un precio predeterminado por el uso de la iglesias no veo ni tan siquiera problemas de competencia desleal. Solo cuando se pretendiera la imposición de unos requisitos y precio aleatorios y arbitrariamente fijado veo posibilidades de reclamar. Parece asombroso que esta sea la única solución jurídica, pero claro, cuando elegimos la celebración religiosa lo hacemos con todas sus consecuencias. Texto: Javier F. González Martín & Asociados

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